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Dalia Reyes
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28 Agosto 2018 04:00:00
Las ánimas
Posicionada en el contexto del lenguaje inclusivo, si los hombres se reúnen para levantarse los ánimos, las mujeres nos juntamos para masajearnos las ánimas.

El género femenino tiene por norma ser gregario y resolver sus problemas en modo colectivo. La magnitud del intríngulis es independiente de la metodología, pues esta funciona tanto si se trata de una vuelta al sanitario o bien, de solventar la pérdida de un ser querido.

A diferencia de los caballeros, no pedimos consejos, sino consenso. Contar sobre las tribulaciones pendientes sobre nuestra testa no está encaminado a encontrar vías resolutivas, sino aprobación sobre nuestra actitud para enfrentar el ajo, sea que nos hayamos resuelto por el estoicismo, la determinación o la indiferencia.

Levantarse las ánimas entre las mujeres tiene una ciencia milenaria desarrollada desde las sociedades antiquísimas africanas, tanto así que nos hemos especializado para atender esa demanda social sea como entrenadoras, árbitros, animadoras o acompañantes.

Las entrenadoras están preparadas a conciencia para indicar formas de proceder pero de un modo que parezca emanado de la emproblemada: se da la indicación con un agregado final como “así como tú habías pensado”.

Quienes ejercen como árbitros tienen una agudeza mental impresionante, si se considera que una mujer angustiada se debate entre las decisiones extremas a tomarse en una relación. Si la atribulada piensa separarse, la amiga le dirá que es una guerrera; ahora bien, si decide soportar, entonces la adjetivará como una santa.

Las animadoras son creativas. Su labor consiste en dar la razón y ofrecer formas diversas para lograr el objetivo planteado, así este cambie radicalmente durante la conversación, y ya puede implicar la libertad, las cadenas, la venganza u otros temas más delicados si acaso son fanáticas de series policiacas.

Las acompañantes escuchan y cierran las etapas conversatorias con asentimientos de cabeza y frases neutras como “Ay, amiga”, “Te entiendo”, “Claro, pues cómo no” para despedirse con un “Te apoyo en lo que decidas”. Si en apariencia esta última tomó el camino fácil, debo decir que nada es más inspirador en una charla de mujeres: cero críticas, nada de consejos, ningún compromiso pero bastante disponibilidad.

Así funcionan las ánimas femeninas.

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