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Salvador García Soto
Salvador García Soto
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Salvador García Soto es periodista. Nació en Guadalajara Jalisco, donde cursó la licenciatura en Ciencias y Técnicas de la Comunicación en la Universidad del Valle de Atemajac. En Guadalajara colaboró en varios medios locales y en oficinas de los gobiernos estatal y federal. Fue reportero de la fuente política en El Heraldo de México y en el diario La Crónica de Hoy. Desde 1998 escribe la columna política Serpientes y Escaleras que se ha publicado en los periódicos La Crónica, El Independiente y actualmente en el Universal Gráfico. Fue director general de Crónica y ha colaborado en revistas como Vértigo y Cambio. Durante dos años fue conductor del programa Cambio y Poder que se transmite por Cadena Raza y desde noviembre 2003 colabora en W Radio como comentarista del noticiario Hoy por Hoy tercera emisión y en el programa El Weso.

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03 Septiembre 2016 04:00:02
La torpeza de Videgaray y su fallido ‘win-win’
Cuando el poderoso secretario de Hacienda, Luis Videgaray, convenció al Presidente de su “genial” idea de invitar a México a Donald Trump, le aseguró que traer al candidato republicano era una jugada “win-win”. No sólo ganaría Peña Nieto, al dialogar con el magnate que “podía ser presidente de Estados Unidos” y darle información sobre el intercambio comercial entre los dos países, sino que también ganaría Trump al matizar su postura antiinmigrante y antimexicana con una visita al país al que tanto había criticado.

De hecho, en la estrategia diseñada y operada por Videgaray a espaldas de la canciller Claudia Ruiz Massieu y con el apoyo del jefe de la Oficina de la Presidencia, Francisco Guzmán, aunque se mandó también invitación a la candidata demócrata, Hillary Clinton, el verdadero interés y la prioridad era lograr que Trump viniera a México, porque de esa manera –decía el maquiavélico titular de Hacienda– se mandaría “un mensaje de apertura al diálogo y estabilidad a los mercados financieros”, que veían con preocupación un posible triunfo del abanderado republicano en las elecciones del próximo 8 de noviembre.

Pero con la visita de Donald Trump ocurrió de todo, menos el “win-win” pronosticado por el secretario de Hacienda. Al presidente Peña Nieto no sólo le llovieron las críticas y reclamos airados de la oposición y hasta de sus propios compañeros del PRI, sino que en las calles del país, en las redes sociales, los medios y en general en el ánimo de la gente, la invitación al repudiado candidato republicano desató los peores comentarios y la indignación popular al interpretar como una ofensa no sólo la presencia del personaje en la residencia presidencial de Los Pinos, sino como “debilidad”, “sometimiento” y “falta de valor” el tono empleado por el Presidente al responder a los ataques y agresiones que por más de un año ha dedicado Trump a los mexicanos.

Y mientras aquí la pretendida “ganancia” política se transformaba en la más fuerte crisis para el Gobierno de Peña Nieto y se hablaba de la visita como “burla y ofensa para México” –al grado de que senadores de oposición como Alejandro Encinas lanzaban en redes sociales llamados a discutir “la remoción del Presidente”– en los Estados Unidos a Donald Trump tampoco le reditúo ninguna ganancia su fugaz presencia en territorio mexicano.

Al republicano lo tundieron desde sus contrincantes demócratas, que hablaron de una “paliza” para el magnate en México, hasta los analistas y observadores que cuestionaron la “doble personalidad” del republicano que, “como el doctor Jekyll y Mr. Hyde” fue uno en la presidencia mexicana y otro totalmente distinto en su discurso sobre migración en Arizona pronunciado el mismo día, con diferencia de apenas unas horas.

Ni siquiera los mercados, a los que pensaba impactar Videgaray con su fallida incursión diplomática, mostraron ningún signo positivo ante la sorpresiva visita, y más bien las críticas rebasaron el ámbito nacional y se convirtieron en un tema internacional de burlas y cuestionamientos para el Gobierno mexicano que, con su extraña invitación, decían los medios de otros países, “fue utilizado por Donald Trump en su estrategia de campaña”.

Apoya Peña a Videgaray y pide “cerrar filas”. Con todo, la responsabilidad de la peor crisis política y diplomática para Peña Nieto –cuyas consecuencias aún no se conocen totalmente por los posibles daños en la relación con la candidata demócrata y con el mismo Gobierno de Barack Obama al que nunca se informó de la invitación a Trump– parece que no tendrá consecuencias para el influyente secretario de Hacienda. La noche del jueves, cuando ya el tema de Trump y su visita cobraba dimensiones críticas para el gobierno mexicano, el presidente convocó a una reunión de gabinete de “emergencia” para apaciguar los ánimos y dejar instrucciones a su equipo ante su salida este viernes al mediodía rumbo a China.

“Hay que defender la visita. Tenemos que cerrar filas todos con la decisión que se tomó y esperar a que bajen las críticas y que se entiendan los beneficios”, les habría dicho Peña Nieto a su equipo reunido en Los Pinos. Con ese mensaje, el Presidente buscaba también poner fin a las tensiones que generó el lance diplomático de Videgaray que, según publicó ayer la columna Bajo Reserva de El Universal, causó la molestia de la canciller Claudia Ruiz Massieu que no fue avisada de las gestiones realizadas por el titular de Hacienda a través del yerno de Trump, Jared Kushner.

La oposición de Ruiz Massieu y su equipo primero a la visita y luego a que el Presidente saliera junto a Trump a dar un mensaje en Los Pinos, ocasionaron tal tensión que la canciller amagó con renunciar al cargo ante la injerencia de Videgaray en su campo de trabajo.

Otras versiones periodísticas narraron también la oposición mostrada por el secretario de Gobernación, Miguel Osorio, quien incluso habría sugerido al Presidente cancelar la visita antes del miércoles y habría ofrecido él dar la cara ante la cancelación.

Pero todas esas muestras de rechazo en el gabinete a la “idea genial” de Videgaray, y la posterior crisis en que metió al Presidente y a todo el Gobierno, fueron desoídas por el presidente Peña Nieto que, con su respaldo al secretario de Hacienda, confirmó no sólo el poder enorme que ejerce sobre él, sino la confianza ciega que le profesa a su polémico hombre fuerte que, en su ambición de poder, quiso jugar al diplomático y terminó dinamitando la poca credibilidad e imagen que le quedaba a este Gobierno y a su Presidente.
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