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Denise Maerker
Denise Maerker
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13 Diciembre 2010 04:00:08
La mutua desconfianza
La Policía Federal sospecha de todos y así los trata.

No había lugar para la duda, los testimonios de periodistas y ciudadanos de Apatzingán sudaban miedo y enojo el jueves pasado. Enojo contra quién, quise saber. La respuesta me sorprendió, se quejaban principalmente de “los azules”, como llaman a la Policía Federal.

Platiqué más detenidamente con un reportero que, por obvias razones, mantengo en el anonimato. Me explicó: “La Policía Federal duda de nosotros. Ellos ven en cada habitante de esta zona a un miembro o simpatizante de la Familia Michoacana, y eso se agudizó luego de que les mataran a 10 en junio de este año”.

Mi interlocutor acepta que muchos en la ciudad y en el municipio han tenido que ver, sabiéndolo o no, con los narcos, por asuntos de negocio, por la familia o en eventos sociales. La línea que divide a los buenos y a los malos no deja a las autoridades de un lado y a los narcotraficantes del otro; entre los buenos están los militares, pero también los narcos que los “protegen” de la pequeña delincuencia. Aquí se discute cada caso. El alcalde Genaro Guízar no escapó a la sospecha, fue de los que, como parte del michoacanazo, estuvieron presos en una cárcel de máxima seguridad y liberados por falta de pruebas.

La Policía Federal sospecha de todos y así los trata. Todo indica que el miércoles buscaban a alguien en particular, pero la imprecisión de sus datos acabó en un número indeterminado de allanamientos, cateos y golpizas.

La Policía Federal desconfía de toda la población y la población les corresponde igual. El viernes, cuando los ánimos no acababan de serenarse, mis interlocutores insistían: “los violentos son ellos, ellos mataron a la hija del ex alcalde, ellos mataron al niño de 8 meses”.

Ayer en una marcha por la paz convocada por el alcalde, unos cuantos levantaron pancartas a favor de La Familia Michoacana. El Alcalde se deslindó, pero el daño está hecho. Esas pancartas serán interpretadas dentro del Gobierno, o al menos en la Policía Federal, como la confirmación de que en esa ciudad todos son de La Familia. Lo más probable es que haya sido gente de esa organización o pagada por ellos. Ojalá, porque de lo contrario estaríamos frente a una narcoinsurgencia, esa que con tanta vehemencia desmiente el Gobierno.

En Apatzingán reina un ánimo brumoso: desconfían de la Policía Federal, respetan al Ejército y temen las consecuencias de la muerte de Nazario, como le llaman. En medio de la confusión, es la legitimidad del Estado la que se tambalea.

¿Qué es una casa allanada si muere el principal líder de un grupo delictivo?, me reclamarán los más belicistas.

Una familia mexicana más que desconfía del Estado.
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