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Héctor Horacio Dávila
Héctor Horacio Dávila
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27 Mayo 2017 03:00:00
La nueva Ruta de la Seda
China acaba de lanzar una propuesta de libre comercio global entre 68 países aprovechando el enorme hueco que EU está dejando en materia comercial, para lo cual ha invertido 50 mil millones de dólares, que llegarían a 100 mil millones en los próximos años buscando unir comercialmente a Asia con Europa, pasando por África. El 14 y 15 de mayo pasados se celebró en Beijing el foro Una Franja, una Ruta para la Cooperación Internacional, con el que el Gobierno chino busca consolidar la nueva Ruta de la Seda e incentivar la cooperación y el libre comercio.

Increíble, pero cierto: mientras Trump e Inglaterra buscan aislarse del resto del mundo, China se convierte en la punta de lanza del libre comercio y la inversión en infraestructura básica para sacar adelante a los países subdesarrollados y terminar con la pobreza extrema a nivel global, lo que dará millones de clientes a las empresas chinas. La propuesta fue reconocida por los jefes de Estado de 30 países y 130 ministros de 60 países participantes como una oportunidad para avanzar en el libre comercio. En este primer foro se firmaron 76 acuerdos en política, infraestructura, comercio, finanzas y conectividad.

China ha invertido más de 50 mil millones de dólares en los países de Una Franja, una Ruta, mientras que sus empresas han ayudado a construir 56 zonas de cooperación económica y comercial en más de 20 países, con una inversión combinada que supera los 18 mil 500 millones y ha generado más de mil millones en ingresos por concepto de impuestos, así como cerca de 200 mil puestos de trabajo.

Así, mis queridos seis lectores, la Ruta de la Seda, que no incluye a EU y conlleva enormes riesgos como el financiamiento de proyectos que pudieran convertirse en enormes elefantes blancos, es también una gran oportunidad para consolidar a México como puente logístico, ya que los países involucrados en Asia y África representan cerca de 30% del PIB mundial y seguramente buscarán colocar sus productos en EU, para lo cual necesitarán llegar a los puertos mexicanos y de ahí seguir su camino. México está invirtiendo 83 mil millones de dólares en infraestructura, con lo que busca duplicar la capacidad portuaria entre 2012 y 2018, de modo que esta pasó de 267 a 530 millones de toneladas en los últimos cuatro años, además de la inversión en carreteras federales.

Un gran dulce, pero una gran amenaza. China podría solicitar la reducción de aranceles en el sector siderúrgico, por ejemplo, y con las prácticas depredatorias provocaría la quiebra del mismo. O podría pedir la reducción de aranceles en el sector textil, prendas de cuero, calzado, etcétera, sectores muy sensibles a los productos chinos, lo que sería un desastre para amplios sectores productivos nacionales. Del otro lado de la moneda, podría crearse una ciudad en el Caribe, en Campeche o Yucatán, que sustituya al llamado Dragon Mart y donde los compradores mayoristas de América negocien con sus contrapartes chinas, en español y más cerca de sus países, diversos acuerdos comerciales de compra y venta de productos durante todo el año, generando una importante cantidad de empleos para los mexicanos, así como una importante derrama de recursos en territorio nacional.

Asimismo, a futuro y aprovechando la nueva Ruta de la Seda, México podría buscar la inversión extranjera de China en infraestructura, desarrollar fuertemente alguna de las Zonas Económicas Especiales proyectadas para Michoacán, Guerrero o Oaxaca, o incluso construir el tren rápido entre la Ciudad de México, Querétaro, Guadalajara y Monterrey, pero debe ser consciente de que China pedirá cosas a cambio.

Así las cosas…
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