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Yuriria Sierra
Yuriria Sierra
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17 Abril 2016 04:00:16
Las cualidades de AMLO
Para todos los fans (que a veces –casi siempre– se conducen como porra brava) de AMLO, y que se ofenden cada que escribo sobre él, a continuación van las cualidades públicas y políticas que sí le reconozco a su pastor y eterno rayito de esperanza; porque sí, sí tiene varias (y no menores) virtudes que lo han llevado al lugar que hoy tiene en la política nacional (aunque la vida no le haya dado aquello que él y los suyos tanto quieren: el despacho presidencial en Los Pinos):

1) AMLO tiene arrojo. Para que entendamos esta cualidad de “El Peje”, es necesario que usted se pregunte si presentaría un puerco, un gallo y una cabra como pruebas de fraude electoral, jurando que estos fueron dados a cambio de votos sin ningún elemento que lo constate más que su palabra. Y es que quién se atrevería a cerrar una de las avenidas más importantes de la ciudad durante meses y sin alcanzar su objetivo: fracasó defendiendo su derrota, pero eso no lo inmutó. O quién llamaría en público “traidor” a un miembro de su familia, nada más para proteger un (falso) discurso. No cualquiera, eh. Y ni hablar de que esta virtud ha sido también su peor enemiga: el “cállate chachalaca” dirigido a Fox fue su Waterloo en 2006.

2) Es disciplinado. Pocos tan constantes como AMLO. Decidió hacer de la pobreza y la corrupción ejes de toda consigna de su discurso. Qué importa que sus dichos no tengan eco en sus acciones. Cuando fue jefe de Gobierno ya traía eso de “primero los pobres”, pero su obra pública estuvo dirigida al mantenimiento de un privilegio como el automóvil. Qué manera de procurar a los que menos tienen. O dice que va a acabar con la corrupción, pero le da la vuelta a toda responsabilidad por su cercanía con Lázaro Mazón. O que si el avión presidencial no lo tiene ni Obama. No suelta jamás sus “causas”, aunque estas no tengan nada que ver con lo que propone o con la misma realidad.

3) Ha sido prudente. ¿Cuántas veces ha mandado al carajo a las instituciones? Muchas. ¿Cuántas veces ha tenido la convocatoria para salir a las calles? Muchas. ¿Cuántas veces lo ha hecho? Menos de las que pudieron ser. Le bastará saber el alcance que tiene sin ir más allá. Bueno, hasta en plena discusión de la reforma energética, cuando estuvo muele y muele con que la defensa del petróleo, se desapareció. Eso sí, a causa de una enfermedad que lo tuvo en cama los días en que se aprobó.

4) Cuánta perseverancia. Va por su tercera candidatura presidencial, lleva 15 años en campaña. Ha sido derrotado dos veces en las urnas y va por quién sabe qué vuelta por todos los municipios del país. A ver si ahora sí se le hace. Las encuestas dicen que si las elecciones fueran ya, tendría todas las posibilidades, pero desafortunadamente para él, le faltan poco más de dos años de campaña, bueno no, dice que no está en campaña. Dudo que se canse ahora que predice su triunfo. Aunque curioso es que ya anda prediciendo su derrota por fraude. Porque hasta en eso se disciplina: todavía no se recupera de su primera derrota, pero ya está pensando en el próximo “fraude” que lo hará perder.

5) Su gran fortaleza política es que es un gran comunicador. Acaso el mejor en México. Conecta como ningún otro con las masas. Lo cierto es que ésta es su principal cualidad, la que lo ha convertido en ese líder totalísimo que es para tantos. Si algo sabe hacer Andrés Manuel es dirigirse a su público, sabe qué decir y cómo hacerlo. Y poner agenda. ¿Qué tal de pegajosas son sus frases? Desde el “compló” hasta el “cállate chachalaca”, ha hecho del lenguaje su mejor aliado y haasta juega con el corporal para aprovechar las posibilidades del discurso. Lo mismo nos manda al diablo a todos los que no compartimos sus ideas, pero al día siguiente habla de una República Amorosa y del “borrón y cuenta nueva”. O como cuando se dice de izquierda, pero está por completo con todas las causas progresistas y hasta afirma que debemos ser mejores cristianos. Sin duda, Andrés Manuel ha sacado provecho de estas, sus más evidentes cualidades, hasta para quienes le vemos sus también tantas contradicciones, errores y defectos imperdonables en cualquiera que se precie de ser un verdadero demócrata. Es más: pienso que si AMLO cultivara las cualidades que no tiene, podría, efectivamente, ser un rayo de esperanza –para un país entero y no sólo para su completamente acrítica feligresía–.
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