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Carlos Moreira
Carlos Moreira
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11 Abril 2015 04:00:21
La obesidad en México
La obesidad en nuestro país representa una de las mayores preocupaciones en materia de salud y un serio problema financiero. De acuerdo con un informe de la OCDE, México tiene que canalizar anualmente 190 mil millones de pesos del gasto público a la atención de enfermedades derivadas del sobrepeso; es decir, la mitad del presupuesto asignado a las instituciones de salud.

El costo de la atención médica a una persona con obesidad es 25% más cara que la que se brinda a una persona con peso normal. Pero además, alguien con sobrepeso tendrá en promedio 10 años menos de vida. Ello sin mencionar que su calidad de vida disminuye en tanto se incrementa su peso.

La mala alimentación, la ingesta de productos chatarra y la falta de ejercicio son las principales causas que explican el considerable incremento en las tasas de obesidad en el mundo y en especial en nuestro país.

¿Qué hacer al respecto?

Por principio de cuentas, hay que invertir más en la educación física y el deporte. Pero hacerlo en serio, no solo en el discurso; pues mientras en la sociedad se acepta que es importante el ejercicio físico, los planes de estudio, el presupuesto y las autoridades educativas consideran a la educación física como aspecto secundario en la formación de los niños y los jóvenes.

Se necesitan más horas de educación física en las escuelas de enseñanza básica y se precisan programas deportivos y de activación física en cada barrio y en cada colonia de nuestras comunidades.

Las universidades deben hacer lo propio. Valga señalar que en los últimos años las instituciones de educación superior (la UAdeC entre ellas), disminuyeron considerablemente los presupuestos destinados al fomento deportivo.

Es importante incorporar en las instituciones educativas la figura del nutriólogo, quien puede desarrollar su servicio no solo en el centro escolar, sino además en la comunidad en la que se encuentra la escuela, en aras de apoyar a padres de familia y vecinos.

Sin lugar a dudas, también hay que afectar los intereses económicos ligados a los productos chatarra. Por principio de cuentas, se deben de incorporar leyendas en las envolturas de dichos productos que alerten la peligrosidad de consumirlos (tal como se hace en las cajetillas de cigarros).

También se debe de impedir que infantes adquieran comida chatarra si no van acompañados de un adulto, quien tiene que asumir la responsabilidad del daño que se está causando al niño.

Es preciso establecer nuevas y fuertes cargas impositivas a los refrescos y al resto de los productos chatarra; y utilizar los recursos económicos que de ahí deriven para subsidiar alimentos sanos. Por ejemplo, lo que se obtenga de impuestos a refrescos debe subisidiar el agua embotellada y equipos de purificación de agua que se entreguen en todos los hogares. Es decir, el agua debe tender a ser gratuita y los refrescos muy caros.

Situación similar debe ocurrir con papitas, pastelitos y golosinas con relación al subsidio que se haga a frutas y verduras.

El problema de la obesidad es muy serio para el presente y el futuro del país. La calidad de vida de los mexicanos y la estabilidad económica del país está en juego. Se precisa más ejercicio y una mejor alimentación. Se requieren medidas drásticas, se necesita actuar a tiempo.
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