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María del Carmen Maqueo Garza
María del Carmen Maqueo Garza
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Coahuilense, médico pediatra, apasionada de la palabra escrita. Desde 1975 ha sido columnista en diversos periódicos regionales. Bloguera a partir del 2010. Participa activamente en el Taller literario “Palabras al viento”. Tiene varios libros publicados. Inquieta por la problemática social, en particular la relativa a nuestros niños y jóvenes. Sus colaboraciones invitan a asumir que la resolución de esos problemas es tarea común para todos. Su blog: https://contraluzcoah.blogspot.com/

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26 Agosto 2018 04:00:00
La propuesta de Tolstoi
Acuérdate de que el tiempo más oportuno es el único inmediato, y es el más importante, porque es solamente en tal momento cuando somos los amos de nosotros mismos, y el hombre más necesario es aquel a quien se encuentra en este momento. Y la obra más importante es la de hacer el bien.

Este es el modo como concluye un cuento de León Tolstoi intitulado “Tres preguntas”, y que da pie a la presente colaboración.

Admiro la suerte de esas personas carismáticas, que consiguen nuevas oportunidades a lo largo del camino y que triunfan por ello. Pero más admiro a aquellas que no dependen de otra cosa más allá de su propia voluntad, y que después de la caída se levantan, recogen los pedazos del suelo y se reconstruyen, para volver a empezar.

La vida es para todos una sucesión de montes y valles. Tal vez suceda que cuando estamos en la cúspide del monte dejamos de percibirlo, y cuando toca que nos hallemos en el fondo de un valle, sentimos la urgente necesidad de salir de ahí, pero a veces no sabemos cómo hacerlo. Sin embargo así son las cosas, montes y valles son mutuamente necesarios, para mantener en nosotros una dimensión de lo que es vivir.

No deja de sorprenderme la velocidad a la que muchas personas pretenden conducirse por la vida, en particular cuando van sobre sus vehículos motorizados. Pareciera que avanzan enojados con todo y con todos, o partiendo de la idea de que sus prioridades personales se imponen sobre las de los demás, como hace un niño caprichoso en su patio de juegos. Otra posibilidad --al mirar a estas ráfagas humanas--, sería que actúan de este modo pues quisieran deshacerse del momento presente a la brevedad.

Para cualquier lugar donde observemos, hallaremos que cada cual va librando su propia batalla. Algunos lo hacen frente a actitudes personales que han de superar; otros enfrentan situaciones familiares difíciles, hacia las cuales habrán de mantenerse atentos. Hay quienes tienen frente a ellos problemas del exterior, cambiantes, novedosos, pero que requieren –todos ellos—aplicarse en resolver.

Mentiría quien dijera estar libre de problemas. O tal vez no se conoce lo suficiente como para entender que la necesidad de renovarse es permanente en nosotros, y que de igual modo como los árboles se desprenden del follaje viejo para volver a nacer en primavera, así nosotros habremos de sacudir nuestras ramas y deshacernos de lo caduco para comenzar a escribir una nueva página de nuestra historia personal, en la medida en que el paso del tiempo nos mantenga en el planeta.

Cabe señalar que la literatura de Tolstoi sufre un cambio importante, a partir de una profunda transformación espiritual suya como autor. Tanto cambia y a tal grado comienza a sentir la necesidad de hacer el bien, que incluso –próximo a su muerte-- intenta donar para la caridad su patrimonio familiar, algo que finalmente su esposa evita. De algún modo a lo largo de su extensa obra se va percibiendo ese cambio que lo lleva a morir ligero de apegos, en pleno invierno, en la estación de tren de Astápovo, algo muy simbólico, pues sería como el que parte a un nuevo destino, dejando atrás su vida anterior.

Uno de los males modernos para el alma, es perdernos en sufrimientos virtuales. Por los niños de Siria o los que padecen una orfandad impuesta en la frontera con los Estados Unidos, sollozamos, señalamos, proferimos, pero ahí nos quedamos. Nuestro tiempo se cicla alrededor de nuestro aparato electrónico, sin ir más allá, sin extender la mano para ayudar al huérfano o al pobre que tenemos cerca, en la colonia marginal, por las calles de la ciudad, en el exterior de los sitios públicos a donde vamos a divertirnos.

La propuesta de Tolstoi no es en absoluto la de privarnos de nuestras cosas para darlas a los más necesitados. Yo entiendo su exhortación como la de abrir la sensibilidad que llevamos encerrada en nuestro pecho, para emprender una actitud compasiva hacia quienes han sido menos afortunados que nosotros. Para de este modo, si ahora estamos en el monte de la buena fortuna, no dejemos de ver hacia abajo para socorrer a quienes sufren en un valle, ya por cuestiones emocionales, económicas o de salud. Salir de nuestra burbuja para voltear a ver alrededor y entender que está en nosotros la posibilidad de dar un poco de lo propio a favor de los demás. Que no se trata de anunciarlo ni de esperar agradecimiento, es un simple ejercicio de justicia social frente al cual tenemos oportunidad de crecer.

El momento de cada uno de nosotros va cambiando. Cuando puedas, no dudes en ayudar a hacer de este mundo algo mejor a través de acciones reales, inmediatas y tácitas, antes de que el tren llame a partir cuando llegue el invierno.

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