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Carlos Gutiérrez Montenegro
Carlos Gutiérrez Montenegro
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Psicólogo, Maestro en Enseñanza Superior por la Universidad Autónoma de Nuevo León, actualmente desarrolla su campo en la Universidad Pedagógica Nacional, Unidad Saltillo, como coordinador de investigación; en el Centro de Asesorías, A.C. como psicoterapeuta psicoanalítico; Asesor técnico del Centro de Investigaciones Psicopedagógicas, de la Dirección de Educación Especial de la Secretaría de Educación y Cultura del Gobierno de Coahuila; Productor de contenido del programa “De Frente” y editorialista del canal 7 RCG de televisión, además de articulista del periódico “Zócalo” de Saltillo. Algunos de sus escritos e investigaciones son: "PSICOANALISIS Y SOCIEDAD", publicado por la Universidad Veracruzana en 1982, el 'ESQUEMA DE LA PUBLICIDAD', también publicada por la Universidad Veracruzana en 1984, la 'ESCUELA PARA PADRES", publicada por la Secretaría de Educación Pública de Coahuila y el Instituto de Servicios Educativos del Estado de Coahuila, en 1993 (primera edición) y en 1994 (segunda edición). Además, la investigación llamada ‘ESTUDIO EXPLORATORIO Y PROSPECTIVA DEL PROGRAMA MECED EN EL ESTADO DE COAHUILA’, realizada en una colaboración conjunta de la UPN con el DIF Estatal y la Secretaría de Educación Publica de Coahuila y la investigación “ESTUDIO DE LAS CONDICIONES DETERMINANTES DE LA REPROBACIÓN EN LA UNIVERSIDAD TECNOLÓGICA DE COAHUILA”, de reciente publicación.

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13 Marzo 2017 03:00:00
Las sobrevivientes de la humanidad
“Soy la nieta de las brujas que no pudiste quemar”… las hijas, las nietas de las sobrevivientes, de las que tuvieron que esconderse cuando soñaban, de las que sabían los poderes curativos de las cosas y se vieron obligadas a callarse, porque si abrían su conocimiento al mundo iban a ser señaladas, culpadas, masacradas porque seguramente su saber venía del mal, del que no se puede nombrar, del demonio. Muchas mujeres cayeron bajo la masculina cruz de la Santa Inquisición, porque no se podía aceptar que las mujeres no fueran las siervas del hombre, porque finalmente Dios así las había señalado en su libro, en donde el Génesis dice que Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y alentó en su nariz soplo de vida, pero después, al verlo solo y aburrido, lo durmió y tomó una de sus costillas de donde hizo una mujer, y se la dio al hombre. La mujer es, claramente, del hombre y para el hombre. Así que cuando desarrolla saberes que el hombre no tiene, naturales o de cualquier otra especie, se vuelve peligrosa, una enemiga a la que hay que acallar y, si no toma el lugar que le corresponde, destruir.

Todas aquellas mujeres que han tenido el don de la cura, de la fuerza de la intuición y del poder de la razón se convirtieron en peligrosas para el entorno masculino que disfrutó por siglos del control de la fuerza, las armas y de tecnologías que hizo para sí, aislándolas del conocimiento femenino. Hace ya mucho tiempo, dos hombres santos (mas que los actuales recién condecorados) Heinrich Kramer y Jacob Sprenger, dominicos, escribieron un libro que se volvió histórico: el Malleus Maleficarum o Martillo de las Brujas, que se publicó durante siglos con el nihil obstat que en su momento se le negó a los libros de Galileo y, por supuesto a los de Giordano Bruno, científico condenado y muerto por el Santo Oficio. En este libro se asociaba a la brujería con el diablo y establecía una conexión directa entre la brujería y las mujeres, así que de ahí a castigarlas a todas por cualquier cosa hubo sólo un paso.

Para hacer más efectiva la acción, en 1521 el papa León X publicó una bula en la que se condenaba a las brujas a muerte, lo que ocasionó una oleada de leyes nacionales que seguían el mismo principio. Cientos de miles de mujeres, a lo largo de los siglos, fueron perseguidas y muchas de ellas masacradas mediante terribles torturas y posterior quema a las que sobrevivían. Un ejemplo es reconfortante: según el rey Jacobo I de Inglaterra, la acusada de brujería “aborrece confesar sin tortura”. Otro: cuando a la mujer entregada al demonio se le sumergía en un pozo de agua, si flotaba, es que era salvada por Satán, pero si se ahogaba, es que era inocente de brujería. Y más: la mayor parte de las mujeres que sufrieron persecución y martirio eran pobres, independientes y autónomas. Solitarias, como un insulto a la idea de la innata dependencia de la mujer al hombre, porque el hombre va de la mano de Dios y la mujer de la mano del hombre.

El juicio más conocido fue el de Salem, Massachusetts, entre 1692 y 1693, en donde las condenas de las 19 personas que fueron ejecutadas se basaron en el testimonio de dos niñas. En toda Europa y los dominios españoles el Tribunal de la Santa Inquisición siguió los juicios contra las brujas (brujos también, pero pocos. Los judíos eran las víctimas ideales para quitarles su riqueza), las torturó y las aniquiló. Muy pocas llegaban a la hoguera purificadora, porque morían antes de terminar el proceso y recibir la sentencia, necesariamente condenatoria. Ser mujer, desde muy lejana época, es estado peligroso. Por eso se fueron desarrollando los roles de género, como protección necesaria contra la ira divina y sus ejecutores. Las brujas arquetípicas eran, pues, mujeres fuertes, analíticas, inquietas, observadoras y con deseos de transformación de su mundo, es decir, mujeres peligrosas para el dominio del hombre. Por eso, las mujeres a quienes más disfrutan someter los violadores son mujeres que se defienden, que sobresalen. Esas mujeres son las hijas, las nietas de las brujas que no pudieron quemar quienes querían el reino de Adán en la tierra, quienes temen a Lilith, la primera mujer que abandonó el Edén por propia iniciativa y encabeza los demonios del placer femenino, censurados por el Jehová mítico. Esas son las mujeres del futuro. A ellas saludamos.
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