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Ricardo Alemán
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09 Marzo 2017 04:00:00
La transa del INE para 2018
Como saben algunos ciudadanos, la Cámara de Diputados seleccionará a tres nuevos consejeros del INE, que deberán estar en funciones a más tardar el 4 de abril próximo.

Queda claro que el procedimiento legislativo es vital para garantizar la calidad y legitimidad del proceso electoral federal de 2018; elección de la que saldrá el nuevo Presidente de los mexicanos.

Por esa razón, son muchos los intereses que tratan de “meter la mano” para imponer a uno, dos o los tres nuevos consejeros y, con ello, garantizar que el árbitro electoral pudiera favorecer a tal o cual partido o candidato; a Tirios o Troyanos.

Lo curioso es que, a 25 días del desahogo del proceso, ya es posible ver las “manos negras” y el “plan con maña” que se teje en torno a la elección de los nuevos consejeros. Parece una transa del INE para 2018.

Pero lo ridículo es que la trampa se teje a partir de los intereses personalísimos y electorales del presidente del INE, Lorenzo Córdoba, quien de manera grosera actúa como juez y parte. Y si lo dudan, van las pruebas.

Para designar a tres nuevos consejeros del INE, la Cámara de Diputados integra el Comité Técnico de Evaluación (CTE), que se encargará de evaluar y seleccionar a los aspirantes a consejeros. Al CTE concurren siete integrantes, tres propuestos por la Junta de Coordinación Política (Jucopa) de la propia Cámara, además de dos –respectivamente–, del Instituto de Acceso a la Información INAI y la CNDH. Nadie sabe por qué en un tema electoral participan esos dos órganos autónomos, estrechamente vinculados con la UNAM.

Lego de distintas evaluaciones de los 152 aspirantes inscritos –como un examen a realizarse mañana viernes y una entrevista personal–, el Comité Técnico de Evaluación presentará a la Jucopa de la Cámara de Diputados, tres quintetas de aspirantes, para que los diputados elijan a un futuro consejero, de cada una de las tres quintetas. Ese es el procedimiento legal.

¿Y la trampas? ¡Calma…! La trampa está en los siguientes momentos.

1.- Los indicios de trampa aparecen al integrar el Comité Técnico de Evaluación (CTE), cuyos miembros obedecen a un perfil negociado entre el presidente del INE, la Junta de Coordinación Política de la Cámara de Diputados y diversos grupos universitarios. ¿Lo dudan?

Resulta que cinco de los siete integrantes del CTE tienen estrechos vínculos profesionales o académicos con el Instituto de Estudios para la Transición Democrática (IETD) –al que pertenecen los consejeros Lorenzo Córdoba, Ciro Murayama y el jefe de asesores de Córdoba, Luis Emilio González Cacho–, y con el Instituto de Investigaciones Jurídicas (IIJ) y la Facultad de Derecho de la UNAM, de donde la gestión de Córdoba ha nutrido al INE.

2.- Esa composición de cinco amigos de Córdoba en el Comité de Avaluación –César Iván Astudillo Reyes, Sergio López Ayllón, María Leoba Castañeda, José de Jesús Orozco Henríquez y Jorge Islas López–, garantizará al presidente del INE que por lo menos dos de los tres consejeros a elegir sean afines a su grupo. Y, curiosamente, en el grupo también aparece el influyente exrector, actual secretario de Salud y repentino aspirante presidencial, José Narro, promotor de los presidentes de la CNDH y del INAI. ¡Puras casualidades!

3.- De los 152 aspirantes que buscan ser consejero del INE, llegarán a la semifinal no más de 50, que reúnen los requisitos, ya que son o han sido consejeros estatales, empleados del propio INE, magistrados o exmagistrados electorales. Es curioso que por lo menos 40 de los 50 finalistas también pertenecen al grupo de Lorenzo Córdoba y José Narro. Es decir, la coartada casi perfecta.

El consejo general del INE lo integran un total de 11 consejeros. Para los primeros días de abril, dejarán el cargo Arturo Sánchez, Javier Santiago y Beatriz Galindo.

El grupo compacto del presidente del INE lo integraban el propio Lorenzo Córdoba, Ciro Murayama y Arturo Sánchez. Y, con mucha frecuencia, Enrique Andrade se sumaba a sus posturas, a pesar –o por eso–, de sus vínculos con el PRI.

Con la salida de Arturo Sánchez –uno de los tres sustituidos–, el presidente del INE jefatura sólo tres consejeros –Córdoba, Murayama y Andrade–, el cual se podría convertir en hegemónico con la llegada de dos –de los tres–, nuevos consejeros.

Dicho de otro modo, el presidente del INE trabaja para ser el jefe de un poderoso grupo de cinco consejeros del INE –muy cerca del 50% de los 11 integrantes del Consejo General–, con lo que tendrá en su mano la elección presidencial de 2018.

¿Y dónde quedarán la certeza, legalidad, transparencia, imparcialidad… del INE. ¿No es manipulado para fines personales?

Al tiempo.
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