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JC Mena Suárez
JC Mena Suárez
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17 Mayo 2018 04:00:00
La otra cara del empleo
Tantos recursos humanos absorbieron la insudtria del sureste de Coahuila, que la escasa mano de obra disponible en la zona es que no está capacitada o cursa estudios elementales.

Esta condición hizo que una clase de trabajador quedara disponible en la ciudad, que es la de los oficios, aquellos que son albañiles, plomeros, mecánicos, electricistas, que decidieron no sumarse a una empresa, sino ejercer su oficio.

También quedó personal que no tiene capacitación y la inexperiencia en el trabajo es el distintivo que ofrecen los diversos establecimientos comerciales y de servicios en la ciudad.

Un ejército que también se sumó a la suplencia de la mano de obra son nuestras personas de la tercera edad, quienes tienen toda la voluntad, el deseo y la intención de hacer un excelente trabajo, pero, la tecnología usada en las tiendas de conveniencia, por ejemplo, las rebasa.

En la ciudad quedó personal que en el caso de los oficios abusan de su cobro por trabajo, ya que al ser poco, en un día desean sacar lo que no consiguen en la semana.

La semana anterior debí contratar un albañil para colocar 10 ladrillos que faltaban en una de las bardas del negocio y por ese servicio cobró mil pesos, lo cual consideré un abuso y le pedí una explicación al trabajador y dijo: “porque con un trabajo debo sacar lo que no salió en toda la semana”.

Fue una experiencia frustrante por el abuso que cometen las personas que ejercen un oficio en la ciudad, que al saber la limitada disponibilidad de individuos para hacer el trabajo son arbitrarios en sus cobros.

Y qué sucede cuando se acude a una farmacia de cadena, el consumidor enfrenta una serie de inconvenientes porque el personal que contratan tiene poca o nula capacitación.

Hace unos días estuve en una de ellas para comprar medicamentos y el tiempo empleado en hacer el pago superó el de atención en la farmacia con los medicamentos, porque quien cobró no sabía el uso de la caja.

De manera que por cada operación que hacía debía ser apoyada por otra colaboradora con un poco más de experiencia en su trabajo, es decir, alguien ahí hacía un doble o triple trabajo porque no fueron capaces de darles preparación antes de ponerla en piso de venta.

A ello se suma que al terminar de cobrar los trabajadores deben cuidar el proceso de producción del pan, acomodar anaqueles, recibir mercancía, buscar medicamentos, atender lácteos y un largo etcétera, que muestra la falta de especialización en el trabajo que redunda en una mala calidad de atención.

Se tienen también los trabajadores de medio tiempo, a quienes las empresas no les imparten una capacitación básica antes de iniciar con su trabajo, porque urge se sume a la operación diaria del establecimiento. ¿Cuál es el resultado? Fallas, mala atención, de–saciertos, mermas, pérdidas, mala imagen.

Esta situación es posible verla y vivirla en los restaurantes, en donde los vendedores tienen una absoluta falta de experiencia en atención al público y en las cocinas los alimentos no tienen la mejor calidad, presentación de emplatado y de servicio al comensal. En fin, la experiencia no es buena.

En las tiendas de conveniencia decidieron apostar por personas de la tercera edad, muy buena política y decisión, pero, el reto ahí es grande, elevado, porque no hay un dominio de la tecnología y la operación de cobro se ha hecho un problema, porque en cada maniobra tienen errores y eso multiplica el tiempo destinado para pagar.

Así, una tienda de atención rápida, a la cual uno llega para hacer una compra expedita, no se concreta porque al llegar a la caja, la inexperiencia, la inseguridad de manejar un sistema desconocido con el cual no hay familiaridad obstaculiza la agilidad del cobro y atención.

De este modo vemos la otra cara, el otro rostro del trabajo, el que no está preparado, ni capacitado, el de la empresa urgida por suplir su necesidad de recursos humanos y descuida la atención al público consumidor, la experiencia grata que se debe llevar quien acude a un establecimiento para comprar.

Las empresas en el Sureste reclutaron todo lo mejor de los recursos humanos en la región y dejaron un ejército que hoy hay evidencia contundente de que no están preparados y las empresas ni han puesto su mejor empeño en que la experiencia sea menos dramática, sino que la han profundizado.

Las autoridades con sus programas de capacitación a través del Servicio Nacional del Empleo y la misma Secretaría del Trabajo de Coahuila paralizados, no tienen una actuación y patentizan ineficacia en su trabajo, porque la crisis de recursos humanos no es nueva.
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