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Cristina Orozco
Cristina Orozco
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08 Septiembre 2018 04:10:00
La picardía se va en su apogeo
Al final del sexenio, es momento de hacer una sesuda reflexión sobre el “legado” de este atroz periodo personificado por Enrique Peña Nieto y, por simple asociación, esta época puede relacionarse con el género literario español que dio vuelo a la novela picaresca, la cual surgió a finales del siglo 16 y en el primer tercio del siglo 17.

Su máximo exponente fue Guzmán de Alfarache, escrita por Mateo Alemán, y la obra anónima El Lazarillo de Tormes. Escritores de la época expresaron con singularidad la prosa de lo humano en sus acciones cotidianas, pues era inminente reflejar la decadencia del momento.

Entre 1590 y 1612, Miguel de Cervantes escribió una serie de novelas cortas reunidas en la colección de Novelas Ejemplares. Rinconete y Cortadillo es una de ellas, en la cual Cervantes no hace juicios de valor sobre lo que describe, sino que describe la realidad de la ejemplaridad social y moral.

Rinconete y Cortadillo es una ejemplar novela picaresca. Y algo me recuerda a nuestros tiempos y antihéroes. La novela inicia cuando los dos personajes principales, Pedro del Rincón (Rinconete) y Diego Cortado (Cortadillo), mal vestidos y sucios, demostraron uno al otro la habilidad que les caracterizaba; la de Rinconete, los trucos con la baraja y la de Cortadillo, descoser bolsillos. Deciden viajar juntos y convertirse en socios para ganarse la vida, así viven todo tipo de aventuras robando y cometiendo crueles artimañas para engañar a quienes tienen la mala suerte de cruzarse en su camino.

En la novela picaresca, el pícaro es el protagonista de la historia, encarna el deshonor, siendo el honor el valor más aplaudido (quizá por eso solo se aplauden entre iguales).

El legado de corrupción, abuso de poder y la impunidad marcará por siempre a los principales gobernantes de este sexenio, y tal cual, como en la picaresca, el uso de la ironía, lo fantoche y el cinismo fueron herramientas útiles hasta el día del último informe.

En este género se evidencia la sociedad del momento, la cual tiene una voz profunda que surge cuando la indignación es intolerable.

El pícaro esactor y autor. Las novelas picarescas las escribe el protagonista en primera persona, simula una autobiografía que no es verdadera.
La realidad no se disimula, es cruel y no se exagera. No puede maquillarse.

Ayotzinapa, Tlatlaya, los muertos y los desaparecidos, todo está a la vista: OHL, Odebrecht, la casa blanca, los gobernadores corruptos en todo tipo de fraudes administrativos, electorales, donde los sancionados no son los responsables sino los que evidencian la realidad.

El determinismo esotra característica, pues el pícaro, por más que intenta salir y hacer las cosas mejor, no cambia.

Un gobierno que hundió al país en la peor corrupción y desigualdad de la historia de que se tenga memoria llega a su fin.

La picardía tomó el poder en este sexenio entre las faltas graves a los derechos humanos, el poco crecimiento económico, el aumento en la deuda externa, la inseguridad y ambientado por una clase sectaria de humor negro y sátira.

Cuando uno lee una novela del género picaresco, el pícaro es obviamente un antihéroe. Las conductas descritas son aberrantes, pero cuando un gobierno asume esa postura y se sale con la suya resulta desmoralizante.

Pocos días quedan de este sexenio de excesos, corrupción y todavía tiene la picaresca ocurrencia Claudia Ruiz Massieu de amenazar con rechazar los proyectos de AMLO. Como dicen de forma pícara algunos: “ya hay leche en polvo”.
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