×
Gerardo Hernández
Gerardo Hernández
ver +

" Comentar Imprimir
04 Junio 2019 04:00:00
La muerte del PRI
Un cadáver no necesita cirugía mayor, sino una autopsia para determinar las causas de su muerte. José Narro –quien además es cirujano y no forense– puede encontrar en Churchill respuesta a una realidad irrefutable, excepto para él: “En la guerra nos pueden matar una vez; en política, muchas veces”. Desde la presidencia del PRI, Narro podría infundirle al difunto nuevo aliento. Amigo y contemporáneo de Luis Donaldo Colosio, es el único capaz de liberarlo de la cleptocracia y reconciliarlo con la sociedad y con sus militantes.

Pero si la nomenklatura peñista-salinista, de la cual forman parte el exgobernador de Coahuila Rubén Moreira y su esposa Carolina Viggiano, utiliza partes en descomposición de distintos cuerpos para engendrar un liderazgo con Alejandro Moreno –clon de Peña Nieto–, el resultado será el mismo obtenido por Víctor Frankenstein en la novela homónima de Mary Shelly: un monstruo que espanta a todo el mundo y abomina de sí mismo.

Fundado en 1929 bajo las siglas del PNR (Partido Nacional Revolucionario) para suprimir los cacicazgos locales, hacer gobernable el país y concentrar el mando en el presidente, el PRI sufrió una regresión en la primera alternancia de 2000, la cual devino, 18 años después, en crisis terminal. La incuria de Vicente Fox les permitió a los gobernadores crear un feudo en cada estado, imponerle condiciones a la Presidencia de la República, apoderarse de sus respectivos partidos y en casos extremos de nepotismo, transmitir el poder entre hermanos como ocurrió en Coahuila en 2011.

Mangoneado por los gobernadores, Fox les entregó cantidades ingentes de dinero, derivado de las ventas petroleras, sin supervisar su aplicación. Deslegitimado en las urnas, Felipe Calderón hizo la vista gorda frente a la corrupción, el endeudamiento y los excesos en los estados, mientras los mandatarios locales pactaban con la delincuencia organizada para incendiar el país y desestabilizar al gobierno panista. Peña Nieto les pagó con impunidad por haber financiado su campaña e incubó la derrota más ignominiosa del PRI en sus 89 años de historia. Las elecciones de este domingo confirmaron que el partido fundado por Calles es un cadáver insepulto.

Alejandro Moreno, cuya compañera de fórmula es Carolina Viggiano –aspirante eterna al gobierno de Hidalgo–, representa a la generación de Peña Nieto. Una camada tan rapaz como inepta y de hibris exaltada. El gobernador de Campeche dio muestra del síndrome en su tercer informe, cuando se destapó para la presidencia de un partido pulverizado en las urnas el mes previo: “En la vida se gana y se pierde; y en la política también. A mí jamás me vencerán, pues (…) para vencer a alguien, se tiene que rendir; y yo jamás me rendiré. Por eso hoy les digo que no nos dejaremos vencer por nada ni por nadie. Yo lo tengo muy claro: yo por mi pueblo, primero muerto, que rendirme” (La Jornada, 7-08-18).

Hombre de convicciones tan sólidas como el papel de China, Moreno, en efecto, no es suicida. Por eso su rendición temprana ante Morena y el presidente López Obrador, de quien, según el mapache electoral Ulises Ruiz, otro de los aspirantes a la jefatura del PRI, es marioneta. ¿Denunciará Moreno la corrupción en el sexenio de Peña Nieto? El poder convirtió al gobernador de Campeche –una de las entidades donde no ha habido alternancia; las otras son Coahuila, Estado de México, Colima e Hidalgo– en una especie de rey Midas, como a los Duarte, los Borge y los Moreira. Según el activista por los derechos humanos Alfredo Lecona, su ascenso patrimonial “debería centrarlo en una investigación de enriquecimiento ilícito” (Aristegui Noticias, 17-01-17).
Imprimir
COMENTARIOS



0 1 2 3 4 5