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Vicente Bello
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14 Septiembre 2017 04:00:00
La visita de James Mattis y el silencio del Congreso mexicano
De las dos cámaras que conforman el Congreso de la Unión, solo una, la de Diputados, sesionó ayer para atender la glosa del quinto informe presidencial. Y durante tres horas,  tirios y troyanos se dedicaron a hablar de la materia de política interior. Sin embargo, el arribo este viernes 16 de septiembre a Palacio Nacional de James Mattis, secretario de Defensa de los Estados Unidos de América, fue un tema que no mereció ni un solo comentario, ni una sola cita, por parte de ninguno de los 500 “héroes de la patria” que se autoanuncian como representantes de la nación y que cobran como diputados federales.

Dirán acaso que no es tema de política interior, sino de política exterior. Y acaso por eso no hicieron mención alguna de este hecho histórico, terriblemente infausto, que está a punto de padecer el Estado mexicano, cuando James Mattis se apersone en la ciudad de México para asistir a los festejos por el Día de la Independencia de México.

La revelación de que el secretario de la Defensa de los Estados Unidos estaría ahí, presumiblemente en Palacio Nacional, viendo pasar a sus enemigos históricos –los soldados mexicanos- en un desfile militar, no fue dado a conocer aquí, en México, sino en Washington, por el vocero del Departamento de Defensa de aquel país.

Según la agenda noticiosa EFE, el Departamento de Defensa estadounidense informó: “La visita del secretario Mattis a México reafirma nuestro compromiso con una defensa bilateral de nuestra relación y con la Comunidad de América del Norte”.

A pesar de que la Cámara de Diputados no tiene la facultad constitucional de revisar la política exterior de México, sí está facultada para posicionarse, y obligada a pronunciarse ante hechos, como el de la visita de Mattis, que pasará sin duda a los anales de la historia nacional.

Por dos razones, que dejaron pasar, los diputados tenían que haber incorporado el tema en el orden del día: por asuntos de Efeméride y porque, particularmente, este año ha sido uno de los periodos de la relación bilateral México-Estados Unidos más desgraciados para los mexicanos, por la tremenda agresividad y odio que Donald Trump ha manifestado contra México y contra sus habitantes.

Un asunto de Efeméride porque ayer, precisamente, se cumplían 170 años de que –también en un 13 de septiembre- el ejército de los Estados Unidos sitiaba lo que entonces fue el último bastión mexicano, el Castillo de Chapultepec, casa del entonces Colegio Militar, antes de que llegasen a Palacio Nacional y arriaran la bandera mexicana para izar la de ellos.

(Y recuérdese que cinco meses después, el 2 de febrero de 1848, Estados Unidos –teniendo invadido México- obligó a los vencidos a firmar un acuerdo que se dio en llamar Acuerdo de Guadalupe-Hidalgo, en el que despojaron a los mexicanos de más de la mitad de su entonces territorio).

Después de la toma del Castillo de Chapultepec, en aquel 13 de septiembre del 47, los soldados estadounidenses ya no encontraron resistencia militar en su camino al Zócalo. Narraba en uno de sus textos históricos el héroe nacional Guillermo Prieto que, en día 16 de septiembre de 1847, cuando los soldados invasores llegaron a Palacio Nacional, los únicos que se les enfrentaron fueron los “pelados”, así apodados los comerciantes del centro de la ciudad de México.

Ya no había militares mexicanos porque o estaban muertos o hechos prisioneros o huían; pero los “pelados” tiraban piedras con sus Ondas, o vaciaban agua o aceite hirviendo desde las azoteas sobre las cabezas rapadas de los estadounidenses, que respondían con fuego matando a mucha gente civil.

Pues 170 años después, también en un 16 de septiembre, se verá en Palacio Nacional, presumiblemente en uno de los balcones contiguos al presidencial, al representante número uno del ejército de los Estados Unidos… ¿O acaso estará, señor Peña Nieto, junto a usted, para que un pasito atrás los flanqueen los secretarios de la Defensa y de Marina mexicanos?

Hasta el momento, ni en la Cámara de Diputados ni en la de Senadores nadie se ha pronunciado sobre la decisión aquella del gobierno de Peña de expulsar al embajador de Corea del Norte en México.

¿A eso se refería, tácitamente, el Departamento de Defensa estadounidense cuando justificaba la visita próxima de James Mattis a México para reafirmar el compromiso entre México y ese país “con una defensa bilateral de nuestra relación y con la Comunidad de América del Norte?”

Nadie en el Congreso de la Unión ha preguntado al gobierno de Enrique Peña Nieto, verbigracia, si esto de la defensa bilateral querrá decir en realidad que próximamente veremos bases militares estadounidenses en territorio mexicano, con el pretexto de que podría reaccionar bélicamente Corea del Norte en contra de nuestro país por haber corrido a su embajador…

ESTRIBO
Pero como este tema, de las siempre amenazantes pretensiones de los estadounidenses en nuestro país no son tema de política interior, según la interpretación de nuestros próceres de San Lázaro, pues la han dejado pasar.

En cambio, se han puesto a hablar de lo que han estado diciendo todo este tiempo contra el gobierno: Que es corrupto, que es impune, que…

Ha habido, sin embargo, algunas frases contundentes, como aquella de Eric Juárez, del PRD, cuando ha invitado a Peña Nieto a que “reconozca sus responsabilidades, no le haga más daño a México y a la investidura presidencial y tome posesión del único lugar que le corresponde: el socavón de la historia”.
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