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Cristina Orozco
Cristina Orozco
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25 Noviembre 2017 04:08:00
La última y nos vamos
El gobernador Rubén Moreira operó tras bambalinas durante el sexenio anterior; orquestó desde la estructura para suceder en el cargo al hermano. Su sexenio concluye en 5 días y, aunque le gustaría tener ya mismo la certeza legal de que sus mandatos serán acatados para, ulteriormente, convertirse en la sombra del gobernador entrante, deja, dentro de lo que cabe, un camino muy bien pavimentado.

Vayamos, pues, con calma, que un Gobierno así no se creó de la noche a la mañana, han pasado 12 años y, aunque se digan con soltura, tuvieron sus bemoles.

Primero: consiguió tener el control férreo del Congreso del Estado y transformó la tarea de gobernar a la de legislar como si la Constitución fuera recetario de cocina; generó cientos de iniciativas y todas fueron aceptadas por un Congreso obediente.

Segundo: tiene el control total del Poder Judicial, pero siempre lo tuvo. Desde diciembre del 2005, el magistrado presiente del Poder Judicial fue su alfil. Su amigo de la juventud, Gregorio Pérez Mata, ocupó el puesto sólo por 10 años, aunque el título es por 15, pero por un asunto llamado Ficrea, abandonó la residencia, no importa que ya no sea el presidente, pudo colocar magistrados a “modo”, lo cual corta los márgenes de maniobra al próximo Gobernador.

Tercero: Dejó un Sistema Anticorrupción a “modo” para que hagan como él hizo en su momento. Nada. Pues él, mejor que nadie, sabe bien qué tuercas apretar. Los funcionarios han sido los mismos en ambas administraciones, pero la orden imperante es no destapar lo que debe permanecer oculto.

Cuarto: consiguió tener a los rectores de la Universidad Autónoma de Coahuila a raya, esto fue uno de sus tesoros más preciados, nada de lo que ahí suceda le pasa inadvertido.

Gobernador tras el trono, gobernador en el trono y gobernador después del trono. Llegó con la humildad de un benedictino y terminó peleado con la Iglesia católica, nos dejó sin sal en las mesas y sin corridas de toros, se promocionó por 365 días, por 6 años, en las primeras planas.

Transformó instituciones en tapetes, al Instituto Electoral, a la Comisión de Derechos Humanos, al Instituto Coahuilense de Acceso a la Información, y colocó al estado de Coahuila en el mundo. Los informes de organismos internacionales y nacionales lo siguen corroborando.

¿De qué tamaño será la deuda que tiene el presidente Peña Nieto con Moreira? Por menos, cualquier otro le hubiera puesto punto final al festín.

Deja un Gobierno pavimentado, pero más bien boludo. Como llegó se fue.

El poder es efímero y desgastante, se empeñó en ejercerlo hasta el último momento. Al fin.

La siguiente Administración será crucial para los coahuilenses. ¿Más de lo mismo o cambio de fondo, de formas y personajes? Ya veremos…
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