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Tomás Mojarro
Tomás Mojarro
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29 Julio 2018 04:00:00
Libresca
Un rasgo común entre un joven europeo que ataca con bombas incendiarias y el muchacho que asalta y viola en un microbús: ambos son incapaces de ponerse en el lugar de los demás. Sin la oportunidad de leer, su imaginación y su sensibilidad quedaron muertas (J. E. Pacheco, escritor.)

Y ustedes, mis valedores: ¿cuántos libros llevan leídos en lo que va del año? ¿Cuántas horas han dedicado a la lectura (no al mamotreto de “superación personal”, de “desarrollo humano”. Los de esos consejos tendrán el castigo de los amigos de Job)? ¿Cuántas horas leyeron el libro que alimenta el espíritu, lo robustece y enfila rumbo a la inalcanzable entelequia, que dijo el clásico? Y a ver la televisión, ¿cuántas horas han invertido? ¿A cuál de los dos ejercicios (leer, ver la de plasma) favorece el balance?

Entonces, ante el resultado que yo sospecho, rindámonos a la evidencia: cada uno de nosotros es lo que su espíritu es, y su espíritu es lo que le damos por alimento, y se impone la conclusión: por cuanto leemos y asimilamos de lo leído somos idealistas, pero no pasamos de mediocres por la acción de ese opio que el sistema de poder, por mantenernos dóciles, mansos y domesticados, nos inocula desde la pantalla de plasma. Sin vuelta de hoja. Sin cambio de canal, más propiamente. Sin más.

Y luego por qué somos lo que somos; por qué somos como somos; por qué estamos como estamos; por qué nos damos (nos dábamos) semejante gobierno, por qué permitimos (permitíamos) que nos lo impongan; por qué lo aceptamos y lo soportamos; por qué, debatiéndonos en tan mortificante crisis global, recurrente, nos mostramos negados para el ejercicio de pensar, que entonces pudiésemos ejercer la autocrítica y crear estrategias y tácticas que nos llevasen a darnos un gobierno aliado al que obedecer como sus mandantes. ¿No está ahí la explicación del por qué nos hemos atornillado sólo en el reniego, la pura exigencia y la pura megamarchita, que de puras no tienen nada? Este nuestro país, que así exhibe tan siniestro balance entre el ejercicio de la lectura y el de las horas que permanecemos aplastados a dos nalgas frente a la pantalla de plasma, en una posición que en la lectura reproduce la de El Pensador de Rodin y frente a la TV remeda la postura del lugar excusado. Y a diluirnos los problemas del diario vivir.

A propósito; ¿alguno de ustedes ha leído a Kafka, o lo citamos como al Quijote o La Biblia, no por conocimiento de la obra sino tan sólo por imitación? Que esta situación es kafkiana, y que si Kafka escribiese la crónica mexicana su literatura sería costumbrista, y tonteras de ese calibre. Los mediocres son temerarios y no les arredra ponerse en evidencia como ignorantes que “piensan” con cabeza ajena porque sólo repiten opiniones y conceptos que escuchan en los diversos medios de acondicionamiento social. Uno de los tales (mediocre, ignorante y ayuno del más elemental sentido de recato y autocrítica) es ese personaje de triste memoria como presidente que fue del país y que hoy, tragicómica figura del esperpento y la picaresca política, se nos ha convertido en el rey de burlas que sigue causando lástima y vergüenza ajena. Sí, un Vicente Fox que a todo lo largo de su sexenio se permitió la desmesura de llenarse la boca con citas de libros que evidenciaba no haber leído.

–¿Presidentes de México? A todos me los llevo de calle, incluido Juárez.

Y siguió tan campante. (Uf).
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