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Francisco Tobías
Francisco Tobías
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23 Enero 2018 04:00:00
La utopía de la política
El significado clásico de la política se encuentra en la derivación del adjetivo “polis politikos”, que significa todo lo que se refiere a la ciudad, y en consecuencia ciudadano, civil, público y, por supuesto, también sociable.

Este término ha sido transmitido a lo largo de la historia gracias a la gran obra de Aristóteles sobre política, que en ese sentido puede ser considerada como el primer tratado sobre la naturaleza, funciones, divisiones de un Estado y sobre las diferentes formas de gobernar.

Ahí predominantemente se trató el significado, el arte y la naturaleza del Gobierno, se incita a la reflexión sobre las cosas de la ciudad, aunque fuesen algunas meramente descriptivas, otras prescriptivas, se hablaba del ideal, del arte de gobernar.

Hoy este concepto ha sido sustituido por otras expresiones; se emplea comúnmente al término política para indicar las actividades que tienen como término de referencia la polis, es decir, del Estado.

Sin embargo, debemos saber que hay varias formas del poder del hombre sobre el hombre: el poder político es una de estas.

Aristóteles hablaba de tres: el poder paterno, el poder despótico y el poder político. Pero para situarnos a una realidad más cercana, resulta más conveniente un criterio de varias formas de poder en los cuales se sirve el sujeto activo de la relación para condicionar el comportamiento del sujeto pasivo.

Basándonos en esto podemos obtener tres clases: el poder económico, el poder ideológico y el poder político –quien sepa combinar lo más cercano a la perfección estos tres poderes, tiene en sus manos una ambivalencia de construcción-destrucción–.

Por otro lado, sobre el fin de la política se han escrito muchas cosas. En ellas impera principalmente el concepto ético y moral según la forma de organización de cada sociedad. Los fines de la política son tantos como tantas son las metas que un grupo organizado se propone, según sus tiempos y circunstancias. Citando a Max Weber podemos decir sobre la política lo siguiente:

“No es posible definir un grupo político –y tampoco el Estado– indicando el objetivo de su actuación de grupo. No hay ningún objetivo que grupos políticos no se hayan propuesto alguna vez… por lo tanto puede definirse el carácter político de un grupo social a través del medio… que no es exclusivamente de él, pero es en todo caso específico e indispensable para su esencia: el uso de la fuerza”.

La situación actual nos ha llevado a un pragmatismo exacerbado en el que dejamos olvidadas ideas y elementos tan esenciales, sobre todo ahora en un mundo sin escrúpulos producto de la globalización y la insolidaridad.

Efectivamente, la globalización nos ha dejado desnudos, pero si apelamos a ideas en las que se construyeron naciones e inclusive grandes comunidades forjadas en la igualdad, fraternidad, empatía, solidaridad, otra sociedad es posible.

La política es para servir, no para servirse, es un oficio del que se puede vivir como cualquier otro. Finalmente, dejo esta definición que encontré de Antonio Gramsci sobre política al leer sus cuadernos de la cárcel: “política es el arte de gobernar a los hombres, de procurar su consenso permanente y por consiguiente el arte de fundarlos, de encontrar su libertad”.

Una utopía de política orientada y preocupada por hombres libres e iguales es posible.
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