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Jorge A. Meléndez
Jorge A. Meléndez
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05 Mayo 2018 04:00:00
La silla de la culpa
¿Se acuerda del juego de las sillas? Los jugadores caminan alrededor de sillas mientras toca la música. Cuando esta se acaba, todos buscan sentarse. Uno siempre queda parado porque siempre hay una silla menos que el número de participantes. En cada round se quita una silla y una persona. El que queda sentado al final gana.

Al fracasar un proyecto clave en una organización, hay un juego de la silla invertido, porque el que queda sentado al final es el que pierde. Todos buscan evitar sentarse en la silla de la culpa. Quizá lo haya visto en acción. En este juego, el perdedor sufre costos que pueden ir desde menores perspectivas de desarrollo hasta el despido, dependiendo de la relevancia del proyecto.

Mientras más grande sea este, y mientras más importante sean los involucrados, mayores los perjuicios para el que termina sentado. Ah, y peor aún si la idea del proyecto es del jefe supremo. Ahí la cosa está en chino: ¿cómo decirle al jefazo que es quien castiga que él/ella es el que debe de sentarse en la silla? ¡Ja, imposible!

¿Qué hacer? Primero, maximizar la probabilidad de éxito del proyecto. Es decir, evitar que se dé este perverso juego:

1. Que permitan que participe en el análisis un equipo diverso.

2. Estudiarlo desde todos los ángulos.

3. Tener un debate frontal de ideas. Sobre hechos y no sobre personas. Relea Debatir sin Pelear.

4. Anticipar problemas aplicando un premórtem al proyecto. Relea Adelantando el Epitafio.

5. Teniendo mecanismos de retroalimentación frecuentes y objetivos.

6. Ajustando la implementación en el camino. Dependiendo de las señales que se reciban. Cuidado con el sesgo de confirmación. Relea No se Equivoque al Pensar.

Aun siguiendo estos pasos, habrá fracasos estrepitosos. Sobre todo en la era de la disyunción, donde las reglas de industrias enteras pueden cambiar en muy poco tiempo.

Una organización madura aplica las lecciones que aquí hemos repetido sobre los “fracasos buenos”: temprano, no arriesgan el futuro y se aprende del fracaso. Esta última es clave y para ello se requiere:

a) Delimitar bien qué falló. Cuando falla un proyecto, muchas veces las energías se enfocan a contener daños. Esto es natural y está bien. Pero no se debe de quedar sólo en eso.

b) Entender si existe injerencia de personas y procesos. El análisis detallado debe contemplar cambios o disrupciones en el ambiente de mercado y competencia, pero también debe enfocarse hacia adentro de la organización. Los proyectos también fallan a veces por errores internos, sobre los cuales se puede tener mucha más injerencia.

c) Especificar cambios a procesos y/o personas. Lo más común en el juego inverso de la silla es culpar al que quedó sentado. Ojo, porque rara vez una sola persona es responsable. Además, puede haber procesos internos incorrectos. Y, obvio, si no se corrigen, las fallas se pueden volver a presentar.

La grilla nunca ha sido mi fuerte. Francamente, creo que es un mecanismo de defensa muy conveniente para los ineptos. Y sin embargo, al fallar un proyecto, la grilla siempre estará presente.

Por ello, hay que contemplarla en el juego de la silla del culpable. Si no, alguien puede buscar que usted se siente en ella. ¿Qué hacer?

–Revisar récords. Sobre los roles del proyecto. Entender quién, qué, cuándo y cómo se tomaron las decisiones.

–Neutralizar a los posibles grillos. Hacer un mapa de las personas que puedan llegar a lanzarle bombas y planear estrategias específicas.

–Identificar posibles culpables. No me gusta nada este consejo, pero se lo tengo que dar. A veces es inescapable que alguien tenga que sentarse en la silla. Cuide que no sea usted.

–Ser proactivo y ponerse a las órdenes del jefe. Para lo que sigue, para las correcciones, control de daños, etc.

Aquí lo hemos dicho muchas veces. En la era de la disrupción, los fracasos son inevitables. En un mundo ideal, estos siempre son buenos y generan lecciones valiosas para el futuro. Pero en el mundo real, a veces la silla del culpable queda libre. Espero que estos consejos le sirvan para que nunca le toque sentarse en ella.

EN POCAS PALABRAS

“La peor culpa es aquella que no te corresponde”, Ayn Rand, escritora estadunidense.
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