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Ricardo Torres
Ricardo Torres
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11 Noviembre 2016 03:00:00
La sociedad del riesgo (I)
Con una sorpresiva victoria, Donald Trump gana la Presidencia de los Estados Unidos de Norteamérica, como primera consecuencia los mercados internacionales y el mercado de futuros de Estados Unidos se desplomaron reflejando las preocupaciones de los inversionistas de lo que podría significar la Presidencia del misógino y racista magnate para la economía y el comercio mundial.

Inexplicablemente el candidato republicano, a pesar de ser un debutante en política y de no tener la mejor fama, capitalizó la descomposición social, la locura de nuestra generación, lo cual aprovechó en su camino a la Casa Blanca, todo esto a pesar de que su triunfo representa para los estadunidenses el revertir importantes logros del presidente Barack Obama.

Aunque usted no lo crea, y a pesar de que durante su campaña profirió amargos insultos racistas y directas amenazas en contra de la comunidad latinoamericana, aunado a la advertencia de reescribir importantes acuerdos comerciales con otros países, especialmente México y Canadá, un buen número de latinoamericanos apoyaron la propuesta del polémico candidato. De igual manera extraordinaria, los norteamericanos de cepa decidieron apoyarle a pesar de que él mismo prometió actuar rápidamente para derogar la ley de atención sanitaria y revocar el acuerdo nuclear con Irán.

Ejemplos de conductas inexplicables de las sociedades actuales tenemos varias y cada vez más comunes: la dolorosa salida de Gran Bretaña o Reino Unido de la Unión Europea (El Brexit); el referéndum por el cual se abortó el acuerdo de paz en Colombia; el triunfo de Hugo Chávez en Venezuela y el propio triunfo de Peña Nieto en México, nos lleva a concluir que la sociedad mundial atraviesa por una etapa de autoflagelación parecida a una depresión emocional generalizada, sólo así se podría explicar el porqué en los últimos tiempos, las sociedades han decidido optar por lo negativo, por lo que le pone en riesgo, le causa agravio o por lo que poco le edifica o le descompone.

En la búsqueda de una razón científica que logre explicar este novedoso comportamiento social, me di a la tarea de remitirme a las principales teorías publicadas por los más importantes sociólogos de la historia. Debo admitir que hasta el día de hoy creí fielmente en la premisa de que el hombre es bueno por naturaleza, esta frase es una afirmación de la autoría del eminente escritor e intelectual Jean-Jacques Rousseau en su novela Emilio o de la educación, publicada en 1762. En esta novela, Rousseau expone sus teorías de la educación y explica que el ser humano está orientado naturalmente para el bien, pues según decía, el hombre nace bueno y libre, pero la educación tradicional y la sociedad acaba por corromperlo. Rousseau se apoyaba en la tesis del buen salvaje, según la cual el ser humano, en su estado natural, original y primitivo, es bueno y cándido, pero la vida social y cultural, con sus males y sus vicios lo pervierten, llevándolo al de-sorden físico y moral. De ahí que considerase que el hombre en su estado primitivo fuese superior moralmente hablando al hombre civilizado.

Por otro lado, el filósofo inglés Thomas Hobbes (1588-1679) aseguraba que el hombre es malo por naturaleza, egoísta y antisocial. Impulsado por un “perpetuo e incansable deseo de poder que cesa sólo con la muerte”, los seres humanos únicamente buscan el beneficio propio y satisfacer sus propios intereses aún en perjuicio de sus semejantes. Es decir, para Hobbes, “el hombre es un lobo para el hombre”.

Hasta aquí ninguna de las premisas contenidas en las obras mencionadas pudiera considerarse certera, sin embargo, en la década de 1980 y bajo los efectos de la catástrofe nuclear de Chernobyl, el sociólogo alemán Ulrich Beck escribió su mejor obra a la cual denominó “La sociedad del riesgo”. El autor en este libro plantea que vivimos el pasaje de la modernidad industrial hasta la sociedad del riesgo (sociedad suicida), esto en consecuencia de la confrontación de la modernidad, con las consecuencias no deseadas de sus propias acciones. El desarrollo no regulado por el sistema político ha traído riesgos de una nueva magnitud, los cuales son incalculables, imprevisibles e incontrolables por la sociedad actual…
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