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Ricardo Torres
Ricardo Torres
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19 Febrero 2016 04:00:14
La sorpresa del Santo Padre
El pasado Jueves, en Ciudad Juárez, Jorge Mario Bergoglio, mejor conocido como el papa Francisco, una vez que concluyó su misa, abordó su Papamóvil para dirigirse al aeropuerto Abraham González y tomar el avión que lo llevaría de vuelta a Roma.

Al final de la Eucaristía, el Santo Padre se despidió de los mexicanos con unas sentidas palabras en las que afirmó que: “México es una sorpresa”.

Y como no, si él mismo vio que tanto a su llegada como en su despedida fue acompañado por el Presidente de México, Enrique Peña Nieto, y su esposa Angélica Rivera, y durante su estancia el Gabinete completo que integra la Administración pública federal fue obligado a comulgar con él, para luego besarle el anillo papal.

De igual forma, Su Santidad dio cuenta durante su visita del desfile de gobernadores de varios estados, entre ellos el nuestro, que acompañados por sus esposas acudieron a saludarle, para tomarse la foto con él.

Probablemente la “sorpresa” más grande que se llevó el papa Francisco fue que todo lo anterior sucediera sin recato y a pesar de que el Artículo 40 constitucional reza: Es voluntad del pueblo mexicano constituirse en una república representativa, democrática, laica y federal, compuesta por estados libres y soberanos en todo lo concerniente a su régimen interior, y por la Ciudad de México, unidos en una federación establecida según los principios de esta ley fundamental. Y que a pesar de esto el estado laico que mandata dicho artículo, haya destinado una gran cantidad de recursos públicos para la preparación de su llegada y estadía en nuestro país.

De igual forma, políticos reconocidos como Andrés Manuel López Obrador y los dirigentes de diversos partidos políticos no desaprovecharon la oportunidad de saludarle y regalarle medallitas y otros presentes.

Es por lo anterior que me atrevo a señalar que el artículo constitucional, que se refiere a la laicidad del Estado, se encuentra en el proceso de quedar como letra muerta, y así como el Papa dejó México, nuestros políticos dejan la obligación de observar en sus acciones el cumplimiento de este principio constitucional, igual que han dejado de observar muchas otras cosas, como lo son el resguardar las instituciones y las leyes de cualquier influencia religiosa, que es precisamente a lo que se refiere el multicitado precepto legal.

Incluso, me atrevo más y señalo que: sí a la fecha vivieran Juárez, Sebastián Lerdo de Tejada, José María Iglesias, Valentín Gómez Farías e Ignacio Comonfort, principales supresores de los fueros del clero y la milicia, la prohibición del cobro de derechos, subvenciones y el diezmo de las iglesias y la desamortización de bienes eclesiásticos, así como la nacionalización de bienes eclesiásticos, el matrimonio civil, el registro civil, la secularización de cementerios, la supresión de días festivos, la exclaustración de monjas y frailes, la supresión de los conventos y por último la Ley sobre Libertad de Cultos, en la que se prohibía la celebración de cualquier acto solemne religioso fuera de los templos sin el debido permiso de la autoridad política, estos sin duda se volverían a morir.

Pero sobre todo quienes han sido conscientes de que el laicismo no es una opción, sino una condición inmanente a la democracia, tanto como lo es el mismo sufragio.

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