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Guillermo Robles Ramírez
Guillermo Robles Ramírez
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Licenciado en Comunicación en la Universidad Iberoamericana Plantel Laguna, Posgrado el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey Campus Monterrey, Director General de la Agencia de Noticias SIP, Premio Estatal de Periodismo en el 2011 y 2013 en la categoría Columna de Opinión, reconocimiento de labor periodística de la Unión de Periodistas del Estado de Coahuila, Presea Trayectoria "Antonio Estrada Salazar" 2018

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19 Diciembre 2018 04:00:00
La vergüenza en el pasado
Cuántas veces va caminando usted en las calles y ve jovencitas embarazadas. También en las plazas comerciales sucede lo mismo en algunas ocasiones van solas en otras con algún muchacho, pero todas con cara de niñas, en donde no hace falta preguntarle la edad sino a simple vista es evidente que son menores de edad.

La gente ya no se sorprende tan fácilmente, es decir, cada vez este panorama es más cotidiano, pero el echo de ser común no significa que sea normal o que esté bien y que la sociedad lo empiece aceptar.

No hay que olvidar que el embarazo en adolescentes y menores de edad es cada vez más complejo y alarmarte. Sus cifras están empezando a superar en aquellas comunidades o regiones chicas, en donde era poco común encontrar este tipo de situaciones debido a que por lo general predominaba la regla de pueblo chico infierno grande, es decir, se podía mantener las costumbres, el tipo de vida más tranquilo, saludable, y la unión familiar.

En estas comunidades rurales o pequeñas es inimaginable que una mujer saliera embarazada sin un matrimonio, porque esto significaría un escándalo del pueblo, y para evitar la vergüenza provocada por la misma población se cuidaban más de no verse ante situaciones criticables.

En la actualidad debido a la modernidad la sociedad se ha hecho más compleja y sobre todo la de los jóvenes que cada día obtienen más información o retroalimentación por medio del Internet o las redes sociales, despertando a temprana edad los deseos carnales y fantasías sexuales.

El incremento de embarazos en menores de edad cada vez se vive como si fuera una situación normal, dejando la vergüenza en el pasado y siendo algo cotidiano e inclusive se ven menores de quince años de edad con su “pancilla” de chícharo en las escuelas y con su respectivo uniforme adaptada para su neonato que viene en camino.

En el municipio de Múzquiz, la cifra ya es preocupante porque simplemente en el Hospital General se registra en promedio un alza de niñas embarazadas porque tres de cada diez mujeres corresponden de jovencitas, aunque las autoridades de aquella cabecera municipal, sí reconocen que se les ha dado un fortalecimiento a las pláticas de orientación sexual con los diferentes organismos.

Se tendría que dar una revisión al contenido de los programas de esas organizaciones no gubernamentales como aquellas pertenecientes al gobierno; ya que posiblemente los educadores sexuales están más preocupados en conseguir que los jóvenes deben de usar diferentes anticonceptivos, sin pensar que de alguna manera resulta un incentivo para iniciar su actividad sexual como prioridad en sus relaciones amorosas. Pero sin saber que en ocasiones estos mismos pueden provocar graves problemas de salud, sin una orientación médica.

El tema de la educación sexual no está bien estructurado con el simple hecho de decirle a los menores que el derecho de ser sexualmente activos es bueno para ellos, pero siempre con responsabilidad utilizando diferentes tipos de métodos anticonceptivos y llevando a clases laminillas indicando las diferentes enfermedades sexuales.
Como resultado negativo de estas campañas o enseñanzas sexuales es como si se les estuviera haciendo a los jóvenes una invitación a la irresponsabilidad de ser activos, a una edad temprana y a su vez las infecciones de transmisión sexual latentes ya que por su corta edad no les permitirán la venta de un método anticonceptivo en el supuesto caso de que tengan dinero para comprarlo y obviamente ante la carencia del mismo y corta edad no les es posible pagar un motel.

Es por eso que cada vez el acto sexual entre la juventud de los mexicanos se da dentro de los autos de los padres, en las recámaras de la muchacha bajo el pretexto de hacer trabajos de equipo, o estudios, también al aire libre ya sea en un terreno, debajo de un puente, y hasta dentro de los baños y aulas de las escuelas.

Bajo la calentura, no hay pudor, no hay vergüenza para hacer el acto del sexo, pues al final de cuenta el único mensaje que están recibiendo en estas “orientaciones sexuales” es que tienen derecho de explorar y explotar la sexualidad. (Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013, Presea Trayectoria “Antonio Estrada Salazar” 2018) http://www.intersip.org


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