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Xavier Díez de Urdanivia
Xavier Díez de Urdanivia
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Xavier Díez de Urdanivia es abogado (por la Escuela Libre de Derecho) Maestro en Administración Pública (por la Universidad Iberoamericana) y Doctor en Derecho (por la Universidad Complutense, Madrid). Ha ejercido diversas funciones públicas, entre las que destacan la de Magistrado del Tribunal Superior de Justicia de Coahuila, del que fue Presidente entre 1996 y 1999, y Abogado General de Pemex. Ha publicado varios libros y muy diversos artículos en las materias que constituyen su línea de investigación, e impartido conferencias, seminarios y cursos sobre las mismas. Actualmente es profesor de tiempo completo en la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad Autónoma de Coahuila, donde imparte cátedra e investiga en materia de Derecho Constitucional, Teoría y Filosofía del Derecho y Teoría Política. También es colaborador de la página editorial de Zócalo y de Cuatro Columnas (de la Ciudad de Puebla), y lo ha sido del Sol del Norte y El Diario de Coahuila, así como de los noticieros del Canal 7 de televisión de Saltillo, Coah.

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20 Mayo 2018 04:00:00
La reconstrucción del país
En medio del ríspido mare magnum de las campañas, “El País” publicó esta semana una entrevista a Diego Valadés sobre la compleja tarea de reconstrucción social que espera al próximo gobierno.

Para empezar, el entrevistado se refirió al clima de intolerancia y agresividad desmedida que han caracterizado a las campañas en curso, diciendo que ellas están “acelerando uno de los fenómenos más nocivos en una democracia: El desprecio o incluso la animosidad con relación a los políticos, los partidos y la política”, para redondear la idea afirmando que “la tradición personalista es muy profunda y los antagonismos se procesan de una manera muy poco razonable”.

Tiene razón, y no puede uno menos que sumarse al señalamiento. De suyo, en este mismo espacio se dedicaron, hace no mucho, algunas líneas a la reflexión sobre la crisis institucional que padece México, aunque el punto de vista partía entonces del impacto recíproco entre esa crisis y la virulencia de las campañas.

Cuando el entrevistador, Luis Pablo Beaurgard, se refirió a un señalamiento que ha sostenido Valadés en el sentido de que algunas instituciones en México son ya solo un cascarón, el entrevistado respondió: “Es uno de los elementos que permiten demostrar el déficit de credibilidad que padece México. Hay un vaciamiento de las instituciones en cuanto a dos cosas: Su efectividad y la percepción que tiene la sociedad. Si se suman las dos cosas, entonces entramos en una etapa que espero sea transitoria y que no se consolide, que se conoce como anomia, durante el cual la norma deja de ser el referente para la vida colectiva. Eso puede tener muchas derivaciones. Una es la anarquía y la otra es la dictadura”.

Gran riesgo es ese en efecto, y por desgracia no se ciñe, a mi juicio, a los extremos que señala. Hay un riesgo mayor, porque la democracia, cuando se corrompe y se vuelve demagogia, tiene muchas caras.

Cuando Aristóteles se refiere a ella, sostiene que su diferencia esencial es que la voluntad popular se expresa y gobierna sin apego a las normas, de ahí que resulte caótica.

Es necesario decir, no obstante, que ese caos -que es ausencia de orden- suele convertirse en “oclocracia”, según le decían los griegos de la era clásica, que el diccionario define como “gobierno de la muchedumbre o de la plebe”.

Ayuno de una estructura apta para ordenar las relaciones sociales y llegados a extremos críticos, esos estados -siempre conforme a la observación de los pensadores de la antigua Grecia- requerían de una terapia de choque -se diría en nuestros días, metafóricamente- que conducía entonces a la aplicación de medidas dictatoriales que, en ausencia de normas, abrían la puerta a las dictaduras y a las tiranías.

En México sabemos de eso, pero parece habérsenos olvidado. El movimiento de independencia, los revueltos tiempos del centralismo y el pretendido “segundo imperio”, las guerras de reforma, la revolución de 1910 y todas sus consecuencias, parecen no haber bastado para entender que no es en la diatriba y el escarnio que se cimientan con solidez las sociedades.

Por eso concuerdo con el parecer expuesto, aunque creo que el planteamiento del entrevistador, reflejado en el título de su publicación (“La reconstrucción social en México será muy compleja para el próximo Gobierno”) se queda corto, porque no es en la anécdota electoral o en la coyuntura del relevo que se encuentra la importancia del proceso, sino en su trascendencia frente a la empresa de conjugar los empeños para poder construir el país, libre y diverso, pero justo y equilibrado, que nos hace falta.

Para eso tendremos, creo yo, que pensar “fuera del cajón”, revisar los modelos, dejar de adoptar sin adaptar esquemas ajenos, y en cambio buscar, sin aislacionismos suicidas o aperturas claudicantes, las vías que permitan la construcción de una mexicanidad renovada, capaz de rescatarse a si misma, pero también de integrarse, con dignidad y decoro, en el mundo global de los días que corren.
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