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Carmen Aristegui
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Carmen Aristegui Flores. Periodista y conductora de programas de radio y televisión de amplia experiencia y reconocimiento en México.

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31 Marzo 2017 04:00:00
La realidad alternativa de EPN
El Gobierno federal debería tomar más en serio el cruce de amenazas cumplidas y mensajes criminales que en las últimas semanas se han presentado en el estado de Chihuahua.

Después del asesinato de Miroslava Breach, corresponsal de La Jornada, en cuya escena del crimen fue puesto en una cartulina un siniestro mensaje, apareció una manta con una nueva amenaza contra el gobernador y los periodistas.

El mensaje apareció ayer en un puente peatonal en la capital del estado. El Diario de Chihuahua dio cuenta de su contenido: “Esto es para que estés enterado ‘Corral si me sigues mandando a tus achichincles los voy a matar a todos, querías guerra, pues ya la tienes’, estoy agarrado de alguien más poderoso. Y también a esos hocicones periodistas no se metan en lo que no les importa y en una guerra que no van a ganar porque los voy a matar a todos, a la verga. Atentamente, El 80”.

En la cartulina del crimen de Miroslava Breach se leía: “Por lengua larga. Siguen llegados al gobernador y el gober”. Ambos mensajes se atribuían a “El 80”, apodo con el que se conoce a Arturo Quintana. Desconfía de lo obvio, diría un clásico. Pudiera ser que Quintana, líder de uno de los cárteles que opera en la zona, no sea en realidad el autor de las amenazas al gobernador y el atentado contra Miroslava. Podría ser que los adversarios de Quintana hayan realizado esas acciones para adjudicar a ese capo la responsabilidad de lo sucedido. También es posible que Quintana sea el autor y esté actuando de manera frontal contra periodistas y el nuevo gobernador. No hay aquí muchas sopas de dónde escoger. Lo que hay son amenazas que se cumplen, como en el caso de Miroslava. Lo que hay es un claro sentido de urgencia para enfrentar al crimen y las amenazas. Y lo que hay también es un Gobierno federal que parece mirar hacia otro lado.

Mientras que Chihuahua, Veracruz y Guerrero se sacudían con los asesinatos de periodistas y otros crímenes y delitos, el presidente Peña estaba ocupado en organizar un convivio.

Enrique Peña Nieto ordenó al secretario de la Defensa Nacional reunir, bajo un imponente techo, a miles de militares, marinos e integrantes de la Fuerza Aérea para someterlos a un inusual –inédito, diría él– discurso transmitido, simultáneamente, en todas las zonas militares del país.

Además de reconocer el papel del Ejército y la Marina, arremetió también contra quienes han señalado la actuación de militares. “Soy el primero en condenar aquellas expresiones que han señalado y condenado a integrantes de nuestras Fuerzas Armadas”, dijo un Peña Nieto obsecuente y zalamero.

“Son inadmisibles e inaceptables la expresiones que, por ignorancia o dolo, descalifican la labor de nuestras Fuerzas Armadas”, dijo, haciendo a un lado casos documentados, ampliamente, por organismos nacionales e internacionales de derechos humanos.

El despliegue de recursos con los que se convirtió al Ejército en escenografía y pretexto para enviar mensajes, cifrados o no, a críticos y opositores resulta insultante e injustificado.

¿Qué mensaje es este? ¿Que son el Ejército y las Fuerzas Armadas lo único que sostiene a un Presidente que arrastra los peores niveles de reconocimiento y credibilidad, según las últimas encuestas?

El Presidente trató de convencer, mediante ese performance militar, que nada de lo que sucede aquí es cierto. Parece decir que si la realidad se empeña en mostrarse adversa, ese es problema de la realidad. Peña Nieto coronó su incursión en el escenario del martes fustigando a críticos y opositores con una declaración más que sugerente sobre el estatus en el que se encuentra su persona: “... quienes les digan que vivimos en un país que está en crisis... crisis es seguramente lo que pueden tener en sus mentes... porque no es lo que está pasando”. Es este un Peña Nieto que luce extraviado.

Ante un panorama que claramente lo rebasa, de violencia, corrupción, amenazas, periodistas asesinados y una incertidumbre creciente, el Presidente mexicano sólo atina a decir no, nada de esto está pasando. Nada de lo que dicen es cierto. Nada de lo que nos achacan es verdad.

La escena del martes nos muestra a un Presidente que niega la crisis y apuesta por una “realidad alternativa”. Esa en donde no hay crímenes, ni violaciones a derechos humanos, ni periodistas asesinados, ni un gobernador amenazado. Esa en la que sólo hay militares abrazándolo.
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