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Ricardo Raphael
Ricardo Raphael
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Licenciado en Derecho por la UNAM. Maestro en Ciencias Políticas por el Instituto de Estudios Políticos de París, Francia. Maestría en Administración Pública por la Escuela Nacional de Administración (ENA) de la República Francesa. Estudios Doctorales en Economía Política y Políticas Comparadas por la Escuela para Graduados de Claremont, California, EU. Secretario General de Democracia Social, Partido Político Nacional. Representante ante el Consejo General del IFE del partido México Posible. Coordinador de la Comisión Ciudadana de Estudios para Eliminar y Prevenir la Discriminación. Actualmente es profesor afiliado a la División de Administración Pública del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE). Conductor del Espiral, programa de análisis político dominical del Canal 11. Analista Político cotidiano del Noticiero Enfoque de Núcleo Radio Mil. Analista semanal del noticiero nocturno de Proyecto 40. Co-conductor del programa Claves, también de Proyecto 40. Integrante de la mesa editorial de la Revista Nexos. Miembro del Consejo Consultivo de Conapo. Cuenta con diversas publicaciones en temas relativos a: La transición democrática. La función pública. El sistema de partidos. Los derechos. La ciudadanía.

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22 Junio 2017 04:00:00
La responsabilidad es de los Legionarios
Deberían abrir una oficina dedicada a los deslindes. Cada año tienen que desmarcarse de los desmanes que hacen sus alumnos. Dicen los Legionarios de Cristo que su orden no tiene nada que ver con los videos discriminatorios que cada año escandalizan en México.

Esta vez también enviaron una carta a los medios de comunicación para tomar distancia con respecto al pleito en la graduación de sus preparatorianos del Colegio Cumbres. Y sin embargo son responsables porque esa orden religiosa ha sido activa promotora de la cultura del “Mirreynato”.

Los Legionarios enseñan en sus aulas los principales antivalores de este sistema social: exaltan el privilegio, abrazan la impunidad, practican la corrupción, discriminan, desprecian el mérito y se benefician de que el elevador social mexicano esté descompuesto.

Los videos de graduación de sus escuelas son famosos porque enaltecen la imagen del hombre blanco, principesco, rico y arrogante. El “Mirrey” es siempre el personaje principal de esa pieza ya clásica del mes de junio mexicano.

El video de hace dos años lo estelarizó un muchacho orgullosamente mamón al que le llevaban jugo de naranja a la cama. Un año después los alumnos magnificaron la prepotencia y la misoginia aprendidas. Ahora los estudiantes del Cumbres fueron más lejos: produjeron un video anodino para que la autoridad de la escuela lo aprobara y, a la hora de la hora, proyectaron otro donde se burlaron de sus hermanos de la escuela vecina.

Estas tres piezas comparten un denominador común: presumen privilegio. El primero de clase, el segundo de género y el tercero de círculo social, (dentro del penthouse).

Los Legionarios suelen argumentar que la sublimación del privilegio viene de casa. Resulta más fácil echar la culpa a los padres que a los valores morales dominantes en sus respectivas escuelas.

Una y otra vez transmiten el mensaje de que, por ser privilegiados, a sus muchachos no debe ocurrirles nada. Los Legionarios ocultaron durante años los pecados miserables de su fundador, Marcial Maciel. También escondieron las prácticas de pederastia que otros ocho integrantes de su congregación sostuvieron contra de decenas de estudiantes. Si el fundador murió impune, ¿por qué sus descendientes morales no habrían de gozar del mismo fuero?

La riqueza amasada gracias a las colegiaturas que pagan sus educandos ha sido invertida por los Legionarios en negocios oscuros. El periodista Raúl Olmos reveló hace no tanto que esa orden invierte en la fabricación de armas, la producción de píldoras anticonceptivas y suele lavar dinero en paraísos fiscales.

No sólo son corruptos quienes roban sino quienes predican una cosa y hacen otra. Son corruptos quienes traicionan la naturaleza de su obra.

Otra transgresión de su fe católica es la reiteración de actitudes discriminatorias. La educación que se recibe en los colegios de la Legión no sólo exalta privilegios sino que, al mismo tiempo, lleva a despreciar al otro; a la mujer, a las personas morenas, al pobre, al ciudadano de a pie.

Es a tal punto permisiva esta educación discriminatoria que los alumnos del Colegio Irlandés pudieron discriminar a los del Colegio Cumbres. Parece un mal chiste y sin embargo éste fue justo el origen del pleito relatado antes.

La seriedad de estos colegios es muy poca cuando importa tanto el apellido o el dinero de los padres y tan poco el esfuerzo para logar una buena nota.
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