×
Federico Muller
Federico Muller
ver +

" Comentar Imprimir
29 Marzo 2019 03:37:00
Las tandas como subsidio social
Es interesante revisar la política social que está llevando la Administración federal, al menos desde el punto de vista económico. En todas las políticas sociales se parte de la premisa de que el individuo inscrito en el padrón es quien debe recibir directamente el subsidio gubernamental, con lo que se pretende eliminar el uso de intermediarios que pudieran desviar parte de los recursos monetarios. En algunos de ellos, el único agente que aparece entre el Banco del Bienestar (institución del Gobierno) y el beneficiario es una institución bancaria privada que, a través de una tarjeta o plástico, distribuye los recursos.

Así, desde hace algunas semanas inició el programa para adultos mayores de 68 años, quienes reciben alrededor de 2 mil 600 pesos por bimestre, cantidad que puede paliar las necesidades más elementales de los jubilados o pensionados, quienes reciben cantidades precarias para su sobrevivencia. Enhorabuena para aquellos individuos que requerían de un complemento pensionario; en estos casos sí se cumplen los objetivos sociales del Gobierno en favor de las clases más vulnerables económicamente, aunque quizá convenga revisar periódicamente los censos de los beneficiarios para dar certeza de su veracidad y así evitar los errores y dispendios de otras administraciones con proyectos sociales semejantes.

Hay otro tipo de transferencias sociales que es difícil que cumplan con el objetivo para el que fueron diseñadas. Entre ellas están las tandas que pretenden apoyar a pequeños negocios de casi cualquier tipo, desde un taller de costura hasta un despacho de contadores; la gama es tan amplia que ha multiplicado el número de solicitudes para recibir el subsidio. Según datos oficiales, han llegado 4 millones de personas interesadas en recibir las tandas, rebasando por mucho lo que se tenía contemplado para este año: 500 mil candidatos.

Desde luego que no todos serán elegibles, habrá que conocer las características y condiciones de cada prospecto para otorgarle el beneficio, pero el recibir 500 pesos mensuales durante un año tiene varias lecturas, que si se examinan desde la óptica productiva, revelan que es muy difícil que el programa deje de ser eminentemente asistencialista para convertirse en un incentivo para fomentar los negocios.

La primera observación vendría de los montos que maneja tal programa, que son insuficientes: 6 mil pesos anuales, cantidad que ni siquiera compite con las tandas que se realizan de manera informal entre familiares y amigos. Los costos de los materiales, equipos de trabajo y mantenimiento de los pequeños negocios superan esa raquítica financiación gubernamental. Lo más probable es que el subsidio se utilice en consumo, ajeno a los gastos de la microempresa. Desde el punto de vista fiscal, el interesado puede acceder al programa aunque no esté registrado en la Secretaría de Hacienda, puede mantenerse en la economía informal.

Aunque es prematuro hacer una evaluación de los resultados de las tandas, sí debe pensarse en un futuro cercano en su reconfiguración, particularmente en ampliar su financiación y realizar una selección más rigurosa de los candidatos. Además, debe existir una mayor coordinación entre la Secretaría de Economía, la SHCP y el Banco del Bienestar para el tratamiento de la afiliación al fisco de los negocios provenientes de esa peculiar manera de repartir recursos.

Parece ser que la idea de un “banco de los pobres” se está copiando de un modelo de un país oriental que ha tenido éxito; sin embargo, llama la atención cómo se financia el Banco del Bienestar: al parecer no depende totalmente de los recursos que le provee el Gobierno, sino que puede solicitar créditos a instituciones privadas, pero si se limita solo a otorgar “préstamos” a fondo perdido, pronto será solo un apéndice más de la Secretaría de Hacienda, que financieramente no justifique su existencia, en el marco de la austeridad franciscana.
Imprimir
COMENTARIOS



5 6 7 8 9 0 1 2