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Francisco Tobías
Francisco Tobías
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21 Noviembre 2017 04:00:00
La revolución futurista
La Revolución Mexicana, como todo suceso histórico, fue variable y compleja en su organización y desarrollo.

Nuestra Revolución (la primera de su tipo en el siglo pasado) surgió como una protesta que fue principalmente de tono político frente al régimen porfiriano; cada personaje que fue partícipe de ella le imprimió la huella de sus ideas, de sus intereses, de sus aspiraciones. Esos motivos hacen de nuestra Revolución una revolución futurista.

De esas ideas y de esas fuerzas podemos nombrar personajes como Villa, Madero, Carranza, Zapata, Aquiles Serdán, Abraham González y otros a los ya mencionados podemos agregar nombres como Obregón, Pesqueira, Dieguez, Hill, Pablo González, Gertrudis Sánchez o Rómulo Figueroa. Por estos y todos los nombres de aquellos hombres y mujeres que podemos nombrar héroes anónimos, vale la pena destinar unas palabras y un tiempo para honrar la memoria de aquellos mexicanos caídos por la lucha de un futuro esperanzador, por la lucha de los Estados Unidos Mexicanos.

La historia de la Revolución parecía no detenerse nunca en su tarea de descubrir viejas y nuevas dolencias nacionales. Los viejos problemas agrarios que tanto mancillaban a los campesinos, las cuestiones políticas que antes obligaban a un silencio forzoso y las ambiciones nuevas de la naciente fuerza popular y armada en ese momento parecían no tener límites.

La primera revolución social en el mundo debiera ser una revolución permanente, decían algunos grupos de la intelectualidad mexicana.

La Revolución, después de años de conflicto armado en ese momento, necesitaba de unidad y de nuevos principios capaces de producir una nueva y verdadera nación.

¿Qué hacer? La única alternativa para construir una nación sólo era posible si a la igualdad jurídica del viejo liberalismo se le agregaba una gran dosis de igualdad económica y social. A los antiguos derechos individuales se le debían adicionar derechos sociales.

El Estado ya no debía ser el mero vigilante del proceso social, sino que tenía que convertirse en el principal promotor fundamental del mejoramiento de los derechos sociales. Pero el nuevo esquema constitucional de la “no reelección” daba pie a nuevos conflictos como el de ¿cómo hacer cumplir en el breve lapso de cuatro años las grandes tareas de transformación social que necesitaba el Estado mexicano?

Pero al mismo tiempo, esa gran interrogante significaba el único medio de frenar los anhelos políticos de los nuevos líderes por permanecer más que de manera temporal en el poder.

Dentro de los anhelos de la Revolución Mexicana considero que Venustiano Carranza fue visionario al darle el apoyo para la dirección de la nación a un candidato civil, justificándose en que esto cerraba el paso a dictaduras de ideología militar.

Esto confrontaría nuevamente a los líderes y eliminaba al carrancismo. Terminado Carranza, Zapata y Madero, las tres figuras más altas de la Revolución, se daba paso a una nueva generación de caudillos revolucionarios que avanzaban a paso vencedor al primer plano de la vida nacional y con ello, se empeñarían en una nueva etapa llamada la época de reconstrucción nacional.
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