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Yuriria Sierra
Yuriria Sierra
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22 Agosto 2015 03:00:14
La tragedia griega y el dólar a 17
En 2010, Grecia solicitó su primer rescate, fue por 110 mil millones de euros. Intentaba volverse un deudor moroso. Al siguiente año, ya estando en recesión, solicitó un segundo rescate, pidió 130 mil millones. En ese periodo, quien fungiera como su primer ministro, Georgios Papandréu, dejó su cargo al no tener éxito en su petición de un referéndum sobre la deuda griega. En 2012, hicieron un moche a su valor nominal, por un 53.5% de los bonos; 12 meses después, su nivel de desempleo llegó a una taza de 27.5%, y más de una cuarta parte de los ciudadanos en edad productiva no tenían empleo. A esos niveles estaba hace un par de años. En 2014, de manera histórica, Syriza, la coalición de izquierda, logró la mayoría en la Cámara de Diputados, convirtiéndose en la primera fuerza política del país.

El descontento que la derecha gobernante había sumado se convirtió en el capital político de Syriza, y su mayoría legislativa fue apenas el inicio. En enero de 2015, Alexis Tsipras llegó al cargo de primer ministro y Syriza lograba otro triunfo. Pero en febrero se lanza un ultimátum: o acepta aplicar reformas económicas o no se le ampliaría más la asistencia financiera; el pronóstico era que para abril el país se quedaría sin fondos. Justo en ese mes, el FMI le anuncia que debe pagar 200 millones de euros el 6 de mayo, y otros 750 millones una semana después.

En junio, Grecia negocia pagar los cuatro vencimientos que tenía pendientes, y que correspondían a un monto de mil 600 millones de euros. Tsipras convoca a un referéndum para que el pueblo decida si aceptaba o no la propuesta de las nuevas reformas. La tragedia griega no se detenía. La gente deseaba sacar dinero de los cajeros automáticos que debieron ser cerrados. Hasta ayer, el Banco Mundial confirmaba el pago de Grecia por 3 mil 400 millones de euros.

Al mismo tiempo, Tsipras anunciaba su dimisión. Es probable que en las nuevas elecciones, en las que seguramente participaría –y ganaría de nuevo– trataría de “sacudirse” a los más radicales de encima, para intentar poner un poco de orden que la Toika esperaba, tras el más reciente rescate del país. “Sé que no logramos todo lo que prometimos al pueblo griego, pero hemos salvado al país, diciendo a Europa que la austeridad debe terminar...”, fueron las palabras con las que se despidió.

Tsipras entendió que la estrategia de confrontación permanente terminaba en populismo. Y que el populismo iba a representar más penurias para el pueblo griego. Puso muchos temas relevantes sobre la mesa, pero sabe que tiene que reencauzar a Grecia hacia el terreno de la estabilidad.

Es cierto que el capitalismo comete muchos excesos. Pero la forma de resolverlos no es el incendio. Tras el incendio sólo quedan ruinas, cenizas y humo. En Latinoamérica hay ejemplos claros, como Venezuela. Ni el capitalismo encuentra los caminos, ni el extremo radicalismo ha logrado equilibrar a las economías que lo utilizan como estrategia para librar las crisis que genera el primero. Y la evolución del mundo y los mercados exigen que se comiencen a trazar nuevas líneas de ejecución, contención, redistribución, que eviten lo que hoy tenemos: una crisis permanente que está afectando no sólo a Grecia. Ayer, por ejemplo, llegamos a un nuevo tope histórico: 17 pesos con 10 centavos por cada dólar.

Pareciera que la imaginación del ser humano llegó al punto del vacío: ¿en serio nadie tiene una propuesta sensata para resolver el gran tema que tiene al capitalismo contra las cuerdas? Mientras continúe a nivel global la tremenda especulación financiera, la acumulación de capitales nos llevará (otra vez) a lo que Marx diagnosticó: la implosión del sistema por una crisis de abundancia. (Aunque su propuesta para resolverlo, ya lo vimos, no sirvió de nada).

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