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Carlos Gutiérrez Montenegro
Carlos Gutiérrez Montenegro
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Psicólogo, Maestro en Enseñanza Superior por la Universidad Autónoma de Nuevo León, actualmente desarrolla su campo en la Universidad Pedagógica Nacional, Unidad Saltillo, como coordinador de investigación; en el Centro de Asesorías, A.C. como psicoterapeuta psicoanalítico; Asesor técnico del Centro de Investigaciones Psicopedagógicas, de la Dirección de Educación Especial de la Secretaría de Educación y Cultura del Gobierno de Coahuila; Productor de contenido del programa “De Frente” y editorialista del canal 7 RCG de televisión, además de articulista del periódico “Zócalo” de Saltillo. Algunos de sus escritos e investigaciones son: "PSICOANALISIS Y SOCIEDAD", publicado por la Universidad Veracruzana en 1982, el 'ESQUEMA DE LA PUBLICIDAD', también publicada por la Universidad Veracruzana en 1984, la 'ESCUELA PARA PADRES", publicada por la Secretaría de Educación Pública de Coahuila y el Instituto de Servicios Educativos del Estado de Coahuila, en 1993 (primera edición) y en 1994 (segunda edición). Además, la investigación llamada ‘ESTUDIO EXPLORATORIO Y PROSPECTIVA DEL PROGRAMA MECED EN EL ESTADO DE COAHUILA’, realizada en una colaboración conjunta de la UPN con el DIF Estatal y la Secretaría de Educación Publica de Coahuila y la investigación “ESTUDIO DE LAS CONDICIONES DETERMINANTES DE LA REPROBACIÓN EN LA UNIVERSIDAD TECNOLÓGICA DE COAHUILA”, de reciente publicación.

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18 Abril 2017 04:00:00
La soportable levedad de los pecados
La Semana Santa es ya lo que no debería ser: una fiesta en el placer de los sentidos en donde la comida, la bebida, el baile, el canto y la pereza se adueñaron de una gran parte de la población, aun llamada católica por los que hacen cuentas de cuantos hay aún en el mundo y que dicen México es la segunda potencia solamente atrás de Brasil. Incluso reportan que los más de 110 millones de habitantes de nuestro país tienen ese credo, dejando fuera las otras confesiones y todos aquellos, sobre todo de las nuevas generaciones, a quienes sus padres bautizaron pero que más adoran al becerro de oro que a otro símbolo (es un decir aplicable a los millenials, que sólo ven el Viacrucis como una saga para jugar en el Xbox One). Pero no todo está perdido (en el sentido de las tradiciones): en esta pasada Semana Santa aún se pudo ver a gente mayor haciendo los rituales desde los ayunos y oraciones hasta el peregrinar por las iglesias y la asistencia diaria a los oficios religiosos, buscando el perdón de sus pecados.

Si la Semana Santa tiene una utilidad concreta, más allá de las vacaciones y del cultivo del ocio, es de darse el tiempo de reflexionar sobre los pecados cometidos en la lucha por la vida, principalmente para las generaciones del siglo 20, para los cuales la idea de los pecados es un anzuelo que busca pescar mediante las culpas a la gente que cree en ellos. Pecar en este siglo es una noción tan desgastada que solamente tiene sentido para la gente educada en una visión rígida y cerrada de la fe que no acepta el análisis de los hechos y la explicación de las causas de los actos que nos mueven en la vida diaria. Las nuevas generaciones han cambiado los conceptos del pecado y se han liberado de esa sensación de culpabilidad tan común en los adultos mayores, aunque la culpa sigue teniendo su lugar en los sustratos psíquicos inferiores de las personas de nuestro tiempo

Los adultos que fueron educados a vivir bajo un estricto código moral, antiguo y prohibitivo que les genera una gran cantidad de culpas, se ven obligados a descargarlas mediante los rituales religiosos tan abundantes en esa Semana Santa. Pero el educar en la culpa no detiene en nadie el deseo del placer, sino que tan sólo lo hace sucio y le impide su disfrute pleno. Por eso, cuando la prohibición es irracional el anhelo de satisfacer el deseo lo convierte en perversión, que generalmente es reprimido hasta que explota y se presenta sin control surgiendo como síntoma, como pecado.

Dice Skinner, uno de los fundadores de la moderna psicología del conductismo, en un libro clásico titulado Más Allá de la Libertad y la Dignidad, que un estado que transforma a todos sus ciudadanos en espías o una religión que fomenta el concepto de un dios omnividente hacen prácticamente imposible eludir a quien castiga, y las contingencias punitivas adquieren entonces su máximo grado de eficacia. La persona se comporta bien aunque no exista una supervisión visible”. Durante siglos, estas dos estrategias controlaron de manera muy efectiva la conducta social de los pueblos que las aplicaron. Si su vecino siempre lo vigila o su dios siempre lo observa, todo lo que haga podrá volverse en su contra y será siempre víctima de sus acciones.

Y puesto que, como dice Ernest Renan, “No se sale jamás inmaculado de la lucha de la vida”, habrá algún acto que le pondrá en riesgo de sufrir castigo, en esta vida o en la otra, así que aprovechando estos días santos los penitentes se aseguraron de conseguir el perdón por miedo, no por la convicción de culpas que no logran tener claras.

En contrapartida, los nietzscheanos, los relajados millenials y algunos de la generación X encontrarán sus culpas cuando las quincenas no les alcancen, las tarjetas de crédito estén a reventar o cuando vean que sus fotos en Facebook no alcanzaron cantidades satisfactorias de Me Gusta como para sentirse orgullosos de sus vacaciones.
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