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Rodolfo Naró
Rodolfo Naró
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Rodolfo Naró, nació en Tequila, Jalisco, el 22 de abril de 1967. Es autor de varios libros de poesía, casi todos reunidos en la antología Lo que dejó tu adiós (2016), así como de las novelas El orden infinito (2007), finalista del Premio Planeta Argentina 2006, Cállate niña (2011) y Un corazón para Eva (2017). Twitter: @RNaro

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09 Junio 2017 04:00:00
Leonardo Dicaprio
“Nice to meet you”, me dijo Leonardo DiCaprio, clavándome sus ojos azules al final de mi mirada, con un gesto de, yo a este lo conozco. Era mi tercer día en Nueva York, había alcanzado a Beto Gómez, quien estaba presentando su película El Sueño del Caimán en el Latin Beat: Festival de Cine, en el Lincoln Center.

Los primeros días, Beto y yo anduvimos por las calles de Manhattan. Recorrimos sus parques y plazas. Parábamos a comer donde nos asaltaba el hambre o cuando el lugar nos seducía: comida tailandesa, paquistaní o italiana. Era septiembre con el mejor clima para recorrer la ciudad.

Ese día salimos temprano del hotel, ubicado en el mismo Lincoln Center y caminamos hacia el sur más de 80 cuadras, quería ver la estatua de la libertad desde Battery Park. Bajamos por Broadway Av. para luego desviarnos por la Quinta Avenida, Madison, hasta perdernos por horizontes con galerías, boutiques, librerías y callejones semi iluminados como set de cine de gangsters.

Antes del atardecer pasamos por la Zona Cero, que dos años después seguía siendo un hoyo profundo y abandonado. A pocas cuadras de ahí nos encontramos con el toro bravo de Wall Street. Atardecía. Nos sentamos en una banca y pude distinguir a lo lejos la Isla Ellis. Pero no fue eso lo que llamó mi atención, sino ver pasar en bicicleta, enfundados en pants grises, a Leonardo DiCaprio y Gisele Bündchen, como un sueño de libertad.

Le dije a Beto que no sabía quién era Gisele cuando me preguntó si me había fijado en ella. Pasaron tan lentamente cerca de nosotros que reparé en todo: su nariz prominente, su rubio cabello cogido en una improvisada coleta, sus largas piernas como un cuadro más de la bicicleta. Su sombra proyectada en el piso me pareció perfecta. Desde esa tarde no he dejado de admirarla.

De Leonardo DiCaprio había visto todas sus películas y hasta ese momento no era mi actor favorito. Titanic había pasado ante mis ojos como una película cursi y taquillera, nada comparada con sus siguientes trabajos: Atrápame si Puedes, de Steven Spielberg, Gangsters de Nueva York y Los Infiltrados, ambas de Scorsese, o Revolutionary Road de Sam Mendes, película basada en la novela homónima de Richard Yates. Después vendría su gran éxito, El Renacido, de Alejandro González Iñárritu, película con la que por fin ganó un Oscar como mejor actor.

Hace unos días Leonardo estuvo en México con el presidente Enrique Peña Nieto y Carlos Slim. Los tres firmaron un acuerdo para proteger a la vaquita marina. El cetáceo más pequeño del mundo se extingue en las costas de Baja California.

La imagen del presidente saludando de mano a DiCaprio me recordó aquella imagen de Leonardo, al día siguiente que lo vi pasear en bicicleta. Nos lo presentaron a Beto Gómez y a mí en un coctel del Festival. Fue un simple “Nice to meet you”, pero suficiente para el flechazo. Antes del siguiente brindis de la noche Beto me volvió a preguntar, “¿te fijaste en Gisele?”, que iba esplendida en un vestido rojo Valentino. “¿Gisele? No”, respondí, “hoy no tuve ojos más que para Leonardo”.
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