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Silvia Guadalupe Garza Galván
Silvia Guadalupe Garza Galván
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Senadora Silvia Guadalupe Garza Galván
Partido Acción Nacional
Bióloga egresada de la Facultad de Ciencias Biológicas de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Es miembro honorario del Colegio de Biólogos de México. A nivel local ha ejercido diversos cargos, entre ellos el de Directora de Ecología, Parques y Jardines y Fomento Agropecuario del Municipio de Monclova, Coahuila (1997-1999), su ciudad natal. Asimismo, fue Delegada de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (2008-2011) en Coahuila, en donde sus principales acciones se concentraron en controlar la tala forestal clandestina en las sierras de Coahuila; conservar las Áreas Naturales Protegidas así como la fauna endémica y exótica; inspeccionar y sancionar a las industrias; verificar los residuos peligrosos y especiales y hacer un inventario de los pasivos ambientales del Estado. Inició su trayectoria legislativa en el H. Congreso de Coahuila de Zaragoza, fungiendo como Diputada en la LVII Legislatura (2006–2009), en cuya oportunidad participó en las Comisiones de Medio Ambiente, Equidad de Género, Energía y Minas y presidió la Comisión del Agua. Como resultado de su actividad legislativa se impulsó una nueva Ley del Agua, la Ley de Protección a la Maternidad, así como reformas a diversos artículos del Código Penal. A nivel federal se desempeñó como Miembro del Consejo Consultivo para el Desarrollo Sustentable-Región Noreste y Región Centro de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (2003-2004), y ocupó el cargo de Senadora de la República en las LXII y LXIII Legislaturas (2012-2018), siendo la primera Senadora en la historia de Coahuila en haber sido electa por el principio de mayoría. En tal carácter se desempeñó como Presidenta de la Comisión Especial de Cambio Climático y Secretaria de las Comisiones de Medio Ambiente y Recursos Naturales, Recursos Hidráulicos, así como de Derechos Humanos, colaborando como integrante de la Comisión de Agricultura y Ganadería, y del Parlamento Latinoamericano en las Comisiones de Medio Ambiente y Turismo. Asimismo, ha sido Consejera Nacional del Partido Acción Nacional, Miembro de la Comisión Permanente de su Comité Ejecutivo Nacional, así como Coordinadora Nacional de Desarrollo Sustentable, y Coordinadora de Medio Ambiente de la Coalición Por México al Frente. Actualmente es Diputada Federal en la LXIV Legislatura, responsabilidad desde la que continúa trabajando por el bienestar de las y los mexicanos. Dirección: Cámara de Diputados, Oficina 64, Edificio H, Piso 2, Avenida Congreso de la Unión 66, Colonia El Parque, Delegación Venustiano Carranza, C.P. 15960, Ciudad de México, 50-36-00-00, ext. 59866. Página web: https://silviagarza.com.mx/ Correo: [email protected] Facebook: Silvia Garza Diputada, Twitter: @Silvia_Diputada, Instagram: @Silvia_Diputada

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04 Marzo 2018 04:07:00
Las guerras comerciales son buenas: Donald Trump
En una reunión informal en la Casa Blanca, Donald Trump garantizó proteger los empleos de acereros en Estados Unidos poniendo tarifas a las importaciones del metal. Y señaló con osadía: “las guerras comerciales son buenas y se ganan fácil”. Palabras fatuas.

Imagínese usted, querido lector, que de pronto su Presidente le dice algo como esto: “le voy a bajar los impuestos a las personas y a las empresas para que tengan recursos para comprar e invertir”. Suena bien en principio, ¿no es así? Bajar impuestos a las empresas para que estas aumenten inversiones y la economía crezca. Suena bien. Bajarle los impuestos a las personas para que tengan más dinero para comprar bienes y servicios. ¡¡¡Suena mejor!!! Eso es lo que hizo Trump con su famosa reforma fiscal: apostar a que bajar los impuestos va a promover la inversión y aumentar el gasto de los consumidores para que la economía crezca.

Pero ahora imagine al mismo presidente diciendo que va a ponerle impuesto al acero (24%) y al aluminio (10%) bajo el pretexto de que las importaciones ponen en riesgo los empleos y la seguridad de su país. Entonces su presidente le pone impuestos a los extranjeros que venden su acero haciendo que aquellas personas y empresas, a las que antes les bajó los impuestos, ahora tengan que pagar más caro el acero.

La pregunta es ¿cuál gana? ¿Las personas y las empresas ganan más con la baja de impuestos o pierden más con la compra de acero caro? La respuesta se la doy en palabras del Dr. Robert Steven Kaplan, presidente de la FED de Dallas y académico de Harvard: “si con el error de bajar impuestos ya teníamos dudas de si las empresas iban a aumentar su inversión o simplemente llevarse el dinero extra a sus bolsillos, con el anuncio de gravar el acero ya estamos seguros de que Estados Unidos se perfila a crecer mucho menos que antes. Si teníamos dudas de que se aproxima una recesión en el futuro cercano, con esto ya no tengo la menor duda”.

Así es. No hay un solo economista serio que pueda asegurar que cuando usted baja los impuestos a las empresas, estas van a salir a la calle a gastarse el dinero extra en inversiones. Tampoco las personas salen a gastar el dinero extra que les queda. Generalmente lo que hacen es pagar deudas. A este error (bajar impuestos) se suma ahora el de gravar el acero. Sin embargo, esto es más grave, y voy por partes.

En primer lugar, Trump ignora lo que es una cadena global de suministro. En términos sencillos, no es otra cosa que todos los arreglos mediante los cuales las empresas mueven mercancías entre países. Y alguien olvidó decirle a este señor que su país importa gran parte de lo que consume, de modo que, ni aun pasándole toda la demanda de acero a sus compañías estas podrían surtir a sus empresas. Así que va a tener que comprar afuera le guste o no, pero ahora más caro.

En segundo lugar, no entiende que hay industrias de gran peso que dependen del acero (metalmecánica, petróleo, construcción, etc.) que dan empleo a miles de personas “en decenas de países” como México. Gravar el acero es afectar directamente los intereses particulares de decenas de países. Ya Estados Unidos vio la desgracia cuando el presidente Hoover promovió la Ley Smoot-Hawley para “proteger empleos” vía tarifas y acabó generando una guerra mundial de comercio y una depresión (la del 29).

Y en tercer lugar, hay un tema estratégico aún más grave: China. Este país es el principal productor de acero en el mundo. Si lo hace violando todos los códigos de comercio y de mercado, al final lo que tenemos es a un productor que vende barato y a gran escala. China puede adoptar una de dos posiciones: unirse a la guerra comercial y castigar a compañías americanas en su territorio (por ejemplo, Apple, Intel, Microsoft). O puede optar por una alternativa que yo veo más factible: salir en defensa del libre comercio y la globalización. “China no quiere ver una escalada de tensión”, dijo Aidan Yao, economista emergente de Asia en AXA Investment Managers. “En cambio, Beijín quiere administrar la relación”. China tiene otra oportunidad más dada en bandeja de plata: tomar el lugar de Estados Unidos ahora en el mercado del acero, y con ello mover la industria de mercado (institucional, con reglas claras y acordes a los estándares que determina el comercio internacional y la OMC) a una industria “no de mercado” que tanto daño ya ha hecho a México y a otros tantos productores. El efecto para países como México sería muy dañino. Ya lo dije el viernes pasado: México debe proteger a su industria con tarifas compensatorias en caso de que Estados Unidos prosiga con la locura de gravar el acero. Y también se debe señalar a China como competidor “no de mercado” abriendo la opción para evitar prácticas desleales. Al final, se trata de proteger nuestros intereses: empresas y empleos, en un mundo afectado por las conductas disruptivas del vecino del norte.

Nos leemos la próxima semana.

¡Muchas gracias!
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