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Juan Latapí
Juan Latapí
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18 Junio 2017 03:10:00
La última palabra
RESULTA DIFÍCIL NEGAR QUE EL pasado proceso electoral estuvo plagado de irregularidades que nos han decepcionado, desilusionado y dividido; pero también resulta difícil entender a quienes sostienen que dicho proceso fue legal, derecho, limpio, y que si alguien no está de acuerdo, que acuda ante la Fepade para presentar sus denuncias e impugnaciones. Así nomás.

SIN EMBARGO, LA FEPADE ESTÁ lejos de ser lo que debería ser. Hace cuatro días el investigador del CIDE, Leonardo Núñez González, comentaba en el noticiero de Carlos Puig, que en el paquete de auditorías que entregó la Auditoría Superior de la Federación, en febrero pasado estaba incluida una investigación a la PGR y en particular a los delitos electorales.

DICHA INFORMACIÓN CORRESPONDE AL DESEMPEÑO en 2015, cuando hubo elecciones de 500 diputados, 9 gobernadores, 641 diputados locales, 1009 ayuntamientos y 20 juntas municipales.

EN ESE AÑO LA FEPADE recibió 3,376 denuncias, en el que hubo 2,685 actas circunstanciadas y de las cuales sólo se despacharon 56; de dichas actas sólo 21 avanzaron para ser averiguación previa y 25 de ellas se enviaron al archivo. Es decir, sólo 0.7 por ciento de las actas de delitos se convirtieron en averiguaciones previas. Las 2,694 actas restantes se quedaron en trámite.

DE ESAS 21 AVERIGUACIONES PREVIAS que se hicieron en 2015 se añadieron a las anteriores para sumar 961 averiguaciones previas consignadas. De estas sólo se ejerció la acción penal en 50 ocasiones. Es decir, en 0.52 por ciento de las ocasiones que se abre una investigación la Fepade inicia un proceso de litigio para sancionar.

FINALMENTE –DECÍA NÚÑEZ GONZÁLEZ- MIENTRAS en 2006 el 55.9 por ciento de las acciones terminaban en un auto de formal prisión o sujeción a proceso, en 2015, el promedio cayó a 5.2 por ciento.

CON ESTOS DATOS SE PONE en duda el desempeño de la Fepade y hacen suponer de que hay plan con maña para desalentar la cultura de la denuncia. Y si a ello se le suma la también sospechosa apatía del INE, se elimina la certeza electoral y se pierde la confianza.

SIN EMBARGO, ANTE EL DESASEO electoral, hay algunas voces –como la de la analista política María Amparo Casar- que plantean diferentes propuestas para recuperar esa confianza, tales como la segunda vuelta, la desaparición de los institutos estatales electorales –como el tan cuestionado IEC-, la disminución de los recursos que se dedican a los procesos electorales (autoridades y partidos incluidos), el monitoreo puntual del gasto de gobiernos estatales y secretarías de Estado para impedir su desvío a las elecciones, la prohibición del uso de dinero en efectivo en las campañas, el cambio en la relación medios-política, la sensible mengua de los spots publicitarios que se regalan a los partidos, el castigo al espionaje político, el blindaje de los programas sociales y la publicidad de las trayectorias de los candidatos, entre otras.

RESPECTO A LOS SISTEMAS CON segunda vuelta –señala la maestra Casar-, si en la primera vuelta ningún candidato logra 50 por ciento —como suele suceder— los partidos se agrupan para, en una segunda oportunidad, ganar la Presidencia o la Gubernatura. Los dos partidos que llegan a la boleta de la segunda vuelta tienden a buscar una alianza con los partidos que fueron “descartados” y compiten ferozmente por su apoyo. Para ello, el partido que quiere ganar debe ofrecer a los perdedores algo: naturalmente carteras en el gabinete y un programa de gobierno -administrativo y legislativo- que incluya al menos parte de su oferta. Esto pone las bases para un gobierno de coalición que permitiría una mayor gobernabilidad.

MEDIANTE UN GOBIERNO DE COALICIÓN se establecerían contrapesos al ejercicio del poder que lo obligaría a ser plural e incluyente, totalmente contrario a lo que sucede ahora donde el poder es ejercido a sus anchas por el gobernante en turno, con un congreso sumiso y un séquito de subalternos, corifeos y contlapaches incondicionales.

POR SU NATURALEZA, ES DURANTE los procesos electorales cuando podemos contar algo más de información, en comparación con otros acontecimientos políticos, ya que -además de la gran cobertura mediática- de alguna manera todos nos involucramos, ya sea activa o pasivamente. Por supuesto que difícilmente llegamos a conocer los arreglos en lo oscurito, las concesiones y las turbias negociaciones.

LLAMA LA ATENCIÓN QUE SI a pesar de que contamos con más información de lo normal –con sus dudas y certezas- las autoridades hacen lo que hacen y practican con todo cinismo la alquimia electoral, cabe cuestionarse cómo será el resto de sus actividades.

MIENTRAS NO HAYA CONTRAPESOS, NI transparencia, ni credibilidad en las instituciones ni en las autoridades, seguiremos cada vez peor. Lo más triste del caso es que ya vimos que puede más el aparato, que el hartazgo; aunque todavía está en nuestras manos la última palabra.

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