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Ricardo Torres
Ricardo Torres
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18 Noviembre 2016 04:00:00
La sociedad del riesgo (2)
Las decisiones erróneas de la sociedad actual nos ponen en la necesidad de tratar de encontrar las causas del porqué el mundo moderno insiste en lastimarse y buscar la fatalidad, acciones como la equivocada salida de Gran Bretaña de la Unión Europea (el Brexit); el fracaso del acuerdo de paz en Colombia; los triunfos de Donald Trump, Hugo Chávez y Peña Nieto, indican que nuestra sociedad se encuentra en una profunda crisis o depresión generalizada.

Pareciera ser que el hombre moderno, a pesar de sentirse engrandecido por sus logros, sigue sin resolver las interrogantes sobre su misión en el mundo, en el universo o si tienen o no sentido sus esfuerzos, incluso sobre el destino de la humanidad.

Para muchos sociólogos el desequilibrio del mundo moderno deviene principalmente de las permanentes luchas que se libran en el interior del mismo hombre al sentirse limitado en sus deseos, ya que por un lado su naturaleza le llama a una vida superior, mientras que en la realidad tiene que elegir y renunciar a la mayoría de sus sueños, es decir que día con día el hombre debe hacer lo que no quiere y deja de hacer lo que querría llevar a cabo. Por ello siente en sí mismo la división, lo que provoca tantas discordias en la sociedad.

El sociólogo contemporáneo, canadiense de nacimiento, Erving Goffman, afirma en su obra La Presentación de la Persona en la Vida Cotidiana, que el hombre en su intento desesperado por dar a la vida un sentido exacto, termina por coincidir con quienes aseguran que la existencia carece de todo valor y optan por darle un sentido puramente subjetivo, todo esto ante la imposibilidad de responderse las preguntas más fundamentales que den un verdadero sentido a la vida: ¿Qué es el hombre? ¿Qué puede dar el hombre a la sociedad? ¿Qué puede esperar de ella? Y al no encontrar solución ha decidido saltar al vacío, con la esperanza de encontrar en su camino vertiginoso de descenso, algún motivo cierto que le provoque luchar por permanecer en lo establecido por nuestros antepasados.

Es evidente que la humanidad se encuentra hoy en un período nuevo de su historia, el cual es caracterizado por cambios profundos y acelerados sin sentido, que progresivamente se extienden al universo entero. Sin temor a equivocarme, he de sostener que la principal causa de la descomposición social ha sido su propia inmadurez, la cual le evita manejar sus avances científicos y lo mantiene atrapado en una constante insatisfacción, es decir, los supuestos avances logrados por el hombre con su afán innovador, recaen luego sobre el mismo hombre, sobre sus juicios y deseos individuales y colectivos, sobre sus modos de pensar y sobre su comportamiento para con las realidades y quienes convive.

Este nuevo periodo de la humanidad, llamado por los historiadores era posmoderna, se puede identificar como: el periodo de la decadencia en los valores, de impulsiva rebeldía hacia lo establecido, de violencia generalizada en el individuo, de sentimientos de superioridad desmedidos, de la urgencia del cambio sin sentido, de la vanidad, del egoísmo, de la indiferencia. Que la mantienen sumergida en la amoralidad, lo que trajo como principal efecto un abrupto e innecesario cambio de paradigmas sociales, esto como un grave atentado a una sociedad estable, con su respectiva dosis de riesgo global.

En resumen: el filósofo inglés Thomas Hobbes, que aseguraba que el hombre es malo por naturaleza, egoísta y antisocial. Impulsado por un “perpetuo e incansable deseo de poder que cesa sólo con la muerte”, y que sostenía que los seres humanos únicamente buscan el beneficio propio y satisfacer sus propios intereses, aún en perjuicio de sus semejantes, no sólo tenía razón, sino que hasta se quedó corto con tal aseveración, ya que con los hechos recientes, descritos en líneas anteriores, nos lleva a concluir que el hombre no sólo es malo por naturaleza, sino que es tan malo, que su principal víctima es él mismo.
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