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Ricardo Torres
Ricardo Torres
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25 Noviembre 2016 04:00:00
La sociedad del cambio (3)
En las pasadas entregas, encontré una teoría entendible que puede ayudar a desentrañar la inadecuada conducta de la sociedad actual. Esa teoría es la que ofrece el sociólogo Erving Goffman, quien sostiene que el principal problema del hombre moderno es la falta de identidad y en su intento desesperado por dar a la vida un sentido, termina por unirse con personas nocivas que tienen por norma considerar que la vida misma carece de todo valor y decide, en consecuencia, darle a la existencia un sentido puramente subjetivo.

La sociedad en conjunto ha decidido saltar al vacío al considerar que lo establecido no le satisface, por sentirse rebasada por sus propios logros científicos, los cuales no ha logrado poner en concordancia con su propio ser o deber ser.

Ese sesgo dramático que con frecuencia caracteriza a nuestra sociedad, lleva al individuo al suicidio espiritual y lo encamina a tomar decisiones sin sentido, poco prácticas, chocantes, improductivas y hasta perjudiciales.

De manera global, ese mismo sesgo se gesta desde conciencias particulares o personales y se materializan en el diario acontecer del mismo ser humano. Es necesario, por ello, conocer y comprender el mundo en que vivimos, sus esperanzas y aspiraciones. He aquí algunos rasgos característicos del mundo moderno.

En días pasados, en entrevista, el cineasta Michael Moore, quien se considera a sí mismo como un gran pensador del mundo actual, no dudó en asegurar que se necesita inteligencia para ser feliz, y que la gente no es feliz precisamente por ser poco inteligente. Para Moore, la persona inteligente es rebelde, la inteligencia es rebelión; la persona inteligente decide por cuenta propia decir no o sí, u obedecer o no la ley. La persona inteligente no puede ser tradicional, no puede continuar adorando el pasado; no hay nada que adorar en el pasado, afirma, ya que la persona inteligente desea crear un futuro, desea vivir en el presente y su vivir en el presente es su manera de crear el futuro.

Como es de verse, el principal error de nuestra sociedad actual es pensar que todo cambio significa avance y que todo lo nuevo es sinónimo de evolución, por tal motivo y de manera recurrente la conciencia colectiva menosprecia lo establecido, lo convencional, sus propias conquistas, lo que le ha llevado hasta el lugar que ocupa.

Nuestra sociedad funda sus esperanzas de progreso en cualquier cosa que signifique cambio, aunque este termine siendo perjudicial para sí misma. Diariamente vemos en los medios de comunicación mensajes absurdos de personajes improvisados que se atreven a dar consejos a toda personas; mensajes sin fundamento que sugieren la felicidad, alentando al hombre común a buscar un cambio en su vida como requisito indispensable para ser pleno, por lo que constantemente le proponen dejar de someterse a cualquier regla social.

De igual forma, las redes sociales se encuentran atiborradas de equivocados mensajes de supuesta felicidad, que invitan al ser humano a comportarse como mejor le plazca; a ser él mismo ante cualquier circunstancia y a disgusto de los demás; buscar todo cambio en cualquier sentido y a abandonar lo establecido y lo seguro como muestra de valentía y éxito, ya que según se dice: “nadie merece vivir en la monotonía”.

Con estos mensajes se alienta a las personas a aventurarse a buscar la felicidad en cualquier otro lugar, siempre lejos del sitio en que actualmente se encuentra. No hay nada más erróneo que esto, ya que quien abandona lo que tiene y se deja llevar por un impulso termina invariablemente
lamentándolo.

Sin duda, el deseo desmedido de cambio que persigue la conciencia colectiva o sociedad global, la ha llevado a tomar las más absurdas decisiones, que la pone al borde del despeñadero, esto en consecuencia de que el ser humano pretende cambiar el mundo, sin haber antes vislumbrado a dónde dirige su rumbo.

Gandhi, principal precursor de cambios en su sociedad, sostenía: "Sé el cambio que quieres ver en el mundo", lo que evidentemente nuestra sociedad ha olvidado…
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