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Federico Muller
Federico Muller
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20 Octubre 2017 04:00:00
La producción de tomate en México
La agricultura en México es una actividad económica muy heterogénea: las desigualdades entre los productores han sido muy marcadas. La llamada agricultura social, que basaba su producción en el ejido, terminó siendo un fracaso. Miles de millones de pesos invertidos en el campo durante décadas por el Gobierno solamente sirvieron para fomentar la dependencia del campesinado hacia los programas gubernamentales, sin propuestas claras para transformar el ejido en una unidad de producción autosustentable. Por otro lado, la agricultura de propietarios privados ha venido repuntando en los últimos años. Entre los cultivos más rentables se pueden mencionar varios, pero el que llama la atención es el del tomate en sus diversas variedades, por su orientación exportadora.

Mayor productividad. Los estados que sobresalen por la producción de tomate son Sinaloa, Michoacán, Zacatecas, San Luis Potosí, Baja California Sur y Jalisco. En esa actividad participan más de 150 mil productores y la superficie sembrada es de alrededor de 51 mil hectáreas, la cual ha venido disminuyendo y sin embargo la producción se ha incrementado. La mayor productividad se debe a lo que llaman agricultura protegida: se utilizó la reconversión tecnológica para mejorar los rendimientos; se combinó las grandes superficies a cielo abierto con los invernaderos, que son menos susceptibles a las plagas y menos demandantes de agua, y además se dio el gran salto hacia los mercados de exportación: los principales clientes son los estadunidenses y canadienses. La exportación de tomate a Estados Unidos aumentó de 2009 a 2016 aproximadamente 9 por ciento, lo que ha traído reacciones de los productores estadunidenses que a su vez han permeado en las negociaciones del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

Barreras a las exportaciones. Las ventajas comparativas que tiene México en la producción de tomate, como los bajos costos de producción en relación con los de Estados Unidos, se han tergiversado al argumentarse que se violentan normas fitosanitarias y que los salarios que se pagan a los trabajadores del campo son muy precarios y representan una competencia desleal. Aducen también que no hay una regulación en el uso de plaguicidas, lo que ha ocasionado que se detengan en la frontera norte grandes cargamentos de tomate. Si el sector agrícola americano, que maneja hortalizas y frutas, asume una posición beligerante y de buena organización en sus demandas, quizá logre conseguir algunas concesiones, aunque si se revisa globalmente el sector agrícola, EU también tiene sectores superavitarios como los de granos y cereales, de los que México es gran importador.

Independientemente de las discusiones que se ventilen dentro del TLCAN, México se ha convertido en una potencia exportadora de tomate. Se calcula que cubre más de 20% del mercado internacional. Nada fácil será la reanudación de las negociaciones del TLCAN, particularmente si se suman las del sector automotriz, en especial por los compromisos políticos que asumió el presidente Trump con los trabajadores que perdieron sus empleos y que lo atribuyen al libre comercio con México.
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