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Alejandro Irigoyen Ponce
Alejandro Irigoyen Ponce
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28 Noviembre 2014 05:08:21
Las 10 medidas. Primera lectura
El Presidente esbozó ayer lo que serán 10 reformas en el marco legal para mejorar (o corregir) el andamiaje de procuración de justicia y atacar la infiltración de la delincuencia organizada, especialmente en los cuerpos municipales de seguridad. Habrá que esperar hasta el lunes para conocer detalles de la ruta crítica, los cómos y alcances de cada una de las medidas enunciadas.

Por lo pronto queda reconocer que en su tramado grueso, las iniciativas que se presentarán responden a la realidad del país y aunque reactivas ante la tragedia de Ayotzinapa y la movilización social que generó, significan por fin pasos en el sendero correcto.

Más o menos se trata de una ley contra la infiltración del hampa que permitirá que la Federación pueda incluso disolver ayuntamientos; redefinir competencias de los tres órdenes de gobierno y la creación obligatoria de policías estatales únicas.

El planteamiento inicial parte de la idea de tener 32 corporaciones sólidas y confiables en lugar de las mil 800 policías preventivas débiles y vulnerables a la infiltración.

No queda claro si se pretende desaparecer a los cuerpos de seguridad municipales, cambiarles de nombre y uniforme o sólo imponerles un mando único. Cabe recordar una iniciativa que presentó Felipe Calderón en octubre de 2010 y que ponderaba la urgencia de crear un mando único (32 jefes de policía subordinados a cada gobernador) y “desaparecer” a las policías preventivas en los términos en que están articuladas precisamente por vulnerables a la infiltración del hampa. Fue bateado olímpicamente.

Bueno, ahora Peña pretende, además, crear un 911 para pedir auxilio a nivel nacional; una clave única de identidad y reformas para hacer efectivo el derecho a la justicia cotidiana. Para éste último se encargó al CIDE mesas de trabajo, y los investigadores, como primera reacción, aplauden la medida, aunque no saben bien a bien qué pretende el Presidente.

Se implementará un operativo especial en Michoacán y Guerrero, se fortalecerá la protección a los derechos humanos y se promoverá el combate a la corrupción e impulso a la transparencia, rendición de cuentas y participación ciudadana.

Y hasta aquí, todo bien. Habrá que esperar al lunes por los detalles.

La cuestión es que el Presidente encaró ayer una oportunidad única, dado el contexto de creciente irritación social, para convencer a los ciudadanos de que ahora sí va en serio y que está realmente comprometido a cambiar al país, y simplemente no lo hizo. Su mensaje pareciera dirigido a la élite gobernante, a los conocedores, pero no al pueblo que con justicia y dado el escenario de desconfianza e incredulidad, bien pueden reducir el esfuerzo a un Rosario de buenas intenciones, sólo un intento por ganar tiempo.

En su fondo, las 10 medidas esbozadas apuntan en la dirección correcta, pero fueron planteadas de tal manera que quedan a deber en todos aquellos que esperaban acciones concretas para modificar las prácticas, usos y costumbres de la política mexicana, y más aún, en los que apuntaban a la necesidad de que el Gobierno reconociera que la gran deuda con la sociedad es la incapacidad de asegurar la integridad física de las personas, su seguridad patrimonial y la certidumbre en la aplicación de la ley. Faltó un poco de autocrítica.

Dos apuntes finales: de nada sirven las reformas, las leyes, si quienes se encargan de formularlas y hacerlas cumplir no sacrifican sus propios privilegios, y peor aún si siguen anclados en la lógica de la simulación. El problema en México no es de leyes, sino de corrupción e impunidad.

Y por último no se debe olvidar que el gran caldo de cultivo de la inseguridad y de gran parte de los problemas que enfrentamos es la desigualdad, la falta de oportunidades, la pobreza y marginación de millones, y es en ese terreno donde se marca la diferencia entre legislar y gobernar.

Queda esperar que este sea el primer paso para que la administración de Peña Nieto responda por fin en la arena social (el México real) y no sólo en la arena política (Pacto por México, su proyecto de Nación), que las cosas no están como para darle largas…
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