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Vicente Bello
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20 Junio 2018 04:00:00
Las carcajadas de Peña y el PRI
Ana Lilia Herrera Anzaldo, una senadora del PRI del estado de México que funge como presidenta de la Junta de Coordinación Política de la Cámara de Senadores, llamó ayer “a consolidar nuestra democracia y fortalecer los pesos y contrapesos entre Poderes, para que no sea la ocurrencia o la buena voluntad de una persona la que nos garantice que las instituciones funcionen sin tintes partidistas”.

Y recordó que, desde 1997, “ningún partido político ha tenido mayoría en la Cámara de Diputados y lo mismo sucede en el Senado de la República desde el 2000”.
Esta senadora pertenece al círculo íntimo de la pandilla política que lidera Enrique Peña Nieto. Y llamó ayer la atención por esto que dijo y por lo que agregó: “Lo que significó en años anteriores parálisis –restalló Herrera Anzaldo-, hoy representa una enorme riqueza (…) y en el último sexenio el Poder Legislativo en México ejerció su papel de contrapeso frente al Ejecutivo Federal”.

¡Con qué facilidad y desvergüenza miente la gente del grupo de Peña Nieto! El Congreso mexicano, durante el sexenio actual, ha protagonizado las peores decisiones legislativas de toda su historia. Decisiones terriblemente contrarias a los intereses del pueblo mexicano.

El PRI y el presidente de la República consiguieron retorcer de tal modo la vida legislativa de México que el Congreso de la Unión se transfiguró en asquerosa letrina, a partir de que con el tristemente célebre Pacto por México reformaron la Constitución varias veces para favorecer a grupos minoritarios muy poderosos económicamente, dentro y fuera del país. Y, sin lugar a duda alguna, a intereses del gobierno de los Estados Unidos.

Jamás el Congreso mexicano, en la 62 y en la 63 Legislaturas –a las que alude Ana Lilia Herrera, peona de Peña Nieto-, se pudo constituir en verdadero contrapeso del Presidente de la República.

Al contrario, el Poder Legislativo desde siempre fue calificado desde un principio como una virtual Oficialía de Partes del Ejecutivo Federal. Una institución transfigurada en miasma, donde los diputados y senadores eran unos grotescos farsantes, simuladores, mercenarios, que de representantes populares solo tenían la máscara.

El llamado de Ana Lilia Herrera es una carcajada. Una burla. Llama a “consolidar la democracia y fortalecer los pesos y contrapesos entre Poderes”, cuando ella y sus correligionarios constituyeron una mayoría legislativa que, como nunca antes otra, causó daños que podrían ser irreversibles a México como nación soberana.

La reforma energética ha significado el mayor monumento a la desgracia y a la tragedia como país. Un monumento que fue construido por el PRI en alianza con el PAN, PVEM, PANAL y un sector del MC. Y el PRD por supuesto, que ni modo que no supiera que firmando el Pacto por México sobrevendrían calamidades apocalípticas al pueblo de México.

Como fue.

El Congreso mexicano no hizo su papel de contrapeso sino de cómplice de un gobierno, el de Enrique Peña Nieto, a quien la oposición acusaba de haber virtualmente vendido “su alma al diablo”. En beneficio de esa minoría económica y del gobierno de los Estados Unidos –que no necesitaba de una invasión militar para hacerse del control cuasi absoluto de los órganos vitales de este país-, y en claro perjuicio de los intereses de todos los mexicanos.

Es significativo cómo ahora que están a punto de perder la elección presidencial, ante el contundente e inexorable avance del movimiento político liderado por Andrés Manuel López Obrador, voces de esa pandilla de rufianes que han destrozado al país hablan de que hay que “fortalecer los contrapesos” y de garantizar “que las instituciones funcionen sin tintes partidistas”.

La salida a la calle de Ana Lilia Herrera es idéntica a la que protagonizó hace unos días –el pasado día 13- Enrique Krauze, un escritor caracterizado por camaleónico, acomodaticio, convenenciero y mercenario, quien “invitaba” a la gente a echar mano del “voto dividido”, para no darle todo el poder a un candidato presidencial.

Claro, esto lo decía como ahora Ana Lilia Herrera lo ha dicho, dando por sentado que Andrés Manuel López Obrador estaría ganando la presidencia de la República y también las mayorías –cuando menos la absoluta, la de mitad más uno- tanto en la Cámara de Diputados como en la Cámara de Senadores.

Han pretendido con su engañifa, tanto Ana Lilia Herrera como Enrique Krauze, que la gente si bien va a votar por AMLO, que no lo haga por los candidatos a diputados y senadores del movimiento de marras –Morena, Pt y Pes- para que el hipotético próximo presidente de la República no consiga la mayoría absoluta, y mucho menos la mayoría colegiada.

Si el PRI y el grupo minoritario que ha sido beneficiado por las reformas aquellas consiguieran que AMLO no tuviera mayoría en el Congreso, entonces tendrían un respiro y la esperanza de convertirse en dique, obstáculo, para las reformas que ha prometido el puntero con el propósito de contrarrestar lo que reformaron ellos en la 62 y 63 Legislaturas.

López Obrador ofreció un cambio de régimen. Modificaciones de raíz, cosa que evidentemente el PRI no desea, como tampoco el grupo minúsculo beneficiado.
Pero, además, el PRI teniendo diputados y senadores suficientes para conformar una alianza contra el gobierno hipotético de López Obrador, estaría cubriéndose las espaldas.

Amlo ha insistido en que si también la gente le otorga la confianza votando por el Pes, Pt y Morena para sus diputados y senadores, entonces sería más fácil para el nuevo gobierno la instauración de las bases de un nuevo régimen, donde la justicia reine y la corrupción sea erradicada.
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