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Rodolfo Naró
Rodolfo Naró
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Rodolfo Naró, nació en Tequila, Jalisco, el 22 de abril de 1967. Es autor de varios libros de poesía, casi todos reunidos en la antología Lo que dejó tu adiós (2016), así como de las novelas El orden infinito (2007), finalista del Premio Planeta Argentina 2006, Cállate niña (2011) y Un corazón para Eva (2017). Twitter: @RNaro

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20 Julio 2018 03:00:00
Leonora
“México es un lugar totalmente extraño, otro planeta”, le dijo Leonora Carrington a Renato Leduc cuando llegó a vivir a nuestro país. Llegó como su esposa en 1942, ambos huían de la ocupación nazi que estaba devorando a Europa. Tenían un año de casados. Leduc, años antes, había conocido a Leonora en casa de Picasso y en ese reencuentro el poeta aprovechó para librarla de la estricta vigilancia de su padre, Carrington acababa de salir de un hospital psiqiuiátrico y estaba desesperada por dejar todo atrás.

Hija de un rico algodonero inglés, a pesar de que Leonora crece rodeada de mimos y cuidados, desde temprana edad se mostró rebelde y en contra de las normas establecidas de la época. A los 20 años huyó con Max Ernest, artista alemán surrealista, 26 años mayor que ella, con quien aprendió todo de la vida y del arte, según decía Carrington. Con él vive los peores momentos de la guerra hasta que las circuntancias los separan y ella enloquece de amor al punto de tener que ser ingresada a un psiquiátrico.

Esa fuerza al soñar y al amar que Leonora tenía la representa muy bien en su pintura, de la escuela surrealista de Max Ernest, Remedios Varo y Gunther Gerzso, desde el pasado 21 de abril y hasta el 23 de septiembre el Museo de Arte Moderno (MAM) de la Ciudad de México presenta Cuentos Mágicos, la mayor exposición de la artista inglesa, 237 obras, divididas en ocho grupos temáticos: pinturas, máscaras, tapetes, libros y objetos personales como diarios y cartas.

En ellas refleja su pasión por México y su gente, su gran amor por Renato Leduc a quien le dice que sin él es “un objeto enfermizo y lleno de veneno, como el coño de una monja”. A pesar de que vivían juntos, tenían la costumbre de escribirse cartas, a veces a mano, otras a máquina. “Renato, ¿por qué es tan raro que dos personas que viven juntas se escriban cartas? Al escribir, uno se vuelve más libre”, le dice.

Con esa libertad que tenía para amar, Leonora pinta, contrario a lo que todo mundo cree, no pintaba lo que soñaba, sino lo que veía a su alrededor. En aquella temporada que pasó en el psiquiatrico de Santader tuvo ataques epilépticos producidos por un medicamento, quizá estos fueron la puerta que se abrió a sus mundos oníricos. Quizá llegó a habitar una mejor realidad. Carrington decía que si te quedabas viendo un punto fijo en el vacio, al cabo de un rato podrías ver eso que hay a nuestro alrededor que nunca notamos.

Con las obras que presenta el MAM, reunidas de colecciones privadas, del Metropólitan de Nueva York y del Tate Modern de Londres, México cierra la celebración de su natalicio, 100 años de Leonora, quien decidió quedarse entre nosotros para siempre, pintar y amar en nuestro país. En 1946 se divorció de Leduc y se casó con quien sería el padre de sus hijos, el fotógrafo hungaro Imre Weisz.

Leonora Carrington murio en 2011 y ha sido su última voluntad donar su casa en la colonia Roma, para hacer un museo que albergue su legado, porque a Renato Leduc le decía, como también le pudo haber escrito a su país de acogida, México, “Quiero poner las joyas de mi personalidad en ti”.


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