×
Luis Carlos Plata
Luis Carlos Plata
ver +
Luis Carlos Plata (Saltillo, 1984) es abogado (UAdeC), maestro (UPF, Barcelona) y candidato a doctor (URV, Tarragona), pero practica el periodismo desde hace 17 años, y su trabajo de investigación le ha merecido premios estatales e internacionales. Ha sido articulista de catorcenarios, revistas y periódicos del norte del país desde 2002, además de fungir como director editorial de medios de comunicación en Veracruz.

" Comentar Imprimir
18 Octubre 2020 04:00:00
Las históricas elecciones en Coahuila: lo mismo, pero con cubrebocas
Escuchar Nota
Nos encontramos ante un hecho inédito: votaciones en medio de una pandemia. Renovación periódica del poder, Legislativo en este caso, aun con emergencia sanitaria.

Coahuila –e Hidalgo– servirá entonces de laboratorio en tiempo real. Especialmente hoy, durante la jornada electoral diferida 127 días desde su fecha original, será observado el comportamiento ciudadano, la participación, protocolos de actuación, los errores en el proceso y especialmente las consecuencias. Experiencias a usarse, y no repetirse de ser posible, en la megaelección de 2021 (donde –en mayor o menor medida– el coronavirus seguirá presente).

Fueron 40 días de campaña. Y no fueron creativas ni virtuales como se había prometido dadas las circunstancias. Por el contrario, vimos lo mismo de siempre: candidatos tratando de mimetizarse con un pueblo que no entienden ni conocen a profundidad, a fin de que este se proyecte en ellos y les vote.

Un disfraz.

Poco que destacar dentro de sus promesas: lugares comunes, temas que no son de su competencia, legislación que ya existe y ofrecimientos irrisorios como medicamentos que curen la Covid-19 (los cuales no han sido inventados al momento de redactar esta columna, por lo demás).

De hecho cualquier propuesta de cualquier candidato se queda corta si lo comparamos con Érick Rodrigo Valdez Rangel: un ciudadano sin cargo público ni motivaciones o intereses de grupo que acumula en la presente Legislatura alrededor de 100 iniciativas presentadas en el Congreso del Estado, algunas de las cuales han completado satisfactoriamente el proceso legislativo convertidas en ley. Cualesquiera de los que están, y cualesquiera de los que llegarán, se quedan cortos en producción legislativa.
No hay quien supere a Erick Rodrigo, de 26 años. Su irrupción de la nada vino a demostrar con guante blanco lo inútil que resulta el trabajo de un legislador.

Lo inútil, sin embargo, no quita lo necesario. Fundamental, más bien. Representado en 25 curules: 16 por mayoría en igual número de distritos electorales, y nueve por representación proporcional, de acuerdo con el porcentaje global de votación obtenido.

No obstante los partidos políticos de “oposición” no parecieran tomárselo en serio. Repiten los mismos errores elección tras elección, año tras año. Tropiezan con la misma piedra, topan con la misma pared. El PRI, en cambio, mantiene un modelo estructural quirúrgico, inalterable aún en la era digital de las redes sociales y contra una aplanadora en la Presidencia de la República circulando en sentido contrario. Su maquinaria funciona especialmente para ganar diputados locales utilizando estadística y comportamiento electoral aplicado a su máxima expresión. El margen de error es mínimo.

Competir contra ellos y posteriormente culpar por los resultados obtenidos a los propios electores, a los medios de comunicación o al dinero público es muy fácil. Descargar en otros la responsabilidad y no asumir la propia es pueril y malintencionado. No todo se reduce a un asunto de voluntades y apatía. Autocrítica es lo que falta. Y honestidad intelectual, sobre todo.

Cabría preguntarse, por ejemplo, por qué siempre los barren en las elecciones denominadas intermedias. O por qué a pesar de los resultados negativos continúan haciendo lo mismo. Por qué depender de circunstancias externas al azar y no generarlas con trabajo diario. Por qué aparecen solo cuando hay campañas, como si eso fuera suficiente para ganar, y ya cuando llevan una desventaja considerable, pese a que reciben prerrogativas conocidas como recursos para actividades ordinarias permanentes a fin de promover el voto todo el año. Por qué no atreverse a romper el círculo vicioso. Por qué aferrarse a las migajas y los moches, y no competir en tiempo y forma.

Dice mucho de un partido político, supuesto agente ideológico de un sector de la población, que no pueda completar y acreditar representantes electorales en 3 mil 828 casillas. Dicho de otra forma: si entre una lista nominal de 2 millones 220 mil ciudadanos no pueden convencer a 3 mil 828 de que les representen un día, entonces qué hacen; para qué sirven.

No es un tema menor: implica en el fondo no tener ojos en los centros de votación; el lugar más importante del proceso electoral. Así su presencia se vuelve meramente testimonial.

Los presuntos “opositores” legitiman el juego político en la entidad con su participación, ya sea por candidez o con malicia; para figurar personalmente, crear un precedente que sirva como currículum vitae, ganarse unos pesos no invertidos en campaña, o con la profunda convicción de que solo con colocar su fotografía en una publicidad, y distribuirla aleatoriamente por una determinada circunscripción electoral, una mano invisible hará que ganen una elección. Nada más alejado de la realidad. No es una fiesta democrática ni hay espacio para los milagros.

Hoy ocurrirá una votación atomizada entre 11 diferentes emblemas, sin alianzas ni coaliciones entre sí. No había terreno legal para suspenderla hasta 2021, considerando que los legisladores están obligados a tomar protesta el 1 de enero. Morena y PAN, por su parte, apostaban a que no habría elección en 2020 sin considerar que la del próximo año, y particularmente su árbitro electoral, necesitaba un conejillo de indias. Error de cálculo.

Cortita y al pie

Las elecciones de 2020 fueron lo mismo de siempre pero con cubrebocas. Hubo eventos masivos, se rompió la sana distancia, entre otros vicios mayores y consuetudinarios. La única diferencia es que antes los candidatos se lavaban las manos con alcohol después de saludar a la gente, y ahora lo hacen y es socialmente aceptado.

La última y nos vamos

Hay covifiestas y covidiotas. También covielecciones. Históricas por las circunstancias, aunque de rutina por los resultados. Al tiempo.
Imprimir
COMENTARIOS