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Gerardo Hernández
Gerardo Hernández
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10 Mayo 2017 03:00:00
Lastre presidencial
La corrupción e impunidad de gobernadores y funcionarios federales, los gasolinazos y otras decisiones impopulares precedidas de discursos triunfalistas sobre empleo y abaratamiento del gas y la electricidad –promesa de las reformas–, han tenido el efecto positivo de indignar a los ciudadanos y movilizarlos a las urnas para manifestar su enojo y forzar el cambio. El año pasado, el voto contra gobernadores rapaces e incompetentes como Javier Duarte, Jorge Herrera, Egidio Torre y Roberto Borge, terminó con 87 años de gobiernos priistas en Veracruz, Tamaulipas, Durango y Quintana Roo.

También hubo alternancia (del PRI al PAN) en Aguascalientes y Chihuahua. Acción Nacional fue castigado en Sinaloa y Oaxaca, donde seis años antes se había hecho con la Gubernatura en coalición con el PRD, Convergencia y el PT. El PRI ganó ambos estados y además conservó Hidalgo, Zacatecas y Tlaxcala, de menor peso electoral. El PAN retuvo Puebla, cuyo exgobernador Rafael Moreno aspira a la Presidencia. Moreno mantiene una alianza estratégica con Guillermo Anaya, candidato del PAN al Gobierno de Coahuila.

El voto de castigo no distingue colores. Es contra el partido en el poder, según su desempeño en los ámbitos local y federal. En este sentido, el presidente Peña Nieto es un lastre para el PRI. Sin liderazgo político y moral, y presionado por Estados Unidos por su pasividad o abierta complicidad con gobernadores corruptos (Javier Duarte, encarcelado en Guatemala; Roberto Borge y Jorge Herrera, investigados por la PGR y las procuradurías estatales; Tomás Yarrington, de Tamaulipas, detenido en Italia; y Humberto Moreira, de Coahuila, en la mira del Gobierno norteamericano), se ha visto forzado a retirar su apoyo al sindicato de sátrapas locales, al cual debe su ingreso a Los Pinos.

¿Cómo puede el PRI conservar Coahuila, Estado de México (donde en 88 años no ha habido alternancia) y Nayarit el 4 de junio, si las condiciones locales y nacionales (endeudamiento, inseguridad, corrupción e impunidad), con respecto al año pasado, en vez de mejorar se han agravado? Después de un inicio prometedor debido al Pacto por México que permitió desarrollar un ambicioso proyecto de reformas, las cuales pronto devinieron en frustración ciudadana, y de promoverse en la prensa extranjera como “el salvador de México”, el Presidente fue sepultado por un alud de escándalos y sucesos frente a los cuales no supo reaccionar ni ha tenido respuesta:

1. La Casa Blanca de 7 millones de dólares adquirida por su esposa Angélica Rivera a Grupo Higa, contratista del Gobierno federal; el despido de la periodista Carmen Aristegui y de su equipo, en represalia por la investigación; y el nombramiento de un fiscal (Virgilio Andrade) cuya consigna era exonerar al Presidente.

2. La desaparición de 43 estudiantes de la Normal de Ayotzinapa y las masacres en Tlatlaya, Apatzingán y Ecuandureo, entre otras.

3. La fuga del narcotraficante Joaquín “El Chapo” Guzmán, recapturado y desde enero pasado preso en Estados Unidos; y

4. La corrupción desbocada en todos los órdenes de gobierno, y un sistema político y judicial cómplice y venal.

Peña quiere ganar el Estado de México –Coahuila y Nayarit son accesorios– con su primo Alfredo del Mazo para tener un lugar donde refugiarse. En términos del Presidente, ese chile tampoco embonará. Lo sabe él, lo sabe Enrique Ochoa, líder del PRI, y lo sabe César Camacho, quien ayer estuvo en Torreón para deslindar a Miguel Riquelme de los pecados del clan y ofrecer presupuesto a cambio de votos.
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