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Blanca Esthela Treviño de Jáuregui
Blanca Esthela Treviño de Jáuregui
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Blanca Esthela Treviño de Jáuregui, esposa, madre y abuela, proyecta a la mujer como formadora de valores, forjadora del carácter de los hijos y eje de la vida familiar. Su principal aportación como escritora es salvaguardar el bien común en todos los sentidos posibles a través del planteamiento de lo que es realmente femenino: el mejorar a la sociedad desde una perspectiva práctica, inteligente y comprometida con la tarea de revolucionar al mundo desde el interior de la institución familiar. Oriunda de Piedras Negras, siempre ha vivido en ésta ciudad. Correo Electrónico: [email protected]

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06 Agosto 2017 04:00:00
¿Libre o invasor?
La palabra libertad aparece en miles de pancartas en las manifestaciones políticas. Se enarbola como la causa por la que se combate. Todo mundo quiere liberarse. Los jóvenes exigen libertad a sus padres, demandan libertad política, libertad de información, libertad de expresión. Pero, ¿se la han ganado?

Nunca como ahora las juventudes del mundo entero han caído en el desenfreno. Se liberan de la tutela de los padres para ingresar a la familia de pandillas. Se liberan de la escuela para rondar las calles bajo el delirio de las drogas. Se liberan de la responsabilidad del matrimonio para caer en el vacío de la promiscuidad. Se liberan del yugo del trabajo para sobrevivir a base de atracos armados, chantajes, secuestros. Eso deja más que una profesión, dicen. Se liberan del orden establecido porque ¡quieren ser libres!

La libertad no es sinónimo de libertinaje. No es capricho, ni hacer “lo que nos da la real gana”. Una veleta no es libre por el hecho de que pueda girar. Al contrario, es esclava de todos los vientos. Así pues, ¿qué es la libertad?

Los filósofos la han definido de diferentes maneras. Platón decía que la libertad es ser dueño de la propia vida. Stuart Mill indicaba que la única libertad que merece este nombre es la de buscar nuestro bien por nuestro propio camino. Ortega aseguraba que quien en nombre de la libertad renuncia a ser el que tiene que ser, ya se ha matado en vida: Es un suicida en pie. Goethe afirmaba que la libertad, como la vida, solo la merece quien sabe conquistarla todos los días. Sí, conquistarla a diario.

En estos momentos muchos países del mundo luchan por la libertad. Mientras logran el triunfo, masacran ancianos, mujeres y niños. Durante la lucha los seres humanos se convierten en la más salvaje de las bestias al someter a sus presas a violaciones tumultuarias. En nombre de la libertad atormentan, roban, incendian, destruyen.

Tras todo cambio político se pregona: “Ya somos libres”. No es verdad. La libertad ni se encuentra ni se otorga. La libertad se conquista a plazos. Nunca entera. Además tiene una terrible facilidad para retroceder. Las cadenas que esclavizan a la persona dentro de sí misma y de fuera surgen como la mala hierba en la tierra. Tan pronto se deja de cultivar la libertad, crecen las cadenas de nuevo, y retoñan como los abrojos.

Dicen que el ser humano prefiere pan en la esclavitud al tremendo esfuerzo de ser libre. “Da libertad al hombre débil y él mismo se atará y te la devolverá. Para el corazón débil la libertad no tiene sentido”. No son muchos los que “soportan” la libertad y el riesgo que lleva consigo. La libertad es cara y dolorosa. Ser libre de verdad es ser responsablemente libre. Esa es la razón por la que se elige una cómoda esclavitud frente a una costosa libertad. Las personas muchas veces prefieren recibir órdenes, a que se les enfrente con la propia responsabilidad de tomar decisiones. Y padecer las consecuencias. Maquiavelo aseguraba: “Tan difícil y peligroso es querer dar la libertad al pueblo que desea vivir en la esclavitud como esclavizar a quien quiere ser libre.”

El pueblo mexicano ha decidido ser libre. Los mexicanos hemos elegido la democracia como proyecto de nación. Esa es la meta. Toda libertad empieza por someterse a una ley: La de seguir el camino que hemos libremente elegido.

Pero la libertad no viaja sola: Va detrás de la razón, y camina abrazada de las dos erres: Respeto y responsabilidad. Mi libertad limita con la libertad de los que me rodean. Soy libre de buscar mi propio bien y mi propio camino en tanto no prive a los demás del suyo. De otra manera no sería libre, sino invasor. El proyecto de gobierno democrático se tornaría en la más terrible de las anarquías.

La certeza de que nada, si no lo queremos, puede esclavizarnos, es ya el inicio de la libertad. La persona se hace libre para que sus manos sin cadenas y su mente sin ataduras le permita realizar su proyecto de nación.

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