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Gerardo Hernández
Gerardo Hernández
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05 Junio 2019 04:00:00
La última llamada
José Narro puede representar no solo la opción formal y sensata del PRI, sino también la única para sobrevivir y plantarle cara a un presidente fuerte como López Obrador. El partido de Salinas de Gortari y de Peña Nieto no murió de muerte natural, sino por atropellamiento… en las urnas. Morena le pasó por encima con 30 millones de votos. El exrector de la UNAM niega ser el candidato de Peña –menos aún de AMLO, con quien simpatizó en las elecciones de 2006– y refuta, contra toda evidencia, la muerte de su partido en las elecciones del año pasado.

Narro acepta que el PRI necesita recuperar la confianza ciudadana, mas no lo logrará mientras se ande por las ramas y no llame a las cosas por su nombre. Los corruptos y “los priistas que no le cumplieron al partido desde las estructuras de gobierno” tienen rostro y apellido.

En medio de la tempestad, el secretario de Salud de Peña Nieto –el peor presidente de las alternancias– supone que el castigo ciudadano es pasajero y que el PRI, en la elección de su nueva dirigencia, todavía tiene margen para volver a equivocarse sin pagar las consecuencias: “Yo no veo que esta sea la última oportunidad, pero sí tengo que decir que se vive un momento muy complicado, muy complejo, y que sí tiene que transformarse, de fondo, en serio, no solo de superficie” (El Norte, 21-05-19).

Para persuadir a una militancia renuente y desmoralizada, mucha de la cual ha emigrado a Morena (Fernando Castro, exsenador y exembajador de México en Argentina, y la exdiputada federal Nancy Sánchez, renunciaron al PRI para apoyar al morenista Jaime Boinilla, quien le ganó al PAN la Gubernatura de Baja California), Narro necesita articular una propuesta crítica y a tono con la realidad. Ser complaciente como José Antonio Meade, quien ponderó a los Moreira sin reparar en la deuda ilegítima, las empresas fantasma, las masacres y los miles de desaparecidos, podría permitirle obtener la presidencia del PRI, mas no el voto ciudadano. En Coahuila, AMLO aventajó a Meade por un cuarto de millón de votos.

La coordinadora de la campaña del candidato de la coalición Todos por México era Carolina Viggiano, esposa del entonces secretario de Organización del PRI, Rubén Moreira. ¿Cómo iban a votar los coahuilenses por ellos? Narro no carga con ese lastre. El tándem Viggiano-Moreira juega en el equipo contrario, el del gobernador de Campeche Alejandro Moreno. En el acalorado consejo político del 6 de junio, Viggiano acusó a Narro de advenedizo, y lo invitó a conocer el partido antes de aspirar a dirigirlo (Reforma, 7-05-19).

Narro es la mejor opción para dirigir al PRI. Además de pertenecer a una generación anterior a la de Peña y a la de su panda de gobernadores, su de-sempeño en el Gobierno federal y en la rectoría de la UNAM, en dos periodos, le dieron respetabilidad y prestigio. No es un político brillante ni está exento de dobleces, pero tampoco se ha visto envuelto en escándalos a pesar de haber formado parte de un gobierno en el cual México cayó 33 lugares en el Índice de Percepción de la Corrupción de Transparencia Internacional.

Nacido en Saltillo en 1948, Narro desarrolló su carrera en Ciudad de México y obtuvo reconocimientos de la Organización Mundial de la Salud y el Unicef. Como coahuilense tiene un compromiso ineludible con el estado. Denunciar la corrupción del moreirato y repudiar su legado es lo menos que puede hacer quien aspira a recuperar la confianza ciudadana para revivir un partido de cuya muerte, al parecer, es el único que no se entera todavía.
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