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Rodolfo Naró
Rodolfo Naró
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Rodolfo Naró, nació en Tequila, Jalisco, el 22 de abril de 1967. Es autor de varios libros de poesía, casi todos reunidos en la antología Lo que dejó tu adiós (2016), así como de las novelas El orden infinito (2007), finalista del Premio Planeta Argentina 2006, Cállate niña (2011) y Un corazón para Eva (2017). Twitter: @RNaro

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16 Marzo 2018 04:00:00
Ladrón que roba a ladrón
Estábamos mi editora y yo en la parte alta del stand cuando vimos que un chico se metió un libro en el morral. Minutos antes hablábamos de una maestría en diseño editorial que ella está cursando. Bebíamos un coctel semejante a un martini y botaneábamos papas fritas con salsa Valentina. Fue en la pasada FIL de Guadalajara. Faltaban pocos minutos para las 2 de la tarde, hacíamos tiempo y hambre para ir a comer cuando vimos al ladrón solitario.

Ni el cuerpo de seguridad que contrata cada año Editorial Planeta, ni los jóvenes de la Universidad de Guadalajara que dan apoyo en la feria, ni los vendedores del stand, más de 25 personas en total, vieron nada. Fue en un abrir y cerrar de ojos que pasó frente a nuestras narices, de mi editora y la mía, quienes vimos desde la “terraza” alta cómo, en medio de ese hormiguero de gente que es el stand de Planeta, el muchacho veinteañero se llevaba un libro.

Todo el año y por todo el país hay ferias de libros pequeñas y medianas. De sur a norte cada semana del año, los vendedores de las editoriales recorren los caminos de México para instalar ferias de libros, para promocionar, vender y acercar a los escritores con sus lectores. En todas hay robos, según me contó después Víctor Zuzuárregui, encargado de ventas de Planeta, pero en ninguna como en la FIL de Guadalajara.

“El año pasado se robaron 2 mil 600 libros, un poco de todo”, me dijo, “aunque se van más por la novela juvenil, los libros de Benito Taibo”. Muchos de los jóvenes roban en grupo, para echarse ¡aguas!, se llevan los libros sólo porque les gusta. En la FIL de Guadalajara no hay Ministerio Público y los policías que cuidan las puertas no pueden cargar con nadie. “La feria no se hace responsable de nada y lo mejor es quitarles el libro y dejarlos ir. De otro modo es una pérdida de tiempo”, agregó Zuzuárregui.

Situación diferente revela la FIL del Palacio de Minería, donde los ladrones no son jóvenes habidos de lectura, sino revendedores de libros, piratas literarios que, más de alguna vez han esperado al vendedor que los agarró manos en la masa afuera de la feria. “Al final del día tenemos que salir en bola”, me contaba Bañales, otro de los vendedores de Planeta, “porque cinco o seis cabrones nos esperan a la salida para madrearnos. Son una mafia. Los libros que nos roban de inmediato los venden en el pasaje que está al costado de Minería”.

Si el promedio del valor de un libro es de 150 pesos, en la pasada FIL de Guadalajara la cifra de robos se elevó a más de 400 mil pesos y en Minería, que terminó hace un par de semanas, ascendió a los 100 mil.

De aquel chico que vi embolsarse un Paul Auster en el morral no supe ni su nombre, mi editora al dar el pitazo le quitaron el libro, él sólo se defendió diciendo, “ladrón que roba a ladrón” y se fue muy digno.

UANLeer

Este domingo estaré por primera vez en la UANLeer de Monterrey, llevo Cállate Niña. Compartiré mesa con Alberto Villarreal y su poemario Todo Lo Que Fuimos.

La cita es a las 3 de la tarde en el Patio Sur del Colegio Civil, en el Centro, sede de la feria. Las espero para robarles más que un suspiro.
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