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Abdel Robles
Abdel Robles
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Licenciado en Ciencias de la Comunicación egresado de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Reportero sección policiaca en Editora El Sol, reportero sección local El Norte, coeditor del vespertino Extra de Multimedios, director editorial del Periódico La Voz de Monclova, director Editorial de El Diario de Coahuila, Comunicación del Municipio de San Nicolás de los Garza, NL, director editorial de Zócalo Piedras Negras, y actualmente editor en jefe de Zócalo Monclova

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20 Diciembre 2015 04:10:44
La palabra que me dejó con hambre
Aquí se quedan, dijo El Negrón…

Terminal camionera Flecha Roja, vamos a México a ver a mi Ma' Linda que se encuentra allá con el Negro Yayi, mi hermano, gravísimo en un hospital grande, por tragar chanclas, hilos, tierra y lo que se pueda.

Aquí se quedan, orita vengo…

Al Pollito y yo, no hay más todavía… Uno allá y dos acá.

Yo soy valiente, dice El Negrón, porque me aguanto siempre las ganas de llorar.

Sé que el camión sale a la una de la madrugada.

Sentaditos en las maletas, Pollito empieza a mirar en derredor, puro costalero, familias que viajan… Chamacos dormidos en el suelo…

“¡Papantla doce y cuarto… Papantla doce y cuarto!” Se levantan unos… La señora de la mesa que tiene muchos papeles parece una cotorra con el pelo mitad güero y mitad negro… La papada como bajacresta de gallina…

Volvemos a mirar… Ella me sonríe nerviosa…

El Negrón va a volver, lo sé…

Aunque me recuerdo cuando Chibirico platicaba de niños abandonados por sus papás en el mercado, porque no tenían para darles de comer.

Pero no… El Negrón nunca haría eso…

La Pollito, que ya sabe el reloj, mira a la pared… Yo empiezo a temblar, ¿y si nos roban?

¿Y si nos llevan… Y si nos ponen a pedir limosna?… ¿Y si me mochan un brazo para dar más lástima?

“Jalapa doce y media… Jalapa doce y media”…

Y luego los gritos… El borracho que sale tambaleante, detrás la mujer que con una mano se baja la minifalda y con la otra la emprende a cachetadas.

“¡Y ve a agarrarle el tesorito... a tu abuela!” El borrachín tira zarpazos al aire, se quiere detener de un lazo imaginario… Se va contra el cobrador del camión, quien lo avienta.

Y salen detrás como cuatro mujeres más… Minifaldas, carnes trémulas, maquillaje y veneno de los labios.

“¡El tesorito... no se agarra si no traes dinero papacito!”

¡Ah, menos mal!… Es el papá de todas ellas, pienso.

La Pollito asustada se esconde detrás mío… No dice nada, llora en silencio un chorro de lágrimas de miedo.

Y El Negrón no vuelve…

Un cuico… Dos cuicos… Tres cuicos… Gordos, chaparros…

Llegan empujándose, levantan al borrachín… Que lo van a someter… Que le van a echar guante.

Entonces la primera mujer se adelanta… ¡Ahora le pega al poli!

“No lo estés bolseando, rata”

El poli sonríe nervioso… El borrachín intenta correr, pero se cae a unos cuantos pasos… De hocico…

Entonces mi rostro se ilumina… Le digo a Pollito… La jalo para que mire…

El borrachín fue a caer a los pies de El Negrón, quien vuelve con una bolsa de pan.

Pollito corre para abrazarlo… Yo me quedo a esperarlo como gendarme que entrega su guardia.

Me pone la mano en la cabeza y me revuelve los medios chinos…

“¿Tuviste miedo?”

Meneo la cabeza, digo que no…

La Pollito come un pan… Ojo de Pancha que trajo El Negrón.

Yo escojo uno… Bueno, lo estaba escogiendo mientras le pregunto…

“¿Pa… Qué es tesorito...?”

Y en un fugaz instante me quedo sin bolsa y sin pan.

Mala palabra… Mala palabra…

Lo aprendo con el dolor de mi tripa.

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