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Carlos Moreira
Carlos Moreira
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25 Julio 2015 04:06:26
La Sección 22: el paso siguiente
En los últimos años, la Sección 22 del SNTE se ha vuelto sinónimo de disidencia gremial y política en nuestro país. En algunos momentos ha puesto contra la pared al Gobierno de la República y prácticamente durante todo el sexenio ha hecho lo propio con la Administración que encabeza Gabino Cué (y en los años anteriores con los gobiernos de Ulises Ruiz y José Murat).

Dos fuertes medidas tomadas a mitad de semana hacen pensar que las autoridades asumieron el contraataque, con ellas han dejado en una situación delicada a la dirigencia de la Sección 22. Al desaparecer la IEEPO y congelar las cuentas bancarias de la agrupación sindical, se modificó el escenario político en Oaxaca y en México, y con ello obligaron a los miembros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación a pasar del ataque a la defensa; de la amenaza política al amparo legal de sus dirigentes.

En lo particular no creo que sea positiva ninguna acción contraria al movimiento sindical, sea a las agrupaciones institucionales o disidentes. Debilitar a una organización implica perjudicar en el corto o mediano plazo a los propios trabajadores. Los derechos de los trabajadores siempre son los que se ponen en riesgo al ocurrir un ataque a un sindicato, ya sea desde el exterior o producto de una lucha interna. Ejemplos de lo anterior hay muchísimos y desgraciadamente han llegado a ocasionar la desaparición de las propias organizaciones gremiales.

No obstante, el gran problema de la Sección 22 es que dejó de ser un sindicato, dejó de pensar como agrupación sindical. Al menos así se observa en sus planteamientos y acciones, en sus reclamos y en su posicionamiento político. En el centro de su vida no se encuentra la defensa de los derechos de los trabajadores, al menos éste no es el único aspecto, ni siquiera en muchos de los casos el tema sustantivo. A la Sección 22 le interesa el control político y laboral de sus agremiados y la lucha social. Los derechos son parte de la agenda, pero no la base del trabajo sindical.

Cuando uno lee los documentos que aprueban en sus asambleas, puede ver que las tres grandes demandas de los dirigentes de la Sección 22 son el control de la instancia educativa oaxaqueña, la desaparición de la Sección 59 (pues sus agremiados se niegan a suspender labores) y la excarcelación de un grupo de secuestradores y asesinos que actualmente se encuentran presos en el Cereso de Puente Grande, en Jalisco. Este último punto refleja el nivel de descomposición de la agrupación magisterial. No estamos hablando de un profesor que delinque, sino de una lucha política por defender su derecho a secuestrar a un grupo de niños y matar a quienes les cuidaban.

Quizá el siguiente paso en la lucha sindical del magisterio oaxaqueño perteneciente a la CNTE implique radicalizar posturas, tomar las calles de Oaxaca, enfrentar a las fuerzas del orden, promover la caída de Gabino Cué, ensangrentar las calles; se dice que hay al menos 10 mil educadores radicales. Tal vez algunos de esos docentes se incorporen de lleno a la lucha de grupos subversivos, lo cual sería muy grave para la estabilidad nacional. Espero que eso no ocurra, aunque es un secreto a voces la relación de ciertos sectores de la CNTE con la guerrilla ubicada en el sur del país.

Lo ideal es que el paso siguiente, tanto de la CNTE como del propio SNTE, sea definir una ruta para establecer la defensa de los derechos de los trabajadores. Mucho se ha hablado de las obligaciones y los riesgos que tienen los docentes en los siguientes años. Se debe discutir más sobre la construcción del esquema de defensa laboral, una defensa real, inteligente, profesional. En el sector mayoritario que dirige el maestro Juan Díaz, hay planteamientos al respecto, que sin duda deben de discutirse y entrar en un proceso de mejora.

Es preciso que los trabajadores de la educación tengan en claro que el sindicato sea la línea institucional (el SNTE) o la versión disidente (la CNTE), no es la instancia para otorgar empleo. No es la función sustantiva de una organización sindical.

El sindicato debe ser el espacio y la institución donde se luche por garantizar que el docente conserve su trabajo y tenga mejores condiciones laborales.

Disentir para desaparecer

Hace tiempo la sección más emblemática dentro del SNTE era la Sección 9, localizada en el Distrito Federal. Con gran presencia de la CNTE y con la caja de resonancia que representa el estar ubicada en la capital del país, era un espacio de debate y de construcción de agenda sindical.

La lucha interna fue intensa. El desprecio a las estructuras sindicales fue amplio. Al final el resultado fue prácticamente la desaparición de la organización.

Desde hace más de 20 años no hay reuniones sindicales, no existen asambleas, ni hay elección de dirigentes. No hay estructuras, no hay sindicato.

Tanto el SNTE como la CNTE intentan convocar a los docentes, sin embargo los derechos de los trabajadores y sus expectativas laborales las ven –a su estilo y conveniencia– los directivos y los supervisores.

A pesar de contar con un magisterio muy preparado y muy politizado, la Sección 9 es hoy en día una de las secciones más débiles del país.

Se luchó por destruir al adversario. Se logró destruir al sindicato. Hoy prácticamente no tienen vida sindical.
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