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Carlos Gutiérrez Montenegro
Carlos Gutiérrez Montenegro
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Psicólogo, Maestro en Enseñanza Superior por la Universidad Autónoma de Nuevo León, actualmente desarrolla su campo en la Universidad Pedagógica Nacional, Unidad Saltillo, como coordinador de investigación; en el Centro de Asesorías, A.C. como psicoterapeuta psicoanalítico; Asesor técnico del Centro de Investigaciones Psicopedagógicas, de la Dirección de Educación Especial de la Secretaría de Educación y Cultura del Gobierno de Coahuila; Productor de contenido del programa “De Frente” y editorialista del canal 7 RCG de televisión, además de articulista del periódico “Zócalo” de Saltillo. Algunos de sus escritos e investigaciones son: "PSICOANALISIS Y SOCIEDAD", publicado por la Universidad Veracruzana en 1982, el 'ESQUEMA DE LA PUBLICIDAD', también publicada por la Universidad Veracruzana en 1984, la 'ESCUELA PARA PADRES", publicada por la Secretaría de Educación Pública de Coahuila y el Instituto de Servicios Educativos del Estado de Coahuila, en 1993 (primera edición) y en 1994 (segunda edición). Además, la investigación llamada ‘ESTUDIO EXPLORATORIO Y PROSPECTIVA DEL PROGRAMA MECED EN EL ESTADO DE COAHUILA’, realizada en una colaboración conjunta de la UPN con el DIF Estatal y la Secretaría de Educación Publica de Coahuila y la investigación “ESTUDIO DE LAS CONDICIONES DETERMINANTES DE LA REPROBACIÓN EN LA UNIVERSIDAD TECNOLÓGICA DE COAHUILA”, de reciente publicación.

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12 Diciembre 2017 04:00:00
La nieve que cae cambia el humor social
Nevó en todo Coahuila y con ese fenómeno, que hasta el momento no representó pérdida de vidas humanas pero sí económicas porque a pesar de que Protección Civil pensó muy anticipadamente en las estrategias de resguardo de la población vulnerable, ni ellos ni la Policía Federal anticiparon que las carreteras se iban a convertir en pistas de hielo peligrosísimas y no fueron cerradas a tiempo, mas el resto de la población disfrutó con la nevada, aunque experimentó una serie de reacciones inusuales.

En principio, tanto al caer de los copos de nieve como al ver el paisaje nevado la percepción del entorno se altera, porque los colores cotidianos ya no están presentes y cuando se percibe un objeto conocido en un color distinto, la impresión sobre el objeto cambia. Es como si usted se acostara en su ciudad y amaneciera en otra.

El adulto sabe que esta es sólo una alteración del paisaje, no un paisaje diferente, pero el niño lo ve extraño: cambian las sensaciones visuales, el paisaje se torna desconocido, el ruido se amortigua y el silencio resultante da la impresión de paz, en donde la evocación de escenas de Navidad se intensifican.

No solamente en los niños se alteran las sensaciones interpretadas. También en personas que han sido sometidas a presiones tensionales durante largo tiempo, por lo que no es infrecuente verlas estremecerse hasta las lágrimas en estas circunstancias.

Esa sensación de extrañeza, de alegría, que se experimenta cuando nieva, ocasiona que se realicen conductas atípicas y alejadas al control cotidiano, pues originan que las personas se confíen y no se cubran adecuadamente, no valorando la intensidad del frío que después sentirán; tampoco serán conscientes de que el frío provoca torpeza motora fina, lo que hace que se produzcan pequeños accidentes tanto al andar como al tomar objetos, además de que no se tenga cuidado al caminar o manejar en un piso sumamente resbaloso, que origina caídas mucho más dolorosas de las imaginadas si el manto de nieve no es muy denso.

Incluso puede provocar desubicación temporoespacial en ciertas personas, con el consiguiente aumento de la angustia, que pueden ocasionar reacciones de agresividad desproporcionadas a la causa que la provoca.

Una nevada ligera como la que se experimentó no altera los hábitos cotidianos ni los ciclos circadianos. Los hábitos no sufren modificaciones sino hasta después de un periodo prolongado de alteración de las condiciones que los ocasionan, porque las reacciones fisiológicas que generan arcos reflejos de respuesta tardan alrededor de 21 días para modificarse.

Pero una nevada prolongada o un tiempo largo de poca luz puede propiciar la llamada depresión blanca, que desencadena un cuadro de tristeza, inapetencia y apatía, a medio camino entre el duelo y el trastorno adaptativo, que ha removido huecos afectivos presentes previamente, pero que estaban bajo control.

Y luego está también el estrés social que causan las alteraciones graves como el quedarse varado en la carretera y que puede generar depresión, según recientes investigaciones canadienses de la Universidad de Laval: el proceso inflamatorio desencadenado por un estrés social como la pérdida de seguridad disminuye la densidad de la barrera que separa el cerebro y la circulación sanguínea del resto del cuerpo, abriendo la puerta a moléculas inflamatorias que favorecen la aparición de síntomas depresivos, porque una proteína que protege de los microorganismos presentes en la circulación sanguínea se debilita por el impacto del estrés social, dejando pasar al cerebro las moléculas inflamatorias que provocan la depresión.

Con esto nos damos cuenta de que, si bien los momentos hermosos tienen sus propios riesgos, cuando estamos prevenidos podemos hacer de ellos momentos inolvidables.
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