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Rodolfo Naró
Rodolfo Naró
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Rodolfo Naró, nació en Tequila, Jalisco, el 22 de abril de 1967. Es autor de varios libros de poesía, casi todos reunidos en la antología Lo que dejó tu adiós (2016), así como de las novelas El orden infinito (2007), finalista del Premio Planeta Argentina 2006, Cállate niña (2011) y Un corazón para Eva (2017). Twitter: @RNaro

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07 Julio 2017 04:00:00
La muerte del emperador
“Fue un mártir”, me dijo Álvaro Mutis al tiempo que descolgaba de la pared una pequeña fotografía enmarcada del zar Nicolás II de Rusia. Estábamos en su biblioteca, trabajando en mi novela El Orden Infinito. Leía el capítulo del fusilamiento de Maximiliano, del cual, se cumplieron 150 años el pasado 19 de junio. Aquella mañana, en su casa de San Jerónimo, don Álvaro me pidió que leyera de nuevo ese momento.

“La Nina Ramos estuvo pendiente de la farsa de juicio que condenó a muerte al emperador, por lo que organizó un grupo de 200 mujeres para pedirle el indulto al presidente Benito Juárez. Faltaban dos días para la ejecución, pero la audiencia nunca llegó. Hasta el escritor Víctor Hugo mandó una carta pidiendo indulgencias.

“Desesperada, la Nina buscó al general Miguel López, que comandaba el último bastión leal a sus majestades: el Regimiento de la Emperatriz, y le urgió hacer lo imprescindible para evitar la sentencia. Pero fue demasiado tarde. Miles de soldados republicanos custodiaban la prisión del emperador, las plazas públicas, las calles de Querétaro y el Cerro de las Campanas.

“Meses después la Nina hacía cumplir otra sentencia: el general Miguel López ajusticiaba al coronel Platón Sánchez, presidente del tribunal y cuyo voto había resuelto el empate de los seis miembros del jurado y decidido la suerte del emperador”.

“‘¿Conoce usted esa carta que menciona?’, me interrumpió don Álvaro, que me escuchaba desde un sillón de orejas. Sin esperar mi respuesta se levantó y de un archivero con llave sacó un folder. Con movimientos precisos, buscó hasta encontrar una copia fiel de la carta del gran Víctor Hugo al presidente Juárez. Carta fechada en la residencia del escritor: ‘Hauteville House, a 20 de junio de 1867’”.

La caligrafía era impecable. Abundaban las “colas de zorra”, me dijo don Álvaro que así se llamaban las vueltas exageradas de ciertas letras. Se calzó los lentes, se aclaró la garganta y con su voz de actor de doblaje, la que usaba para Los Intocables, me leyó.

“Juárez, acabáis de abatir las Monarquías con la democracia. Que el príncipe se quede asombrado al ver que el lado por el cual es sagrado, es precisamente aquel por el cual no es Emperador. Que este príncipe que no sabía que era un hombre, sepa que hay en él una miseria: el rey; y una majestad: el hombre.

“Juárez, haced que la civilización dé este paso inmenso. Juárez, abolid sobre toda la tierra la pena de muerte. Que el mundo vea esta cosa prodigiosa: la República tiene en su poder a un asesino, un emperador; en el momento de aniquilarlo descubre que es un hombre, lo deja en libertad y le dice: eres del pueblo como los otros. ¡Vete! Esta será, Juárez, vuestra segunda victoria. La primera, vencer la usurpación, es soberbia. La segunda, perdonar al usurpador, será sublime”.

A Mutis le temblaba la voz al terminar de leer. Se incorporó un poco del sillón, cerró la carta, respiró hondo y me dijo, “Maximiliano, como el zar Nicolás, también fue un mártir”. Luego, sin titubear, me aseguró con su voz de leyenda, “en el fondo, como la Nina Ramos, también yo soy imperialista”.
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