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JC Mena Suárez
JC Mena Suárez
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31 Mayo 2018 04:00:00
La prisa
Si yo le preguntara: ¿Está enfermo? La respuesta seguro sería un no, pero si yo le insisto, usted se irritaría y me diría una palabra altisonante o bien se iría aprisa del lugar en donde comparte su tiempo y espacio conmigo. Así, entonces, usted habrá confirmado que sí, efectivamente tiene una enfermedad: el padecimiento de la prisa.

¿Quién no se apresura por cualquier actividad? Va usted al banco y las filas que hace son una pérdida de tiempo, está usted sentado y mira con ansiedad la pizarra donde anuncian su turno y mientras en su mano trae el teléfono celular para responder su correo, revisar su Facebook, o simplemente realizar cualquier otra actividad a fin de emplear el tiempo.

Bien. Mire: los cardiólogos Meyer Friedman y Ray Rosenman acuñaron el término “hurry sickness”, o “enfermedad de la prisa” en español, después de notar que muchos de sus pacientes sufrían de un sentimiento de urgencia todo el tiempo, relató Víctor Pérez.

Si bien la enfermedad de la prisa no está catalogada como una enfermedad independiente todavía, la definieron como “un patrón de comportamiento caracterizado por una lucha continua y un intento incesante de lograr hacer más y más cosas en cada vez menos tiempo”. En resumen, es la mezcla de ansiedad, estrés y sentimientos continuos de urgencia que forman un ciclo vicioso adictivo.

Cuántas veces usted conduce su auto y delante va un pelmazo de persona lenta. En su consideración, hace un cambio de velocidad y busca rebasar el auto que se atravesó en su camino y lo consigue, pero resulta que en el camino hay un odioso semáforo que detuvo su acelerado conducir y justo en esa luz roja, a su lado, llega el auto que rebasó. Para qué acelerar si al final un lento y un enfermo de prisa llegaron al mismo lugar a pesar de la prisa con la que el segundo manejó.

¿Es usted de los que comen en el escritorio, frente a la computadora, y al mismo tiempo responde sus correos y trata de avanzar en su trabajo, “eficientando” su tiempo? Quizá hable por teléfono y conduzca, doble ropa, bebe alguna infusión, camine rumbo a algún punto… el hecho es que lo ven apresurado. Que no se interpongan en su camino porque lleva prisa.

La realidad es que la prisa no es para nada una enfermedad de altos ejecutivos porque cuando se desarrolla convierte a cualquiera en una persona ocupada precisamente porque actúa así, como si lo fuera.

Ha puesto a calentar un alimento o bebida en el horno de microondas y lo programa 30 segundos o un minuto, quizá 2, y mientras busca algo qué hacer, no puede estar quieto porque tiene prisa. ¡Canijo microondas! ¿Por qué no hace su trabajo más rápido?

¿Ha calculado usted cuánto tiempo ahorró o ganó cuando le pone velocidad a toda su vida? Quizá lo único que se acelera es el proceso de fallecimiento de nosotros mismos porque al ir de prisa nos volvemos descuidados y poco prudentes.

Así que la mayoría de las veces ir deprisa no implica caminar más rápido o pensar en forma más ágil, significa estar y sentirse internamente acelerado. La prisa no es un valor añadido a nada.
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