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26 Junio 2018 03:00:00
Las bodas entre Londres y el ‘Infierno’
Por: Fernando Bañuelos

T. S. Eliot publicó Cuatro Cuartetos, el libro más ambicioso de su último periodo, en 1943. Murió 20 años después. En el funeral, su mentor y amigo Ezra Pound hizo su primera aparición pública después de pasar décadas repudiado y exiliado en Italia por su apoyo a los fascistas. Tuvieron una breve e intensa amistad y colaboración artística en los 20s, seguida por una larga enemistad política, y aun así Pound dedicó a Eliot su última declaración, antes de regresar definitivamente a las sombras: “Léanlo. Es la auténtica voz dantesca de nuestro tiempo”.

Hoy que dantesco sólo significa “infernal” o “espantoso” en el lenguaje pop, es difícil comprender el tamaño de ese elogio, sobre todo en boca de Pound, fanático de la poesía italiana.

Pero si Dante, con su Divina Comedia, es el gran poeta de los horrores y las iluminaciones de la Baja Edad Media europea, se puede decir algo parecido sobre Eliot, los Cuatro Cuartetos, y el convulso siglo 20.

El mejor ejemplo viene del último cuarteto. Se titula Little Gidding por una pequeña aldea al norte de Cambridge. Al principio parece un poema críptico y abstracto sobre el tiempo y la Historia, pero en la segunda parte hay un cambio radical.

Del verso variable pasa al terceto, una estrofa creada por Dante para la Comedia. La voz impersonal cambia a primera persona y narra un paseo nocturno a través de un callejón sucio y derruido. Habla de una “oscura paloma con su lengua de fuego” que acaba de pasar por la ciudad. Encuentra al fantasma de un viejo poeta, maestro suyo, que lo invita a olvidar sus enseñanzas y buscar palabras nuevas. Dice que puede visitarlo, aunque esté muerto, pues el mundo y el infierno son bastante parecidos. Al final suena una campana y el fantasma desaparece.

El terceto, la paloma y las lenguas de fuego de Pentecostés, el fantasma de un maestro como el Virgilio de Dante, la campana final… Todos estos elementos de la imaginación dantesca se usan para narrar un momento específico y real de la vida de Eliot: su participación como bombero voluntario durante el Blitz, la campaña de bombardeos alemanes a la isla británica entre 1941 y 1942 en que Hitler asesinó 40 mil civiles.

La “oscura paloma” es el Espíritu Santo y un avión de la Luftwaffe, la lengua de fuego es sabiduría y destrucción a la vez, la campana final un signo religioso y también la alarma que señalaba el fin del bombardeo. Y ese mundo tan parecido al infierno es el Londres histórico que T. S. Eliot habitó y luchó por salvar.

Cuatro Cuartetos es esto y mucho más: un poema largo y complejo, lleno de alusiones, citas e imágenes extrañas, pero con un fondo humano y ético.

Claro que yo no descubrí todo esto. El año pasado se publicó la traducción y notas que José Emilio Pacheco preparó durante más de 20 años. Su versión es clara y bella por sí misma, sus explicaciones son claras y su erudición generosa. Si Cuatro Cuartetos es una experiencia de lectura excepcional, hacerlo de la mano de Pacheco es un lujo inigualable.
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