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Vicente Bello
Vicente Bello
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18 Agosto 2018 04:00:00
La simulación del control político en las comisiones ordinarias
Cada que comienza una Legislatura, como será el caso en unos días, las dos cámaras del Congreso de la Unión se ponen a trabajar para la construcción de Plenos de todas las comisiones ordinarias de sesiones y también para que los grupos parlamentarios se repartan las presidencias.

Durante todo el mes de septiembre, las bancadas trabajan en dos vías: Seleccionando a sus legisladores para que ocupen comisiones y escogiendo a quienes fungirán como sus presidentes de comisión.

Ahora tendrán un trabajo extra antes de la conformación de dichos equipos interdisciplinarios. Y el trabajo consistirá en resolver si reforman la Ley Orgánica del Congreso General para reducir el número de comisiones ordinarias que tiene cada una de las cámaras
federales.

El grupo que ostentará la primera minoría –Morena- ha ofrecido desde mediados de julio que, entrada la Legislatura, planteará la reducción de comisiones.

En la reforma de 1999 a la Ley Orgánica de marras, el número de comisiones ordinarias fue reducido a 27, en tanto que el del Senado de la República quedaba en 34. Números que fueron agrandándose con el paso de las legislaturas. Actualmente oscilan en las 60, respectivamente.

La ampliación del número de comisiones se debió a un acuerdo soterrado con el PAN para repartirse cuotas de poder camaral y para colocarse ante la posibilidad de agandallarse los recursos. Ni más ni menos.  

El reto inmediato de Morena en esta Legislatura en cierne consistirá, precisamente, en reformar la ley, pues de lo contrario van a tener que ocupar el espacio de las casi 60 comisiones por cámara, y entonces va a ser más difícil que se les reduzcan, durante este periodo o en el transcurso de los tres años de la 64 Legislatura.

Presidir una comisión ordinaria ha sido, para los distintos partidos políticos con representación en el Congreso, una oportunidad para hacersede dinero público mediante el desvío presupuestal.  

La Ley Orgánica no tiene mandatos en el sentido de que las comisiones deban rendir informes sobre el manejo de los recursos asignados. Financieramente las comisiones ordinarias han sido una suerte de islas financieras, donde la discrecionalidad ha reinado como los tiburones reinan en alta mar.

En la reforma que Morena ha prometido, para los fines de reducción del número de comisiones ordinarias, deberían aprovechar la ocasión para darle una revisada a la función de control político y la relación que tiene esta con su instrumento fundamental, como son las comisiones ordinarias.

Una revisada que derive en el robustecimiento de la función de control político, también conocido como la función del contrapeso constitucional.

Verbigracia: las comisiones ordinarias solo pueden ser convocadas por el presidente en funciones.

Ha sucedido en innumerables ocasiones que comisiones ordinarias no sesionen durante meses por la simple y sencilla razón de que quien la preside no quiere, incluso cuando haya un grupo de legisladores integrantes de dicha comisión lo exijan.

Esta mulada, de no convocar a sesionar una comisión, casi siempre es porque al grupo parlamentario al que pertenece el presidente no le conviene que lo haga. Este es el motivo fundamental por el que el PRI y el PAN convirtieron en una práctica parlamentaria que el partido en la Presidencia de la República presida comisiones neurálgicas como la de Presupuesto y Cuenta Pública de la Cámara de Diputados o la de Relaciones Exteriores de la Cámara de Senadores.

Estas dos comisiones tienen que ver directamente con las facultades exclusivas que tiene cada una de las dos Cámaras y es una forma simple y llana de desflemar a la oposición en temas donde estas tienen un gran poder sobre la vida del Ejecutivo Federal.

A partir de 1874, cuando el Senado regresó a la vida de la República (el Congreso fue unicamaral de 1861 a ese año, tras de que la Cámara de Senadores fue suprimida para dar paso únicamente a la de Diputados, por mandato del Congreso Constituyente de 1857), la Cámara de Diputados se quedó con la facultad exclusiva de autorizar el presupuesto anual de egresos de la federación, y la Cámara de Senadores, en su regreso, se quedó con la facultad exclusiva de revisar y autorizar la política exterior mexicana.

Este es el motivo por el cual únicamente los diputados –desde entonces- autorizan el presupuesto de egresos. Y este es también el motivo por el cual el Senado es el que atiende en exclusiva la facultad de revisión de la política exterior, mediante la autorización o no de los convenios, acuerdos y tratados internacionales que México suele firmar.

… Aunque, como ya se ha dicho en este espacio, esto en realidad ha sido un decir, porque una ha sido la ley y otra la realidad.

En la realidad, ni la Cámara de Diputados se ha abocado, en exclusiva, a autorizar el presupuesto, ni la de Senadores, en exclusiva, se ha dedicado a autorizar todos esos convenios y tratados internacionales. Es más, ha habido tratados firmados por el gobierno mexicano que ni siquiera han sido consultados al Senado. Y están vigentes sin la firma de senadores.  

Fue el caso del Plan Mérida, que firmó en una primera fase Vicente Fox y en una segunda el otro panista Felipe Calderón. Por estas cuestiones es que se puede asegurar que el Congreso ha sido una triste simulación de contrapeso, y sus comisiones también.

Esta relación infame entre el peso y el contrapeso mexicanos ya deberá desaparecer. Hay actitud e intención del que llegará a la presidencia el 1 de diciembre próximo en cambiar las cosas. Veremos si ocurren los cambios.
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