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Gerardo Hernández
Gerardo Hernández
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16 Enero 2017 03:10:00
Lecciones en saco roto
La sucesión en Coahuila tomó la deriva del encono. En el peor momento del país, un presidente débil y su mozo en el PRI tratarán de retener a toda costa Coahuila, México y Nayarit. Las elecciones del 4 de junio serán la antesala de las presidenciales de 2018. Las encuestas anticipan la tercera alternancia en Los Pinos, con Andrés Manuel López Obrador (Morena) o Margarita Zavala (PAN). El PRI, cuyo aspirante más visible es el secretario de Gobernación, Miguel Osorio, responsable de las crisis de inseguridad y de derechos humanos, caerá al tercer lugar, según las proyecciones, como ocurrió en 2006. Ninguno de los independientes adquiere todavía relieve en la intención de voto.

El año pasado resultó catastrófico para el PRI y el gobierno de Peña Nieto. En Aguascalientes, Chihuahua, Durango, Quintana Roo, Tamaulipas y Veracruz, la ciudadanía castigó la rapacidad, soberbia y mentiras de sus autoridades. El PAN captó el voto de castigo, clave para la primera alternancia en los cuatro últimos estados. Acción Nacional conservó Puebla. El PRI recuperó Oaxaca y Sinaloa y retuvo Hidalgo, Tlaxcala y Zacatecas.

Para evitar nuevos tropiezos, el PRI-Gobierno ha echado mano de todos los recursos a su alcance (presupuestarios, políticos, cibernéticos, territoriales…) y entregado la operación electoral a los gobernadores, aunque ello signifique continuismo y sea causa de fracturas. En Coahuila, Javier Guerrero renunció a 34 años de militancia y participará como candidato independiente. Onésimo Flores, exlíder de las juventudes priistas y exconsejero nacional, también abandonó el partido. La situación patentiza la debilidad de Peña, la ignorancia de Enrique Ochoa y su dependencia de los mandatarios locales.

Manlio Fabio Beltrones, exlíder del PRI, trató de suprimir los cacicazgos y regresar el control de las decisiones políticas al Comité Ejecutivo Nacional. No pudo, debido a la intromisión de algunos miembros del gabinete con aspiraciones presidenciales. En otros casos, los gobernadores boicotearon a su propio partido y propiciaron la derrota de los candidatos de unidad. Incluso quienes lograron imponer a sus delfines –como Jorge Herrera lo hizo con Esteban Villegas– perdieron las elecciones por subestimar el enojo ciudadano contra los gobiernos corruptos, ineficientes y opacos. En Durango, la primera alternancia la preside el expriista José Rosas Aispuro, postulado por el PAN y el PRD.

En Quintana Roo, la crisis provocada por el Gobernador también devino en derrota. Para imponer a José Luis Toledo, su delfín desde el principio del sexenio, Roberto Borge bloqueó a Carlos Joaquín. Sin embargo, el PRI se decantó por Mauricio Góngora, alcalde de Solidaridad. Joaquín renunció al Partido Revolucionario y fue nominado por el PAN y el PRD. Hoy es gobernador. Borge enfrenta cargos por delitos de corrupción. En “castigo”, el PRI le suspendió sus derechos de militante. Impunidad, como en el caso de Humberto Moreira y otros de la lista de Forbes.

El 14 de diciembre, el Consejo Político Nacional del PRI anunció que los candidatos a los gobiernos de Coahuila, México y Nayarit se nombrarían por consulta abierta. El método favorece a los delfines de los gobernadores, quienes controlan el presupuesto, las estructuras del partido y el aparato burocrático. En periódicos de circulación nacional la noticia no fue esa, sino la renuncia del diputado Javier Guerrero al PRI y su decisión de participar como independiente en las elecciones del 4 de junio. ¿Entenderán Peña y Ochoa que “Quod natura non dat, Salamantica non præstat”?
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