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Vicente Bello
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04 Septiembre 2018 04:00:00
La última carcajada del sexenio
Una carcajada que comenzó en agosto de 2008 -cuando Felipe Calderón Hinojosa y el PAN y el PRI reformaron el 69 constitucional para quitar la obligatoriedad del presidente de la República en apersonarse ante el Congreso para la entrega de su informe anual de gobierno- ha vuelto a cimbrar a la República.

Obsequiosos acaso para contribuir con la transición aterciopelada que desea Andrés Manuel López Obrador, ayer, a la presentación de dicho informe de gobierno asistieron los nuevos presidentes de mesas directivas de San Lázaro y del Senado.

Pero la presencia de los dos opositores al régimen –Porfirio Muñoz Ledo y Martí Batres Guadarrama- no fue suficiente para que el informe presidencial evitara hundirse todavía más en el descrédito y en la simulación de una rendición de cuentas que no aparece por ningún lado.

Las caras de palo de Muñoz Ledo y de Batres Guadarrama contrastaban, sin embargo, con la teatralidad del presidente Peña, a todas luces grotesca hasta en el momento de saludar y agradecer a quienes respondieron a su invitación a Palacio Nacional.

Gerardo Fernández Noroña y un grupo de seguidores de Morena intentó ingresar por la puerta principal, pero se toparon con viejos conocidos: Guardias del Estado Mayor Presidencial.

Muy temprano en la Legislatura incipiente para recibir las contundentes mentadas de madre que recibieron Porfirio y Martí. Fernández Noroña y el grupo de morenistas que le acompañaba aspiraba a dos cosas: Ingresar al patio donde Peña Nieto recibió a sus invitados y protestar en los términos que se le conoce.

Pero no lo dejaron pasar. Y cuando, muy cerca de donde estaba, pasaron Porfirio y Martí sin reparar en él, el ahora diputado petista los cuestionó a grito abierto, recriminándoles su decisión de asistir a un informe, que de informe presidencial solo tiene el nombre.

Y era entonces cuando voces de quienes acompañaban a Noroña se cebaban sobre los presidentes de mesa directiva: “Traidores”… “hijos de…”

El informe de Enrique Peña Nieto despedía el tufo de la propaganda y el autoengaño. Verbigracia: “A la siguiente administración le entregaremos un país con importantes fortalezas”, aseguraba.

Y se ponía entonces a e enlistar: “Estabilidad política, social y económica. Finanzas públicas sanas, con 78 por ciento más de contribuyentes (respecto de) hace seis años y una deuda manejable y en tendencia decreciente.

La inflación más baja para un sexenio desde hace casi 50 años. Nuevos empleos formales que crecen a un ritmo de 800 mil por año. Un nuevo modelo energético que nos permite recuperar nuestra condición de potencia en este sector y liberar recursos públicos para fines sociales. La mayor inversión extranjera directa de nuestra historia por 192 mil millones de dólares a la fecha, además de inversiones ya comprometidas por casi 200 mil millones de dólares tan solo en el sector energético”.

Quienes ahí lo escuchaban le aplaudían. Sin duda, percibieron los invitados el tono tristón de quien se despide. Hubo un instante en que a Peña parecía que se le humedecieron los ojos. Así sucedió, de hecho, con sus hijas y su esposa, a quienes tenía ante sí entre las primeras filas de invitados.

En medio de los hieráticos rostros de Porfirio y Martí, Peña Nieto continuó con su despedida: “Los menores porcentajes de pobreza y de carencia sociales desde que se tiene registro, un nuevo modelo educativo que se aplica en las aulas a partir de este ciclo escolar, proyectos de telecomunicaciones en marcha, el doble de la capacidad portuaria que existía al inicio de este gobierno, una renovada red carretera y proyectos ferroviarios y aeroportuarios de gran escala y un conjunto de tratados comerciales de nueva generación y relaciones estrechas con todos los países con los que compartimos principios e intereses”.

Se sentía solo, sin duda. Una muestra de ello fue cuando un nudo en la garganta le quitó un instante la voz, justo cuando intentaba “agradecer a México” su “ánimo y energía”. Y cuando decía: “Para mantener la entereza y el coraje necesarios en la conducción de la República”...

Más allá de los tonos y sentimientos de un presidente que, súbitamente, se está reconociendo a sí mismo como un caminante a mitad del desierto, su informe presidencial volvió a causar furor en el sector más recalcitrante de la otrora oposición.

Un Fernández Noroña que, a no dudar, se siente muy a gusto en el paradigma del opositor, se ha ido, furibundo, contra sus compañeros, por haber ido y legitimado el sexto informe presidencial.

Ayer mismo, casi al anochecer, los diputados de Morena Mario Delgado Carrillo y Pablo Gómez Álvarez informaron, en conferencia, que la Glosa o análisis del informe presidencial comenzará desde el pleno de los 500 diputados este jueves 6 con el análisis de la política social; el martes 11, debatirán sobre la política interior; el jueves 13, sobre política económica; el martes 18, sobre política exterior.

Y en los próximos días, darán a conocer el calendario de comparecencias de los secretarios encargados de despachos presidenciales. Dependerá de las ocupaciones que tengan estos.

Se esperaba más, dentro y fuera de los territorios del Congreso, en materia de rendición de cuentas. Y la glosa del sexto informe podría ser oportunidad para practicar una revisión diferente.

Se esperaba que hoy, martes, se instalara la Junta de Coordinación Política en San Lázaro y que Morena se quedara con los tres años; pero todavía no consigue llegar a los 251 curules. El jueves reciente tenía 247. Ayer, al parecer, tenía menos de 247.

El jueves será el último día para ver si Morena consigue la mayoría absoluta.
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